El Centro de Estudios Internacionales Gilberto Bosques, del Senado, publicó el 14 de octubre una ficha técnica sobre el Debate General de la 81ª Asamblea General de la ONU. Bajo el lema “Restaurar la confianza”, 194 delegaciones desfilaron del 22 al 28 de septiembre. Hay que precisar un punto: el Debate General no produce resoluciones. Lo que arroja es un mapa de posturas, y esa fotografía es más reveladora por lo que oculta que por lo que declara.

Un consenso verbal

Casi todos los oradores defendieron a la ONU como foro indispensable. Casi ninguno coincidió sobre la causa de su desgaste. El presidente de la Asamblea, Khalilur Rahman, situó la pérdida de confianza como problema central y advirtió que la longevidad de la organización no es prueba de éxito. El análisis concluye que el cuestionamiento al sistema no se tradujo en rechazo al multilateralismo, sino en propuestas divergentes para redefinir sus prioridades.

El veto, el nudo sin desatar

La reforma del Consejo de Seguridad fue el tema más repetido y el menos resuelto. España pidió eliminar el veto; Malasia, abolirlo; Sierra Leona reclamó puestos permanentes para África, con veto incluido mientras exista; Líbano lo considera inevitable aunque no lo elimina; Francia y México impulsan restringirlo voluntariamente ante atrocidades masivas. Rahman recordó que la iniciativa ONU80, de modernización administrativa, no sustituye una reforma política de mayor alcance. Hay una paradoja que la ficha deja entrever: el órgano cuyo poder se discute es el mismo que recomendará al próximo secretario general. Según la prensa internacional, el mandato de Guterres concluye el 31 de diciembre de 2026, y los seis aspirantes han sido, según un balance periodístico, más discursivos que polémicos en su primer debate público. Es difícil que quien busca el voto de los permanentes les incomode. España, por su parte, pidió que sea una mujer latinoamericana quien ocupe el cargo.

La inteligencia artificial: la fractura más moderna

El tema recibió menciones de 128 delegaciones, más que los derechos humanos o el cambio climático, según el propio presidente de la Asamblea. Pero el consenso terminó en el diagnóstico. Estados Unidos rechazó regular la tecnología a escala internacional y la presentó como carrera estratégica frente a China. Argentina también descartó la regulación preventiva. España pidió una regulación estricta de la IA y de las redes sociales; Türkiye, un marco jurídico común; la Unión Europea, un papel central de la ONU. Del Sur Global llegó otra advertencia: la concentración de cómputo, datos y poder normativo en pocas manos. La pregunta de fondo, quién fija las reglas y quién responde por los daños, quedó abierta.

Crimen organizado: mismo diagnóstico, remedios opuestos

Para un lector mexicano, este es el capítulo de mayor interés. Ecuador propuso rastrear y congelar activos ilícitos mediante un mecanismo de la ONU; Perú, tipificar a las organizaciones criminales como terroristas; Guatemala y Costa Rica, fortalecer instituciones; El Salvador, recuperar el control territorial. Estados Unidos equiparó a los cárteles con organizaciones terroristas y defendió operaciones militares contra embarcaciones. Brasil rechazó una respuesta predominantemente militar. México planteó atender las causas, la responsabilidad compartida y la cooperación sin subordinación. El análisis lo resume con precisión: compartir diagnóstico no implica coincidir en instrumentos, en el papel de las fuerzas de seguridad ni en los alcances de la cooperación.

Dinero, deuda y minerales

La economía ocupó un lugar inusual en un foro de seguridad. Ormuz y Bab el-Mandeb aparecieron como corredores de los que depende la estabilidad. Congo y Bolivia reclamaron dejar de ser exportadores de materias primas y capturar valor agregado. Sudáfrica, Brasil, Noruega y España propusieron un panel internacional sobre desigualdad. Países africanos, caribeños e insulares exigieron reforma financiera, alivio de deuda y financiamiento climático previsible. Tuvalu elevó el asunto a lo existencial: el aumento del nivel del mar compromete la continuidad misma del Estado.

Lo que la ficha no dice

Conviene leerla con ojo crítico. Resume discursos, no compromisos; no mide cumplimiento ni consecuencias. El propio Centro advierte que sus análisis no representan la postura del Senado y reconoce haber usado herramientas de inteligencia artificial generativa en tareas de apoyo, con revisión humana. Además, la selección de intervenciones, aunque diversa, es un criterio editorial.

Conclusión

El Debate General confirmó que el multilateralismo tiene defensores en todos los bloques, pero que cada uno defiende una ONU distinta: una de reglas universales, otra de soberanías intocables, otra de resultados medibles. Mientras el poder de decisión no se redistribuya, la reforma seguirá siendo un acuerdo pendiente. Y la confianza, que es el lema del periodo, difícilmente se restaura con discursos que coinciden en el reclamo y divergen en todo lo demás.