Un mismo método, dos reacciones opuestas

La dirigencia nacional de Morena presentó este lunes a Carlos Torres Piña y Beatriz Mojica Morga como coordinadores de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Michoacán y Guerrero, respectivamente, cargos que en la práctica los perfilan como candidatos a las gubernaturas de 2027. El procedimiento fue idéntico —encuestas internas validadas por la Comisión Nacional de Elecciones—, pero las reacciones de los aspirantes derrotados revelaron dos culturas políticas distintas dentro del mismo partido. En Michoacán, el senador Raúl Morón reconoció públicamente el triunfo de Torres Piña, pese a que se trata de su segunda derrota consecutiva en un proceso interno —hace seis años su candidatura fue cancelada por el entonces Instituto Nacional Electoral debido a irregularidades en la fiscalización de gastos de precampaña—. En Guerrero, en cambio, la alcaldesa con licencia de Acapulco, Abelina López, desconoció el resultado, calificó el ejercicio como una “encuesta de papel” y afirmó contar con el respaldo de “la encuesta real”: la movilización de más de 100 mil personas durante el segundo informe de la presidenta Claudia Sheinbaum.

Michoacán: la amenaza no viene de los partidos tradicionales

El reto de fondo para Morena en Michoacán no es Morón ni la disciplina interna, sino un actor ajeno al sistema de partidos. El Movimiento del Sombrero, organización independiente nacida de la candidatura de Carlos Manzo en Uruapan y hoy encabezada por Grecia Quiroz tras el asesinato de su fundador, se ha consolidado como la segunda fuerza electoral del estado, con mediciones que le otorgan entre 21% y 27% de posibilidades de triunfo frente a un Morena que ronda el 50 por ciento. Una encuesta reciente del periódico Crónica incluso ubica a Torres Piña prácticamente empatado con Quiroz en un escenario de competencia abierta, un dato que contrasta con la comodidad de haber ganado la contienda interna. El PAN y Movimiento Ciudadano, mientras tanto, ocupan un distante tercer y cuarto lugar, lo que sugiere que la disputa real por la gubernatura se librará entre el partido oficial y una insurgencia ciudadana sin estructura partidista tradicional, no entre las fuerzas históricas de oposición.

Guerrero: corrupción, violencia y una fractura que no se cierra

En Guerrero, el desafío es de naturaleza distinta pero igual de severo. Abelina López enfrenta señalamientos de la Auditoría Superior de la Federación por observaciones a su administración municipal por 282 millones de pesos —que ella niega constituyan un desfalco comprobado—, mientras el estado arrastra una crisis de inseguridad que Mojica reconoció abiertamente al referirse a “más de 500 muertos” vinculados a la violencia política y criminal reciente. A esto se suma el capítulo abierto de Félix Salgado Macedonio, senador y padre de la actual gobernadora Evelyn Salgado, cuya aspiración a sucederla ha sido el punto más álgido del debate sobre la reforma contra el nepotismo electoral impulsada por la propia Sheinbaum. Aunque en marzo de 2025 Salgado Macedonio anunció que no buscaría la candidatura, meses después reiteró su intención de competir, argumentando que la Constitución garantiza su derecho a ser votado y cuestionando que el candado solo aplique a Morena mientras sus aliados del Partido Verde y del Partido del Trabajo quedaron exentos hasta 2030. La ambigüedad de su postura —entre la renuncia pública y la reivindicación posterior— deja sin resolver una de las principales fuentes de fractura interna en la entidad.

La cohesión partidista puesta a prueba antes de la elección

El contraste entre Michoacán y Guerrero expone una tensión estructural para Morena de cara a 2027: en un estado, el problema es la competencia externa de un movimiento ciudadano que capitaliza el descontento con los partidos; en el otro, es la incapacidad del partido para resolver disputas internas sin generar fracturas visibles, en un contexto donde la corrupción, la violencia y el nepotismo ya erosionan la narrativa de unidad del movimiento oficialista. La pregunta no es menor para un partido que gobierna con mayorías amplias en la mayoría de los congresos estatales: ¿puede Morena retener el poder territorial si no logra procesar sus propias derrotas internas con la misma disciplina que exige a sus adversarios?