El informe presentado ante el Congreso de la Unión el pasado primero de septiembre y replicado con mensajes políticos en diversas ciudades de la República por la titular del Poder Ejecutivo, no son un reflejo sobre la situación que guarda la administración pública del país, sino una ficción política acompañada por una estrategia de marketing mostrando un México inexistente y, en paralelo, promocionando a su partido Morena.
De lo anterior dieron cuenta puntual múltiples analistas que publicaron interesantes artículos haciendo notar que el informe presentado en buena medida es producto de la imaginación de quienes lo elaboraron, donde la científica lo adopta como propio y con júbilo pretende transportarnos a un México que no existe, lo pinta a base de engaños, comparaciones tramposas, datos falsos y resultados inverosímiles y, lo peor, es que ella misma cree en lo que dice.
En todos los estudios demoscópicos los principales problemas del país se sitúan en la violencia, inseguridad, homicidios, corrupción, impunidad, pobreza, salud, educación, entre muchos otros, donde inclusive se localizan hilos comunicadores entre ellos al desprenderse factores comunes que inciden en esos fenómenos sociales.
Cobra relevancia la situación que desde hace tiempo venimos padeciendo, fundamentalmente en el marco de la inseguridad y violencia, apoderándose los cárteles del crimen de algunas regiones convirtiéndose en gobiernos paralelos de facto o inclusive, hasta por las vías formales se han apropiado de las administraciones públicas.
Viene a colación la alusión a los rubros en cita, en virtud de que afirma que es un gobierno del, para y con el pueblo, encaminado al bienestar con justicia a través de la prosperidad compartida, haciendo énfasis en la participación ciudadana; la coordinación con los diferentes órdenes de gobierno y, esquemas de prevención del delito; la corrupción y; en materia de seguridad, mediante un andamiaje jurídico y administrativo de las instituciones para consolidar un modelo de paz y justicia.
En la práctica estamos ciertos de que esas líneas discursivas no corresponden a la realidad. En principio el lastre de la corrupción tan arraigada en nuestro sistema político ha aumentado en los últimos años de forma exponencial, sin que se observen acciones preventivas que inhiban esas nocivas prácticas, que por lo general quedan impunes.
Tampoco se puede regatear que a últimas fechas y derivado de la presión del presidente Trump, se ha puesto atención en el combate al crimen organizado con la detención y abatimiento de importantes capos, sin que esas acciones que se aplauden, sean suficientes para mantener a raya a los carteles, que siguen operando.
De hecho, comienzan a realizar acciones terroristas, lo cual es preocupante. La prevención del delito comienza en el orden municipal, al ser la autoridad más cercana a las familias, por lo regular en ese ámbito se conocen los habitantes, se identifican e inclusive se organizan y colaboran en beneficio de su comunidad.
Sin embargo, no se observan ni tampoco se mencionan estrategias para sumar esfuerzos en esas materias entre los diferentes órdenes de gobierno: Federal, Estatal y Municipal, lo que indica un discurso hueco y una carencia de visión y voluntad política para solucionar los desafíos.
