A pesar de que los escándalos de corrupción alrededor del partido de la presidenta siguen creciendo y que la corrupción es uno de los temas que siguen preocupando más a la gente, Claudia Sheinbaum habla cada vez menos de ella en sus mañaneras y en el Segundo Informe de Gobierno decidió no usar la palabra ni una sola vez.
A pesar de que los escándalos de corrupción alrededor del partido de la presidenta siguen creciendo y que la corrupción es uno de los temas que siguen preocupando más a la gente, Claudia Sheinbaum habla cada vez menos de ella en sus mañaneras y en el Segundo Informe de Gobierno decidió no usar la palabra ni una sola vez.
La presidenta Claudia Sheinbaum presentó ayer su Segundo Informe de Gobierno. De las 7,237 palabras que utilizó, no mencionó ni una sola vez la palabra «corrupción». Además, al revisar las conferencias mañaneras identificamos que el uso presidencial de la palabra corrupción también ha disminuido de manera significativa: mientras López Obrador usaba el término un promedio de 6.4 veces por mañanera, la presidenta la menciona un promedio de 1.5 veces por conferencia, una reducción de 76%.
Esto resulta extraño por al menos tres razones.
En primer lugar, la corrupción ha sido uno de los elementos más relevantes del discurso de la autodenominada Cuarta Transformación, utilizado lo mismo como estrategia de campaña que como herramienta discursiva. Segundo, la preocupación ciudadana alrededor del tema de corrupción ha incrementado y es el segundo problema más importante para la gente, lo cual coincide con un incremento de los escándalos alrededor del partido de la presidenta y el primer círculo del expresidente López Obrador.
Por último, hemos identificado que cuando se habla de corrupción desde el poder, se evita referir a los episodios relacionados con el propio gobierno. Por ejemplo, el caso de corrupción individual más grande documentado en los últimos años —correspondiente a Marlaya S.A. de C.V, una empresa huachicolera que evadió impuestos por al menos 29 mil millones de pesos— no ha sido mencionado ni una sola vez por Claudia Sheinbaum. Tampoco fue nombrado nunca por López Obrador a pesar de que las primeras irregularidades con esta empresa se detectaron al menos desde 2021.
Los silencios también hablan, más cuando el poder ha decidido guardar silencio sobre un caso de corrupción tan importante que conecta el huachicol fiscal con el crimen organizado, el rancho Izaguirre y hasta con contratos de los militares para construir el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles.
De la centralidad en el discurso al completo olvido
La preocupación ciudadana
Diferentes encuestas confirman la preocupación de la sociedad mexicana por la corrupción y la percepción de que no se está haciendo lo suficiente ante ella. Por citar dos datos recientes, está la ENCIG y la encuesta publicada ayer por El Financiero.
En mayo de este año, el INEGI publicó una actualización de la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG). La encuesta reveló que 58.9% de los mexicanos consideraron que la corrupción es el segundo problema más importante en sus comunidades, sólo superado por los problemas de inseguridad y delincuencia. Nunca la corrupción había sido mencionada por tantas personas como el año pasado.
Además, la encuesta publicada por El Financiero muestra que únicamente 14% de la población cree que la política anticorrupción del gobierno va bien o muy bien. Este nivel de aprobación en el esfuerzo anticorrupción es casi tan bajo como el registrado en noviembre de 2025, cuando se llegó al mínimo de solo 12% de aprobación.
El silencio sobre el caso más grave
La corrupción desapareció del discurso presidencial, pero no de la realidad. Durante este sexenio comenzaron a destaparse casos referentes a la administración en turno, pero también sobre los gobiernos del pasado, en especial el de López Obrador. En nuestro primer anuario de la corrupción casi la mitad de los casos que se dieron a conocer fueron sobre corrupción del sexenio anterior. Igualmente, el caso del huachicol fiscal, así como la controversia por los posibles vínculos de figuras relevantes de MORENA con el crimen organizado, han elevado la atención y preocupación sobre la corrupción institucional.
En marzo de 2026, MCCI documentó el caso individual de corrupción y huachicol más grave en cuanto al monto implicado. Una sola empresa, Marlaya S.A. de C.V., fue responsable de haber evadido más de 29 mil millones de pesos como parte de una estructura criminal para transportar y vender el combustible huachicoleado
29 mil millones de pesos resulta ser una cantidad de dinero inimaginable. Sin embargo, representa apenas 5% del monto total del costo estimado por las autoridades del huachicol fiscal, que según la Procuraduría Fiscal podría llegar hasta 600 mil millones de pesos. Esos 29 mil millones hubieran alcanzado para comprar 337 casas como la Casa Blanca de Enrique Peña Nieto, representa el doble del desfalco encontrado en Segalmex y es cuatro veces el monto de La Estafa Maestra.
A pesar de eso, este caso y el nombre de esta empresa nunca fueron mencionados por Andrés Manuel López Obrador en sus conferencias matutinas. Tampoco la presidenta Claudia Sheinbaum la ha señalado ni una sola vez. En contraste, la palabra huachicol ha sido usada por los titulares del Poder Ejecutivo en 719 y 83 ocasiones, respectivamente. Se decide hablar del huachicol, pero no del caso más importante.
Poner al centro de la agenda los casos de corrupción
En vísperas del comienzo del nuevo periodo de sesiones del Congreso de la Unión, la consejera jurídica de la presidencia, Luisa María Alcalde, adelantó que en la agenda legislativa de la presidencia será prioridad un paquete anticorrupción que va a reformar 19 leyes y propondrá dos nuevas. Esa discusión debe partir de un diagnóstico adecuado de la realidad para poder resolver el problema.
Para ello, es indispensable que tanto el gobierno como los legisladores reconozcan los graves casos de corrupción que han sido documentados en los últimos años, como el de la empresa fantasma Marlaya, para evitar que sigan sucediendo en el futuro.
