La regulación del uso de celulares y dispositivos electrónicos en las escuelas mexicanas dejó de ser un debate teórico. La SEP publicó el 9 de septiembre el Acuerdo 09/09/26, que entrará en vigor el 3 de noviembre de 2026, en la cual establece la restricción del uso de teléfonos personales durante la jornada escolar, con excepciones limitadas a fines pedagógicos autorizados y situaciones de emergencia. Esta medida, inspirada en experiencias como la de Querétaro —conocida como “Ley Kuri”—, llega en un momento crítico: los resultados de PISA 2025 confirmaron un rezago preocupante en lectura, matemáticas, ciencias y resolución de problemas, mientras el regreso a clases 2025-2026 puso de manifiesto la urgencia de recuperar la atención y el clima escolar.
Como Unión Nacional de Padres de Familia dimos cuenta a la autoridad en 2009, 2017, 2021 y 2023 y ahora en septiembre de 2026, que la regulación representa un primer paso necesario, pero insuficiente. El diagnostico presentado en dicho acuerdo, reconocen el diagnóstico que es sabido por todos: el exceso de pantallas en la escuela y su descontrol no es la causa única del rezago, pero sí un factor que agrava la falta de atención sostenida debilita la comprensión lectora profunda y dificulta el desarrollo de habilidades cognitivas complejas. La evidencia internacional y los primeros resultados como en Querétaro —menor ciberacoso, mayor concentración— sin duda amplia el nivel de aprovechamiento del estudiante. Sin embargo, la medida también abre interrogantes importantes sobre equidad, implementación y acompañamiento.
Los retos reales de la normativa
El primer reto es de implementación. La norma federal permite márgenes de adaptación estatal y de plantel, lo que puede generar desigualdades: escuelas con recursos y capacidad de organización avanzarán más rápido que aquellas que enfrentan carencias de infraestructura, personal o claridad normativa. La experiencia vivida fue importante la sensibilización, la gradualidad, la comunicación constante con familias y docentes, y la complementariedad de contenidos adecuados fueron claves. Replicar ese enfoque a escala nacional exige tiempo, formación y recursos que no siempre están disponibles y adicional en un entorno de elecciones federales y locales en 2027.
El segundo reto es la equidad. La restricción de dispositivos personales puede ampliar brechas si no se garantiza acceso a herramientas tecnológicas en las escuelas públicas controladas para fines educativos. En los propios registros estadísticos tanto de la SEP como del INEGI, evidencian que más del 50% de las escuelas o no tienen luz, no cuentan con internet y/o equipos de cómputo. La regulación debe evitar convertirse en un obstáculo adicional para quienes ya enfrentan mayores desventajas. Es por ello que la inversión pública será toral en los próximos presupuestos tanto en el federal y en los gobiernos locales si es que existe interés en invertir verdaderamente en educación.
El tercer reto es cultural y familiar. La medida escolar pierde fuerza si en casa no existe coherencia. Muchos padres aún no han desarrollado hábitos claros de límite de pantallas, supervisión de contenidos ni alternativas de ocio y estudio. La adicción a las redes sociales es un fenómeno que frecuentemente pasa desapercibido hasta que sus efectos se manifiestan en ansiedad, distracción o deterioro del rendimiento. Ante ello, existe el riesgo de sobreestimar el impacto de la sola prohibición. La UNPF ha insistido en que la regulación de pantallas no sustituye la necesidad de mejorar la formación docente, los contenidos, la evaluación y las políticas de acompañamiento familiar. Sin estas piezas complementarias, el efecto sobre las competencias PISA será limitado.
¿Cómo debemos actuar?
Desde la UNPF, creemos importante desde nuestra experiencia y resultados recientes con esta situación presentamos las siguientes iniciativas:
- Impulsar el dialogo con las autoridades educativas para priorizar la claridad normativa, el fortalecimiento de la autoridad docente y desarrollar aspectos de medición no solo el cumplimiento de la restricción, sino sus efectos en atención, clima escolar y resultados de aprendizaje. Existen mejores prácticas que ofrece lecciones transferibles: consulta, gradualidad, comunicación y complementariedad con educación digital responsable. Haciendo énfasis en las escuelas públicas se necesitan adaptar reglamentos internos, crear protocolos de guarda de dispositivos y diseñar alternativas pedagógicas que aprovechen el tiempo recuperado. Las escuelas particulares, muchas de las cuales ya han experimentado con estas medidas, pueden aportar buenas prácticas y errores evitables.
- Como padres de familia tenemos la responsabilidad más cercana e intransferible. Establecer límites claros de pantallas en el hogar, recuperar rutinas de lectura, conversación y estudio, y acompañar la medida escolar con coherencia son acciones concretas y replicables. La regulación en la escuela solo será sostenible si se convierte también en un esquema de orden, limitaciones y responsabilidades en el entorno familiar.
- La sociedad civil organizada, y en particular la UNPF, debe seguir generando espacios de diálogo propositivo. Para ello estaremos llevando a cabo el Foro Educativo Virtual “Pantallas fuera, aprendizajes dentro”, que se realizará el 28 de septiembre de 2026 de 17:00 a 20:00 horas, es precisamente una de esas oportunidades donde se abordará los alcances y áreas de oportunidad de la medida, el caso de éxito de Querétaro y las herramientas prácticas para escuelas particulares y familias. El objetivo no es celebrar la prohibición, sino construir soluciones al rezago educativo y fortalecer las competencias que evalúa PISA.
La regulación de dispositivos es un instrumento, no un fin. Su éxito dependerá de la capacidad de convertirla en una política integral que combine límites claros, acompañamiento pedagógico, equidad tecnológica, inversión pública eficaz y compromiso familiar. Los resultados de PISA 2025 nos advierten que el tiempo de los diagnósticos sin acción se agota. La pregunta ya no es si debemos regular las pantallas en la escuela, sino cómo lo hacemos de manera que realmente mejore el aprendizaje de niñas, niños y adolescentes. La respuesta está en la colaboración entre las autoridades, escuelas, docentes y padres de familia. No solamente tenemos ahora la oportunidad, sino también la responsabilidad de convertir esta medida en un paso efectivo hacia una educación con más atención, más comprensión y más futuro para los más de 25 millones de estudiantes.
El autor es Presidente Nacional de la UNPF.
