Andrés Manuel López Obrador prometió una y otra vez que México tendría un sistema de salud mejor que el de Dinamarca. Claudia Sheinbaum heredó aquella promesa y la responsabilidad de convertirla en realidad. El problema es que los médicos y enfermeras no han recibido la noticia de que ya vivimos en el paraíso sanitario y están ocupados protestando. Las batas blancas han salido a las calles de la Ciudad de México y de distintos estados, no para celebrar los avances históricos de la transformación, sino para reclamar salarios, medicamentos, equipo, personal suficiente y condiciones dignas de trabajo. El conflicto tiene números que deberían avergonzar a cualquier gobierno que presume gobernar primero para los trabajadores. La propuesta de incremento salarial es del 6.8%, pero solamente 2.9% corresponde directamente al salario tabular. Los inconformes exigen un aumento del 10%, cuestionan a la dirigencia del sindicato encabezada por Rafael Olivos Hernández y reclaman recuperar derechos laborales y pensionarios. Mientras tanto, las protestas ya llegaron a hospitales, avenidas y oficinas del Seguro Social.
En septiembre llegaron a realizar siete protestas en apenas dos semanas. Siete. En el país que iba a tener el mejor sistema de salud del mundo, los trabajadores tienen que salir a manifestarse para pedir con qué atender a sus pacientes. La ironía se escribe sola. Zoé Robledo, director del IMSS, asegura que el instituto sigue funcionando, que ha contratado personal y que diariamente se realizan miles de cirugías y consultas, datos que deben reconocerse, pero también debe escucharse a quienes sostienen esa operación desde dentro.
Porque un hospital puede aparecer abierto en las estadísticas y seguir enfrentando carencias graves en sus pasillos, puede presumir consultas y tener personal agotado, puede inaugurar nuevas instalaciones mientras otras se caen a pedazos, literalmente, y hasta puede contratar médicos cubanos sin resolver la situación de quienes llevan años esperando una plaza definitiva. La propia Sheinbaum terminó reconociendo que existen demandas legítimas, entre ellas el desabasto de medicamentos y la falta de estabilidad contractual de médicos y enfermeras incorporados durante la pandemia. Qué bueno que lo reconoce, ahora urge resolverlo porque el problema de la 4T nunca ha sido encontrar palabras suficientemente grandes para describir sus proyectos. Megafarmacia, IMSS-Bienestar, Servicio Universal de Salud, Transformación histórica, bla, bla, bla. El problema aparece cuando esas palabras llegan a una sala de urgencias y descubren que los discursos no sustituyen medicamentos, personal ni equipo.
También conviene recordar que detrás de cada protesta hay pacientes. Personas que necesitan consultas, operaciones y tratamientos. Por eso las movilizaciones deben proteger siempre el acceso a los servicios de emergencia y exigir responsabilidad a los trabajadores no libera al gobierno de la suya. Durante años, Morena presumió ser el movimiento que devolvió la dignidad al pueblo trabajador. Hoy tiene frente a sus oficinas a enfermeras, médicos, camilleros y empleados que le recuerdan que la dignidad también se mide en la nómina y en las condiciones laborales. No basta con llamarlos héroes cuando llega una pandemia pero ignorarlos cuando reclaman sus derechos.
El sistema de salud mexicano necesita inversión, administración eficiente, transparencia y una negociación laboral seria. No ceremonias de inauguración ni colección de promesas que terminarán heredándose al siguiente sexenio. AMLO, sus legisladores y los altos funcionarios de su gobierno prometieron Dinamarca pero ellos, sus hijos y sus familias se atienden en hospitales privados. Sería de parte de la 4t un detallazo que aprueben una ley para que diputados, senadores y sus familias solo se puedan atender en el IMSS, ISSSTE y demás hospitales públicos. Como dicen las pancartas de los inconformes, “¡Si el IMSS es bueno para el pueblo, debe ser bueno para ellos!” AMLO insultó, atacó a laboratorios y distribuidores de medicamentos pero ni él ni su sucesora han podido detener el colapso de la salud pública, la precarización del salario de sus trabajadores y el inédito desabasto de medicamentos y equipo en los 8 largos años que llevan en el poder. El sistema de salud del futuro todavía no llega. Pero sus trabajadores ya están en las calles y sus protestas cuentan con la simpatía de Juan Pueblo que tiene algún familiar víctima del desastre, o porque sabe que tarde o temprano, él también lo será.
Platos extra
La operación cicatriz morenista se complica en Nuevo León donde a Tatiana Clouthier, quien enfureció con la decisión de colocar a Clara Luz Flores como virtual candidata a la gubernatura, se sumaron a sus pataleos el senador Waldo Fernández y el alcalde con licencia de Escobedo, Andrés Mijes. Los tres ya aparecieron juntitos y de la mano para exigir se revierta la decisión que volvería a entregar la entidad a sus opositores. No olvidemos que Flores Carrales perdió la pasada elección cuando en plena campaña salieron a la luz sus nexos con el grupo NXIVM, acusado en Estados Unidos de explotación sexual y asociación delictuosa. En Nuevo León los naranjas de MC cuentan con el apoyo del gobernador Samuel García que hará lo posible por retener el gobierno de la entidad y la mayoría de sus municipios y por el PRI-PAN iría el alcalde de Monterrey, Adrián de la Garza, el mejor posicionado en encuestas recientes.
La buena: El turismo internacional en México creció 1.3% anualizado en agosto. La mala: La Canasta Alimentaria Urbana creció en septiembre 1.1% con respecto a agosto, 5.54% anualizada, muy por encima de la inflación general que en septiembre se ubicó en 3.45%, según cifras del INEGI. La peor: El FMI considera que México no regresará al selecto grupo de las 10 mayores economías del mundo de aquí al año 2031 debido principalmente a la falta de inversión. Ahí están los resultados de desmantelar los organismos autónomos y destruir el Poder Judicial.
