La imposibilidad de rendir cuentas claras del manejo de los recursos y fondos públicos va a ser una de las razones por virtud de las cuales Morena, a pesar de que pierda las elecciones presidenciales del 2030, se niegue a reconocer su derrota y a entregar el Poder. Esa organización va a hacer lo indecible para conservar cuando menos la presidencia de la República. El triunfo de García Harfuch pudiera ser un mal menor para los morenos. Para permitir su candidatura tratarán de obtener de él máximo garantías y seguridades. Él, con tal de llegar no se debe detener en promesas de impunidad. Llegado el momento, como dice Maquiavelo: No le faltarán razones para no cumplir sus promesas. Que recuerde: el prometer no empobrece.
En ese supuesto únicamente Ricardo Salinas Pliego, para afianzarse en el poder y contando con el apoyo indirecto de los Estados Unidos de América, podría exigirles responsabilidad. Él no tiene compromisos de complicidad o de compañerismo con los morenos. El apoyo que pudiera venir del país del Norte es simple: sin recurrir a una política intervencionista: que las autoridades de ese país, durante la campaña, se limiten a solicitar la extradición de los morenistas más connotados, en especial del candidato a la presidencia; pasadas las elecciones solicitar la misma respecto de aquellos que se resistan a reconocer la derrota.
Es evidente que Salinas Pliego no ganará una mayoría calificada en el Congreso de la Unión. Por ello, para ablandar a los legisladores remisos, será necesario el auxilio anterior. Durante la campaña política del 2030 mucho ayudaría que los EUA, retirara a un buen número de candidatos. Una vez electos, solicitar su extradición para los efectos de ser juzgados.
Quedó demostrado que los elementos castrenses no son buenos constructores; tampoco buenos administradores de los bienes públicos. Existe la sospecha de que no están exentos de dudas respecto de su integridad en el manejo de los bienes y recursos públicos o de que durante el virtual estado castrense implantad por AMLO establecieron prácticas de encubrimiento. No lo digo. Existen muchos testimonios que así lo sostienen.
Los militares deben volver a sus cuarteles, de donde, en mala hora salieron por la voluntad de un presidente que nos prometió regresarlos a ellos. Nada asegura que estén anuentes a someterse a la autoridad civil.
La Guardia Nacional debe volver a ser una institución civilista, con mandos civiles y volver al modelo de hacerla constituir por civiles debidamente adiestrados y bajo el mando de civiles.
Habrá que volver a la fórmula aprobada por el Constituyente de 1857, que reitero el de 1917:
“Art. 127. En tiempo de paz ninguna autoridad militar puede ejercer más funciones que las que tengan exacta conexión con la disciplina militar. …”
En este caso García Harfuch o Ricardo Salinas van a encontrarse con la novedad de que los militares, habiéndole tomado el gusto a la realización de obras empresas públicas, por sí no van a estar anuentes con que le priven de ellas. Es previsible que exista oposición a renunciar a todo lo que, con el ánimo de comprometerlos, les entregaron AMLO y la señora Sheinbaum.
“En tiempo de paz, ninguna autoridad militar puede ejercer más funciones que las que tengan conexión con la disciplina militar.…”
Urge desaparecer esa farsa de Suprema Corte de Justicia, tribunales y jueces de distrito que instauraron los morenistas y hacer que ocupen la función jurisdiccional auténticos y conocedores jueces. Con pena y con humildad habrá que suplicar a los jueces, magistrados y ministros desplazados vuelvan a ocupar su sitial. Tenemos que borrar de tajo toda reminiscencia de la farsa que tenemos: ministra del pueblo, ministro de usos y costumbres, ministros que afirman que no pueden juzgar de la constitucionalidad de las leyes del Congreso. Que todos ellos se vayan a la basura, de donde los sacó AMLO en su afán destructor y revanchista.
Los mayores problemas a los que tendrá que hacer frente el próximo presidente de la República son cuatro: uno la delincuencia organizada generalizada que se observa en todo el territorio nacional y que afecta en general a la población; dos los posibles nexos que elementos de Morena pudieran tener con ella. El otro, la generalizada corrupción que en todos los niveles existen en el sector público. Y el último, las finanzas públicas: déficit público, inflación galopante y el gasto que por las dádivas generalizadas que, con el fin de ganar votos, impusieron los gobiernos morenistas.
De todos los gobiernos supuestamente izquierdistas, de perder Lula da Silva la segunda vuelta, en el continente americano sólo quedarían Cuba y Nicaragua en el. Los mexicanos, por mucho tiempo, vamos a quedar vacunados contra ese izquierdismo corrupto y antidemocrático que trató de imponernos la mal llamada cuarta transformación.
El autor es Catedrático Universidad Autónoma Metropolitana.
