La OCDE dio a conocer esta semana los resultados de PISA 2025 y difícilmente pueden tomarse como una buena noticia. México obtuvo 388 puntos en matemáticas, 408 en lectura y 414 en ciencias. Frente a 2022, bajamos siete puntos en matemáticas, siete en lectura y subimos cuatro en ciencias. No son resultados que debamos minimizar, pero sí hay que darles dimensión y contexto.
Lo que ocurre en México no es un fenómeno aislado en el mundo. El promedio de la OCDE tocó su nivel más bajo desde que existe la prueba, tanto en lectura como en matemáticas. Entre 2022 y 2025 la media de lectura de los países de la organización perdió 14 puntos; la nuestra, siete.
Es un fenómeno global que confirma lo que hemos venido señalando sobre el impacto de las pantallas y las redes sociales en la atención, la lectura y el desarrollo humano.
Desde el inicio de la Cuarta Transformación las becas crecieron hasta universalizarse en la educación básica y media superior públicas. La Escuela es Nuestra ha llevado recursos de manera directa a prácticamente todas las escuelas del país, sin intermediarios.
Se redujo el abandono escolar en media superior, se abrieron nuevos espacios en preparatorias y universidades, y se redujo el analfabetismo a 3.8%, el mínimo histórico y que la misma UNESCO reconoció hace unos días.
Estamos donde estamos y lo que sigue es trazar la ruta. Urge una estrategia nacional de recuperación de aprendizajes, con foco en matemáticas y comprensión lectora. Es conveniente mejorar las evaluaciones diagnósticas para detectar los mayores rezagos, fortalecer la atención prioritaria a las comunidades con los resultados más bajos y establecer metas públicas revisables cada año.
Lo que no necesitamos es volver a una política educativa que responsabilice a las maestras y los maestros de todos los males del sistema: se trata de medir, acompañar, corregir y mostrar resultados.
¿Significa PISA que todo está mal en la educación mexicana? No. La escuela de hoy es mucho más compleja que la de hace algunos años. Ya no basta con transmitir conocimientos: educar supone formar jóvenes capaces de comprender un mundo atravesado por la tecnología y por una cantidad de información sin precedentes.
Edgar Morin lo advirtió antes que nadie: el desafío es enseñar a entender la realidad en su complejidad, relacionar los conocimientos en lugar de fragmentarlos y preparar a las personas para la incertidumbre.
La Cuarta Transformación avanzó en algo pendiente durante décadas: convertir la educación en un derecho y no en un privilegio determinado por el ingreso de una familia. Hoy hay más becas, más apoyo a las escuelas, mayor permanencia y nuevos espacios educativos. Transformar también significa reconocer lo que todavía no funciona y tener la capacidad de corregirlo.
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