Los neófitos del oficio tratan, por todos los medios, de desprestigiar la Organización de Naciones Unidas (ONU). Unos por ignorancia, otros por encargo y, hasta por mala fe. Los peores son una mezcla de los tres. Al paso de los años, desde el 24 de octubre de 1945, cuando los 51 Estados miembros fundadores —entre los que se contaba México—, ratificaron la Carta de las Naciones Unidas, el organismo mundial que sustituyó a la fracasada Sociedad de Naciones, se ha desgastado (como todo ser viviente) y urge que se modernice para que continúe cumpliendo sus objetivos principales: evitar otro conflicto global que conduzca al holocausto, y lograr que todos los países del mundo convivan en paz. ¿Utopía? Quizás, pero esa esperanza es lo único que logrará el milagro de la supervivencia humana, sobre todo en los tiempos que corren cuando hasta los promotores de la Inteligencia Artificial presagian que en una década el ciclo de vida de la Humanidad habrá llegado a su término. Algo nada halagüeño. ¿Será posible?
Mientras son peras o manzanas, el hecho es que la ONU todavía funciona, con todos y sus crasos errores. Mientras 193 países crean que este organismo es el camino para resolver las diferencias que los tratan de desunir, vale la pena mantener su funcionamiento. Siempre y cuando los mandatarios en turno piensen en la efectividad del mismo. La mejor prueba de ello es que hasta un personaje tan destructor como el presidente de EUA, Donald John Trump —que un día sí y otro también pregona que la ONU debe desaparecer—, utiliza el foro de Naciones Unidas para declarar y tratar de mantener la hegemonía de la Unión Americana. Hábil marrullero, como lo es, el magnate aprovechar el podio de la Asamblea General para denostar a los que se interponen en sus propósitos. Da la mala casualidad que, desde su primera presidencia, México es uno de sus blancos preferidos.
Desde hace ocho años, cuando la 4T llegó al poder en México, el Ejecutivo piensa, absurdamente, que “la mejor política exterior, es la interior”. Frase que popularizó y puso en ejercicio el ex presidente Andrés Manuel López Obrador, con lo que priorizó los problemas internos en desmedro de lo internacional. Y así nos ha ido.
Mientras que mandatarios como Claudia Sheinbaum Pardo considera que su presencia en el foro de la Asamblea General de la ONU no es necesaria, Trump piensa todo lo contrario porque sabe, o intuye o su Secretario de Estado le asegura que su mensaje debe ser personal en el foro mundial de Nueva York, porque ahí estarán físicamente todos los principales líderes de la Tierra. Frente a frente. El magnate se reúne en privado con todos los que quiere, sin andar como saltimbanqui buscándolos en sus respectivos países. Es demasiado complicado que la doctora Sheinbaum lo entienda o así parece.
De nada sirve entonces que en la delegación mexicana presente en la Asamblea General de la ONU, en representación de la presidenta, estén personajes tan calificados como el octogenario embajador, representante de México en la ONU, Héctor Enrique Vasconcelos y Cruz, por cierto hijo del célebre educador y ex secretario de Educación Pública, el oaxaqueño José Vasconcelos y de la eximia pianista y concertista orizabeña Esperanza Cruz; o la diplomática de carrera, Jennifer Sophie Catherine Feller Enríquez, representante alterna de México ante el organismo mundial; o el también diplomático de carrera, Enrique Javier Ochoa Martínez, subsecretario para Asuntos Multilaterales y Derechos Humanos de la SRE, respetado políglota, que aparte del castellano habla alemán, francés, inglés e italiano; y, otro diplomático de carrera desde 1986, Porfirio Thierry Muñoz Ledo Chevanier, hijo mayor del destacado expriista Porfirio Muñoz Ledo, fundador del PRD y muy cercano a Andrés Manuel López Obrador en MORENA hasta que sus caminos políticos se bifurcaron. El grupo estaba encabezado por el secretario de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco Álvarez, quizás el canciller más bisoño de la historia de México, herencia del anterior canciller, Marcelo Ebrard Casaubón.
La representación diplomática mexicana en la 81 asamblea general de la ONU, con cara de pocos amigos, escuchó el discurso estelar de Donald Trump el martes 22 de septiembre, sin posibilidad de contestar —de igual a igual—, el reproche del magnate: “México es el epicentro de la violencia de los cárteles. Es inaceptable que EUA comparta una frontera con un territorio controlado por cárteles enemigos. Por lo tanto, México debe recuperar el control de su territorio de manos de los enemigos de la humanidad”.
Tal y como acostumbra, Donald Trump suavizó su duro mensaje y agregó: “La seguridad y protección llegará a México, me enorgullece decirles que tenemos una excelente relación con el Gobierno mexicano. Hemos logrado grandes avances. Ellos tampoco quieren a los cárteles (que desde 2025 los calificó como organizaciones terroristas). Y cuando llegue ese día, toda esa región será un lugar mejor, más seguro y más hermoso, para vivir y prosperar”.
“De acá de este lado, puros mexicanos”, dice la vieja canción norteña. Y, montados en el macho, agregamos: “La mejor política exterior, es la interior”.
Con muchos frentes abiertos, el magnate llegó a la ONU y se topó con Kaitklan Collins, periodista de la cadena CNN —que junto con MS NOW y Politico, han sido prohibidos por Trump para entrar en la Casa Blanca—, a quien le reprochó su presencia: “Me sorprende que CNN esté aquí cubriéndome no deberías estar aquí, dijiste que no ibas a cubrirme”. De hecho, casi todos los principales canales de noticias de EUA, excepto CNN, transmitieron en vivo el discurso del mandatario a la Asamblea General.
Sin embargo, las reuniones clave al margen de la Asamblea General como sus reuniones privadas con el presidente de Ucrania, Volodymir Zelenski, o con el premier ministro del Reino Unido de la Gran Bretaña, Andy Burnham, quedaron al margen para las televisoras tradicionales ya que no enviaron equipos para cubrirlos en directo.
Tal y como lo avisó, ante el vacío de los medios acostumbrados, la Casa Blanca lanzó su propia señal por streaming llamada “Trump TV”. El primer acto transmitido por este medio, se hizo el lunes 21 de mes, repitiendo un discurso del 3 de julio que Trump pronunció en el Monte Rushmore. Mientras tanto, el miércoles 23, el juez de federal de Distrito, realizaría una audiencia crucial para resolver el veto impuesto por el magnate contra los periodistas de CNN, MS NOW y Politico.
Donald Trump defendió su decisión de impedir la entrada a algunos periodistas en la red Truth Social, asegurando que la “Casa Blanca no está emprendiendo un ataque contra la prensa libre” y aclaró que estas medidas están dirigidas contra las “fake News” (“falsas noticias”) a las que comparó con un cáncer que ha crecido en todo el país.
El conflicto comenzó el viernes 18 de mes, cuando el presidente anunció que los tres medios antes mencionados quedarían fuera de la residencia del Ejecutivo. Al día siguiente las reporteras Betsy Klein, de CNN; Akayla Gardner, de MS NOW y Cheyenne Hamlet, de Politico, no pudieron ingresar en la residencia. Sus acreditaciones fueron desactivadas y en el caso de la reportera de Politico, su pase fue confiscado.
Por otra parte, The Washington Post también se agregó a la protesta y anunció que no publicará fotografías de las actividades del magnate previstas el lunes 21 en ciudad de Nueva York. A su vez, los medios reprimidos llevaron el caso ante un juzgado federal de la capital del país. Afirmaron que la Casa Blanca retiró las credenciales sin previo aviso ni un procedimiento debido a objeciones sobre su cobertura. Los afectados solicitaron recuperar el acceso cuanto antes y pidieron una orden de emergencia mientras avanza el litigio.
- D. Vance, el vicepresidente, respaldó la medida y aseguró que el mandatario no prohibía a los medios informar, sino que decidía retirarles un acceso especial. De acuerdo a un jefe subalterno alrededor del 92% de las noticias que esas organizaciones publican sobre el presidente y su género son negativas. Asimismo, Jacqui Heinrich, presidenta de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, también rechazó la decisión y pidió restablecer las acreditaciones, advirtió que un criterio para excluir una organización por su cobertura política podría aplicarse posteriormente contra otros medios.
La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y su presidente, Pierre Manigault, sostuvieron que el “poder público no puede utilizar al acceso a sus instalaciones como instrumento de castigo contra los medios que lo cuestionen.
La primera etapa del litigio fue asignada por sorteo al juez federal Timothy Kelly. Este juez ya enfrentó un caso similar en 2018 cuando la CNN demandó a la Casa Blanca después de que le retiraron las credenciales al corresponsal Jim Acosta tras un tenso intercambio durante una conferencia de prensa. En aquella ocasión, Kelly celebró una audiencia apenas un día después de presentada la demanda y ordenó inmediatamente restituir la acreditación del periodista cubano estadounidense. La apuesta está en el aire.
Groenlandia a la buchaca
Y, después de un largo rosario de peticiones y negativas, el magnate ganó la partida de billar. Todo indica que se echó a la buchaca a la isla más grande del mundo, aunque con algunas salvedades.
El viernes 18 de septiembre, en la Oficina Oval de la Casa Blanca, rodeado de varios de sus colaboradores más cercanos, con una sonrisa en sorna, el presidente Donald John Trump, se echó otra bola a la buchaca: afirmó que había logrado un acuerdo con Dinamarca para reforzar la presencia militar de Estados Unidos de América en Groenlandia, luego de meses de amenazar con quitarle la isla por la fuerza a su aliado de la OTAN.
Más tarde, en una publicación en redes sociales Trump oficializó el acuerdo que “otorga a EUA el control permanente sobre la seguridad y todas las demás necesidades en Groenlandia, abordando por completo todas nuestras muchas preocupaciones”. De tal forma, el gobierno de Trump comenzaría “de inmediato” el proceso parkas desarrollar una mayor presencia militar en el territorio danés. En otro comunicado, el secretario de Estado, Marco Rubio afirmó: “es un acuerdo histórico” y una “gran victoria para Estados Unidos”. El jefe de la diplomacia estadounidense agrega: “Groenlandia será para siempre parte del área de defensa estratégica de América del Norte y excluirá a cualquier adversario de ella y del área circundante” … “Este acuerdo aborda de manera permanente y completa nuestras preocupaciones de seguridad nacional en Groenlandia”.
Agregado a lo anterior, un funcionario de Estado, cuya identidad se ocultó, dijo: “El acuerdo garantiza explícitamente a EUA la completa capacidad de hacer lo que considere necesario en Groenlandia para asegurar y defender el continente americano, incluida la posibilidad de acceso permanente, establecimiento de bases y derechos de sobrevuelo”. Además, “este pacto garantiza que China y Rusia no pueden tener una base en Groenlandia, no pueden enviar tropas a Groenlandia y se han instaurado los mecanismos necesarios para impedir inversiones en sectores sensibles”.
Según Washington, el pacto es permanente y seguirá aplicándose incluso en caso de una eventual independencia de Groenlandia, cuyo pueblo tiene reconocido el derecho a la autodeterminación respecto de Dinamarca.
Como adenda a esta “noticia”, tan cantada por Donald Trump, hay que decir que el martes 22 de mes, el “acuerdo de seguridad” convenido por las partes interesadas: EUA, Dinamarca y Groenlandia fue rubricado en una parca ceremonia en presencia del magnate, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, y el primer ministro groenlandés, Frederiksen Nielsen, que posaron para la fotografía mostrando los tres documentos originales firmados por ellos mismos.
“Esto es algo extraordinario para Europa y para Estados Unidos, para todo el mundo y para Groenlandia. Va a ser increíble y la gente de Groenlandia ha sido muy amable. El pueblo de Dinamarca ha sido increíble, así que va a ser una relación fantástica a largo plazo”, declaró Donald John Trump.
Hasta el momento de escribir estas líneas no se conocen declaraciones al respecto de los gobiernos de China y de Rusia, y de otras capitales europeas. Ya se conocerán. Así como irán conociendo las concesiones y promesas del mandatario republicano para convencer a los habitantes de la gigantesca isla. Por el momento, fin de la historia.
El acuerdo anunciado por Trump, encontró cobijo en la sede de la ONU. Para que luego los escépticos no digan que el organismo no sirve para nada. VALE.
