Al gobierno no le interesas; solo le importa mantener el poder

¿Qué le interesa al oficialismo? Desgraciadamente, no le interesa generar más oportunidades de empleo, mucho menos controlar la inflación, ya no se diga combatir el crimen organizado del cual forma parte buena parte de sus funcionarios. Tampoco le interesan las carencias de salud, la protección a los derechos humanos, la democracia ni la división de poderes.

Lo que realmente interesa al oficialismo es cómo mantener el poder. Sólo de esa manera se explican las principales reformas que se han promovido desde la presidencia de la República: a) la nulidad de elecciones por injerencia extranjera; b) la prórroga en el cargo a los magistrados de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, y c) la creación de una comisión en el Instituto Nacional Electoral para vigilar si hay “candidaturas riesgosas”.

Asimismo, figuran los intentos fallidos de la reforma electoral que pretendía desmantelar el sistema electoral y anular la posibilidad de que la oposición recobre fuerza en el Congreso.

Como vemos, aun cuando el oficialismo tiene el control del Estado, ha sido incapaz de atender los verdaderos problemas nacionales; en su lugar, se ha dedicado a encontrar formas que le permitan perpetuarse en el poder, incluso si ya no cuenta con el apoyo ciudadano.

Doble nacionalidad: una nueva reforma electoral sin controlar el poder

A lo anterior se suma una nueva y flamante reforma constitucional para garantizar la soberanía del país (entiéndase la ironía): evitar que los mexicanos con doble nacionalidad puedan ocupar la presidencia de la República y las gubernaturas, no vayan a querer vender la patria.

¿Cómo justifica la supuesta necesidad de la reforma? La exposición de motivos señala que: “La concentración de la función ejecutiva en una sola persona refleja la magnitud de las atribuciones y responsabilidades que corresponden a quien encabeza el gobierno nacional… Resulta razonable que la Constitución establezca

condiciones reforzadas que aseguren que su ejercicio se encuentre vinculado de manera exclusiva con el Estado mexicano”.

El ingenio del oficialismo sólo le permite concluir que, si la presidencia de la República y las gubernaturas concentran un gran poder, la solución es impedir que los mexicanos con doble nacionalidad puedan acceder al cargo. El ingenio del oficialismo no le permite ver que la concentración del poder solo se soluciona limitando el poder.

A México le urge salir del presidencialismo, limitar sus facultades constitucionales y controlar sus atribuciones metaconstitucionales. Restringir el derecho de les mexicanos con doble nacionalidad a ser votados no soluciona el problema de los excesos de poder de quien ocupa la presidencia o las gubernaturas.

III. La doble nacionalidad frente a la doble moral del oficialismo 

Datos oficiales del Consejo Nacional de Población identifican a 21 millones de mexicanos con doble nacionalidad. Cerca de 4 millones de mexicanos por nacimiento tienen nacionalidad estadounidense por naturalización y viven en Estados Unidos. Por otra parte, cerca de 14 millones de hijos de padres mexicanos nacieron en Estados Unidos y viven allá.

Esos 21 millones de mexicanos con doble nacionalidad tienen los mismos derechos que los mexicanos con una sola nacionalidad. No hay mexicanos de primera ni de segunda, mucho menos cuando se trata del ejercicio de los derechos político-electorales; por ello, pueden emitir válidamente su voto para decidir quién o quiénes deben ocupar un cargo de elección popular.

En los últimos años, una de las conquistas en el ejercicio de los derechos político-electorales de los binacionales ha sido poder votar desde el extranjero. Es decir, los 21 millones de mexicanos con doble nacionalidad y que viven en el extranjero pueden votar desde su país de origen por la persona que ocupará la presidencia de la República y por las gubernaturas.

¿Por qué sobre esos 21 millones de mexicanos con doble nacionalidad no existe la necesidad de que el ejercicio de su derecho de votar se encuentre vinculado de manera exclusiva con el Estado mexicano? ¿Qué interesa más a los mexicanos con doble nacionalidad que pueden votar: los intereses del Estado mexicano o los intereses del otro país con el que tienen nacionalidad?

Aquí radica la doble moral del oficialismo. Al gobierno no le importa garantizar que los binacionales puedan ejercer esos cargos, sino impedir que ciertas personas que consideran sus “adversarios” y han manifestado su interés en ocuparlos puedan realmente llegar. En pocas palabras, buscan impedir que políticos incómodos los ocupen.

Por ejemplo, está el caso del empresario Ricardo Salinas Pliego quien abiertamente señaló tener doble nacionalidad. Él se ha destacado por ser una persona con poder político y empresarial con miras a ser candidato a la presidencia de la República. Y está el caso de Francisco Cabeza de Vaca, exgobernador de Tamaulipas, quien también ha señalado en algún momento pretender contender por la presidencia.

Pareciera que la reforma que proviene del oficialismo tiene destinatarios mientras se disfraza de una supuesta protección a la soberanía nacional. Esa soberanía que se usa una y otra vez para encubrir delincuentes.

Si los mexicanos con doble nacionalidad pueden votar sin renunciar a su otra nacionalidad, entonces, también deben ser votados de esa misma manera. Para controlar los intereses de un presidente con doble nacionalidad está la división de poderes y el control judicial, lo que poco a poco el oficialismo ha erosionado.

Tal vez sea momento de limitar los grandes poderes de la presidencia de la República. ¿Se atreverán a una reforma así?

Abogada electoral y constitucional | Columnista | Análisis político

Web: defensaelectoral.com.mx

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