La relación bilateral con los Estados Unidos, desde siempre ha sido difícil, complicada, ardua, cuesta arriba, en muchas ocasiones desde posiciones de debilidad que en no pocas veces conseguimos equilibrar con base en la fortaleza que nos daba el respeto obtenido en los Organismos multilaterales. El respeto a México de la comunidad internacional obedecía a una diplomacia fincada en valores y principios, mismo que en las últimas dos décadas, fuimos abandonando por un opaco pragmatismo que hoy, nos tiene a merced de la Casa Blanca.
A pocos días de las elecciones intermedias en nuestro vecino país, la narrativa de Donald Trump con respecto a los acuerdos comerciales con México se ha endurecido, resaltar el beneficio de los aranceles impuestos a nuestro país le ha servido para ganar simpatías. Ante esto, la presidenta Claudia Sheinbaum ha desmentido presiones directas de Donald Trump para condicionar el T-MEC a la entrega de políticos vinculados con el narcotráfico, al tiempo que confirmó la existencia de diálogos bilaterales sobre cooperación energética y el incremento en las compras de gas natural a Estados Unidos.
México aceptó y suscribió la anterior modificación al Tratado Comercial con Estados Unidos y Canadá “T-MEC” en el 2019, entrando en vigor el 1 de julio de 2020, estando ya en la presidencia López Obrador, tratado que fue ratificado por el Senado. En su última revisión de 2026, el Departamento de Comercio de Estados Unidos informó que no renueva en su forma actual el acuerdo comercial con México y Canadá (T-MEC) “Estados Unidos continuará dialogando con México y Canadá para abordar las deficiencias del acuerdo y nuestros déficits comerciales con estos países”. “Sin embargo, el Acuerdo permanece vigente hasta que se resuelvan estos asuntos o hasta su terminación”.
El departamento de Comercio del gobierno de Trump declaró que no extenderá el T-MEC por otros 16 años. La decisión abrió una cuenta regresiva sobre la vigencia de diez años hacia la eventual expiración del tratado en 2036. Esta decisión no representa, una salida inmediata de Estados Unidos solamente activa el mecanismo de revisión anual previsto en la cláusula de revisión y extensión del propio tratado.
A partir de la declaración de Donald Trump de que el NAFTA por su acrónimo en inglés o TLC en español, era el peor tratado comercial firmado jamás por los Estados Unidos, inició una lucha por su renegociación y por complacer a los estadounidenses en sus exigencias. Canadá, cedió en muchas áreas, como por ejemplo en la industria lechera; y México en muchas áreas de la industria manufacturera.
El T-MEC es el acuerdo comercial que ordena la integración productiva de los tres países de América del Norte. A partir de ahora el escenario de la revisión anual prolongaría la incertidumbre para las inversiones, las cadenas de suministro y los sectores exportadores. Estados Unidos pide cambios de fondo, especialmente en reglas de origen, en el contenido de elementos estadounidenses en automóviles y mayores controles para evitar que productos chinos se beneficien del tratado.
Hay que recordar que Estados Unidos demandó a México en un Panel para dirimir lo que consideraron violatorio del Tratado Comercial, particularmente por las contra reformas aprobadas el sexenio pasado en materia de energía, de agricultura y telecomunicaciones, y su cumplimiento dista mucho de haber sido atendido.
Trump sugiere concluir con el acuerdo comercial trilateral con Canadá y México, y negociar acuerdos binacionales por sectores con cada uno de los países vecinos. De esta forma estaría en ventaja y podría presionar con mayor fuerza a México en las áreas incumplidas como energía, agricultura y telecomunicaciones.
Esta revisión anual del tratado de libre comercio se ha convertido en una moneda de cambio para presionar a México en la cooperación en diversas áreas como la de seguridad y lucha contra el narcotráfico, evidenciando la dependencia económica de nuestro vecino.
Al margen de consideraciones con tintes ideológicos, la realidad es que la relación bilateral con los Estados Unidos es una prioridad política para el gobierno mexicano. La agenda por tanto de nuestro gobierno debe tener presente, que los Estados Unidos es nuestro mayor socio comercial y también nuestro mayor acreedor. Nuestras economías son interdependientes. Y considerar que en su territorio viven y sobreviven un poco más de 18 millones de mexicanos, una buena parte indocumentados. Por esto, para ambas naciones, la relación con el país vecino del norte es una cuestión de seguridad nacional.
