¿Les platico? ¡Arre!
Este miércoles 7 de octubre, Tatiana Clouthier comió con los Sembradores de Amistad en el Casino Monterrey y de ahí corrio a su encuentro con un grupito de alborotados morenistas que la esperaban para merendar en la Plaza de los Enamorados. En ambos eventos dilapidó el venerado apellido que porta.
Su propio hermano la insta a que se sitúe en la realidad porque su peor enemiga es ella misma.
A juicio de Ildefonso Guajardo -ilustre priyista experto en la firma de tratados comerciales- no hay que distraer a los morenistas en su afán de despedazarse a sí mismos. No lo dijo abiertamente pero de seguro se refería a los mitotes que Tatiana hace pasar como mítines, ya sea en encumbrados lugares como el Casino como en las barriadas y plazas públicas. El mismo politburó nacional de Morena lleva dos intentos vanos por apaciguarla.
El miércoles, un miembro prominente de esa escudería política me dijo que la tercera amonestación será equivalente a la tarjeta roja que se usa en el fútbol para expulsar a un jugador. No se trata de expulsarla de un partido al cual Tatiana no pertenece. No. El asunto viene por el lado de fincarle responsabilidades que tienen qué ver con los negocios que hizo su marido, José Martínez Minor cuando la hija del Maquío fingió -porque no fungió- como secretaria de Economía en el gobierno de López Obrador.
La empresa Vinssa Industrial Solutions -de la cual Martínez Minor figura o figuraba como socio- incrementó en dos millones de dólares sus importaciones desde Estados Unidos, entre el 4 de enero de 2021 y el 6 de octubre de 2022.
El expediente -que había sido cerrado pero que esta semana volvió a cobrar vida- cuestiona que Tatiana no haya incluido en su declaración patrimonial su participación corporativa o los activos de dicha empresa. Esto, debido a su calidad de servidora pública.
También se incluyen en dicha carpeta de investigación, participaciones de la misma empresa en licitaciones y ventas -menores eso sí- de insumos industriales a entidades y organismos gubernamentales.
Cuestionada al respecto, Tatiana rechaza las acusaciones en su contra por un conflicto de intereses
Argumenta que la secretaría de Economía no otorga los permisos de importación sino el SAT y que los padrones de proveedores donde aparece la empresa de la cual su marido es o fue socio, eran anteriores a su gestión como titular de Economía.
Pero da la casualidad de que quien la sustituyó en ese cargo en octubre de 2022, fue precisamente Raquel Buenrostro, que fue jefa del SAT durante todo el periodo de la hija del Maquío en Economía. Su última argumentación es que la citada empresa fue fundada en 1983, antes de que se casara con Martínez Minor y que por ello no formaba parte de su haber conyugal. Incluso menciona que su marido se desvinculó de dicha empresa en octubre de 2021.
El último de sus alegatos es que las ventas gubernamentales señaladas no representaron ningún beneficio extraordinario por lo cual -a su juicio- no alcanzan para tipificarse como tráfico de influencias. ¡Ufff! menos mal.
Un amigo muy apreciado que forma parte del Club Sembradores de Amistad, que -como dije- comieron con Tatiana en el Casino, me contactó antes de dicho ágape para preguntarme qué le preguntaría yo a la hija del Maquío. Hasta ahora no sé si abordaron ese espinoso tema pero si no, alguien más desde el centro de Morena le va a “preguntar” lo que expongo aquí. A ver con qué nos sale la que se niega a reconocer que sus días como suspirante a la gubernatura de Nuevo León, yacen debajo de una lápida.
