Aunque más de cien naciones tienen al menos un satélite en el espacio, la realidad es que el cosmos cercano no está repartido equitativamente. Estados Unidos domina los cielos con un aplastante 87 % de todos los objetos en órbita, dejando a China con un 8 % y al resto del planeta repartiéndose las sobras. Además, el club de los que realmente pueden poner algo allá arriba es súper exclusivo: de más de doscientos países en el mundo, solo 12 tienen la capacidad técnica para lanzar sus propios cohetes.
Pero el verdadero giro de tuerca no es entre potencias mundiales, sino entre quiénes son los dueños del cielo. Hace apenas unos años, en 2010, la exploración espacial era un asunto mayoritariamente estatal; casi una cuarta parte de los lanzamientos provenía de gobiernos. Hoy esa historia cambió de forma radical. Según datos recientes de la OCDE, el 88 % de los satélites en órbita pertenecen a empresas privadas.
Y aquí viene el dato que te va a volar la cabeza: ¡seis de cada diez satélites activos en todo el planeta pertenecen a Starlink! Sí, la red de internet espacial de Elon Musk controla la gran mayoría del tráfico en la órbita baja terrestre. Pasamos de la Guerra Fría entre superpotencias a una era donde el espacio exterior le pertenece, literalmente, al sector corporativo.
La próxima vez que salgas de noche y veas un punto brillante cruzando el firmamento, piénsalo dos veces: muy probablemente no sea una estrella, ni un secreto militar, sino el router gigante de una empresa privada. ¿Crees que sea seguro dejar nuestro cielo en manos de unos cuantos privados?

