La gran mayoría festeja y acompaña los gritos de “¡Viva México!” en este septiembre de 2026. “México lindo y querido”, dice la canción del compositor michoacano. “México lindo y herido”, dicen las madres buscadoras de hijos y seres queridos desaparecidos, las miles de familias desplazadas por la violencia en muchos estados de la república, así como muchas miles más de familiares de personas fallecidas por la violencia criminal que azota amplias regiones de México.
Conmemoramos este nuevo aniversario del inicio de la gesta independentista de 1810 en un escenario de creciente incertidumbre, con más del 70% de la población que se siente insegura en sus ciudades y poblaciones, un país con su sistema de salud pública que va de mal en peor, más una vergonzosa degradación en la calidad de la educación pública, un campo abandonado y una corrupción oficial galopante.
Además, ya en el inicio formal del proceso electoral para los comicios de junio de 2027, presenciamos cómo los órganos electorales (INE y Tribunal Electoral) están descaradamente cooptados por el gobierno federal, por lo que están tomando decisiones con los dados cargados en favor de Morena, poniendo así bajo enorme riesgo la realización de elecciones realmente democráticas el próximo año, como incluso lo han denunciado algunos consejeros electorales del INE.
Agreguemos a lo anterior la captura presidencial del poder judicial, el control delictivo de casi la mitad del territorio nacional, protegido por narcogobiernos, y el panorama se torna cada vez más preocupante para el futuro inmediato de la democracia mexicana.
Conmemorar un nuevo aniversario del inicio de nuestra independencia no es sinónimo de festejo, ni un falso grito patriotero como el de Claudia Sheinbaum para proteger a Rocha Moya y a los narcopolíticos de Morena. ¡No!, sino el llamado a tomar conciencia del tamaño de los retos que tiene esta gran nación de la que orgullosamente formamos parte.
Nuestra soberanía nacional está secuestrada por los narcopolíticos obradoristas y por la delincuencia organizada que ellos protegen. Nuestra soberanía nacional no radica –como debería de ser- en el pueblo, como lo establece el artículo 39 de nuestra Constitución Política. El obradorismo, traidor a la patria, usurpó nuestra soberanía nacional al destruir principios básicos de nuestra carta magna. Y lo quieren seguir afianzando para contar con mayorías espurias como las obtenidas en el 2024 con la aprobación del INE y el TEPJF.
Esto se puede evitar si se construye un gran frente social y político que enarbole un programa básico en defensa de los principios de la república democrática, así como con una amplia red de observación electoral ciudadana que pueda cubrir todas las casillas y exhiba las copias de las actas al cierre de la jornada electoral. Afortunadamente este tipo de procesos ya están en marcha.
No perdamos de vista que el proceso de degradación de Morena y del bloque gobernante continúa con celeridad cada día, resultado de sus propias contradicciones internas, aguijoneadas por las amenazas de juicios penales en los Estados Unidos en contra de varios de ellos. A pesar de esa preocupante realidad, no nos pongamos tristes sino alertas. Pronto llegará el día del juicio de estos usurpadores ante la historia y ante la verdadera soberanía nacional, que es el pueblo.
Y tengamos muy presente lo que dice el artículo 136 de nuestra Constitución (por cierto, referido en múltiples ocasiones por el Doctor en Derecho Luis Molina Piñeiro): “Esta Constitución no perderá su fuerza y vigor, aun cuando por alguna rebelión se interrumpa su observancia. En caso de que por cualquier trastorno público se establezca un gobierno contrario a los principios que ella sanciona, tan luego como el pueblo recobre su libertad, se restablecerá su observancia, y con arreglo a ella, y las leyes que en su virtud se hubiesen expedido, serán juzgados, así como los que hubieren figurado en el gobierno emanado de esa rebelión, como los que hubieren cooperado a esta”. En defensa de México estos preceptos pueden ser aplicables.
