México tiene una justicia electoral surrealista, impartida por un Tribunal y magistrados electorales surrealistas.

La historia comienza con el presidente del país vecino del norte. Tal vez Donald Trump nunca supo que un comentario suyo provocaría que un caricaturista fuera sancionado por la justicia electoral en México. Tal vez ese comentario sea el inicio de la injerencia extranjera en las elecciones en México.

Un día, el presidente norteamericano despertó con la idea de imponer aranceles a los aguacates mexicanos. La diputada Itzul Barrera, llena de sentimiento patriótico, al igual que todos los morenistas que gritan soberanía hoy en día, ¡decidió defender el aguacate mexicano!

En su ideario marxista-leninista se preguntó: ¿cómo se atreve Donald Trump a querer gravar el aguacate mexicano? Pensó para sus adentros que el aguacate es tan patrio que hasta uno de sus colores coincide con el de la Bandera Nacional.

Era tanto su deseo por defender el aguacate mexicano que decidió hacer algo muy serio frente a tal amenaza. Pensó: “necesito fijar un posicionamiento firme y contundente que llegue hasta Washington para que Donald Trump desista de tan grave afrenta aguacatera”. Entonces, decidió escribir un tuit.

El texto para defender nuestro amado aguacate fue: “Oigan y si le ponemos un 70% de arancel al aguacate. A ver, hagan american aguacate.” Así, con esa inigualable contundencia, Itzul Barrera defendió nuestro oro verde. ¡Porque México no es piñata de nadie!

Entonces, apareció un “malvado macho alfa, lomo plateado, barba de leñador, pelo en pecho, espalda de gladiador, voz de vikingo” y, además, caricaturista. Francisco Navarrete, se atrevió a cometer un delito electoral. Las armas que usó para el ilícito fueron un lápiz y papel. Sí, con total dolo, alevosía y ventaja revisó el perfil de Instagram de Itzul Barrera, observó una fotografía que ella subió en su perfil y, sin más, caricaturizó la fotografía y añadió como título del cartón La diputada en su paraíso.

No contento ni satisfecho con semejante villanía añadió un texto que pareciera salir de la boca de Itzul Barrera: “Si Trump quiere poner aranceles, que le ponga 70% al aguacate, ¡y se quedan sin aguacates! Al tiempo, Itzul recibe una respuesta: ¡No, reina! ¡Nos quedamos sin venderlos!

Muy ofendida y agraviada por la caricatura, Itzul decidió ir al Tribunal Electoral de Jalisco para denunciar a Paco Navarrete por el mortal crimen de caricaturizar una fotografía de ella misma, con las mismas condiciones y posturas. No más. No menos.

El Tribunal de Jalisco revisó las pruebas. Analizó el arma criminal y verificó que tanto el lápiz como el papel tenían las huellas dactilares de Paco Navarrete.

Luego, revisó el periódico en el que se imprimió la caricatura y observó algo terrible: la palabra diputada estaba cortada para decir “diputa-da”. Además, los magistrados electorales vieron que la caricatura mostraba a Itzul Barrera sentada con las piernas descubiertas, igualita a la postura que se observa en la fotografía que la propia diputada subió a su Instagram.

Los magistrados electorales, en total respeto a la Constitución y a la ley concluyeron que no podían meter a la cárcel a Paco Navarrete. Sin embargo, lo condenaron a hacer un video para “pedir” disculpas a Itzul Barrera por la afrenta de haber caricaturizado a la diputada.

Paco, con fe por la justicia, el sentido común y en espera de que la resolución surrealista del Tribunal de Jalisco fuera revocada, acudió a la Sala Guadalajara del Tribunal Electoral Federal. Sí, la misma Sala que meses antes también había condenado a una mujer, también por violencia política de género, porque se atrevió hablar mal de otra diputada de MORENA en una conversación privada de WhatsApp.

Paco se llevó la gran decepción de que la justicia federal también consideró que con su cartón había cometido un crimen atroz, así que se confirmó su condena.

Entonces, decidió acudir a la Sala Superior del Tribunal Electoral. Seguramente siete, perdón, ahora cinco, magistrados, verían la gravedad de su caso y, por lo menos, emitirían una sentencia de fondo analizando todo lo que implica interpretar y sancionar por una caricatura.

El México de la libertad de expresión surrealista le daría otra lección a Paco: su asunto fue turnado al magistrado electoral que más rápido desecha, Felipe de la Mata. Es el mismo que quería desechar el gravísimo caso del WhatsApp y que tuvo que retractarse cuando un duro reclamo social le hizo ver que, al menos, debió tomarse la molestia de leer la demanda. Su “estadística” demuestra que, para él, la justicia pronta y expedita se logra desechando cuanto asunto le llega (a menos que tenga un reflector encima).

Justamente eso fue lo que sucedió, Felipe propuso deshacerse del asunto, y sin analizar la gravedad del caso, la Sala Superior desechó la demanda de Paco Navarrete.

Así, tras un calvario en donde Paco pasó veinte meses intentando explicar a los tribunales electorales lo que es su profesión y el significado de una caricatura política, nadie lo escuchó y la justicia se le negó.

La historia de Francisco Navarrete no es única. En la justicia electoral el surrealismo impera, porque en México los tribunales electorales decidieron que mientras los políticos diariamente cometen ilícitos electorales a la vista de todos, lo de hoy es sancionar a ciudadanos, periodistas, caricaturistas y hasta a fantasmas digitales.

Es esa justicia surrealista que no ve amenaza en los actos anticipados de campaña, los acordeones de la elección judicial, los sobres amarillos ni el desvío de recursos públicos para las campañas o la injerencia del crimen organizado en las elecciones; pero sí se aterra si ve un lápiz, un papel y el ingenio de un monero.

En el caso de Paco, tanto peca la que compra los aguacates como el que hace el guacamole. Itzul compró los aguacates y el Tribunal Electoral hizo el guacamole. Itzul nunca debió denunciar esa caricatura y los tribunales electorales jamás debieron sancionar.

Abogada electoral y constitucional | Columnista | Análisis político

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