Las series de TResearch, construidas con datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), describen dos delitos que dejaron de crecer, pero no de ocurrir, o al menos de denunciarse. A julio de 2026, la violación equiparada suma 9,888 denuncias en el sexenio y la violencia de género, 9,357. Conviene precisar que la primera categoría no abarca toda la violación, sino los actos equiparados a ella, y que la segunda es una clasificación distinta de la violencia familiar.
Coincidencias: una meseta alta
Ambas series crecieron de forma sostenida desde 2015. La violación equiparada pasó de 2,081 denuncias a 7,455 en 2022; la violencia de género, de 1,645 a 6,614 en 2024. Desde entonces se estabilizan en niveles que duplican o casi triplican los de 2018: 6,123 y 6,539 casos en 2025, con variaciones de 0% y -1%. Julio de 2026 repite el signo: 561 denuncias de violación equiparada (-3% frente a las 578 de julio de 2025) y 448 de violencia de género (-16% frente a 535). Las dos bajan, pero ninguna regresa a los niveles previos a 2019.
Variaciones: lo que no cuadra
Aquí comienza la fricción. La violación equiparada se reparte con cierta amplitud: Ciudad de México (2,317), Estado de México (1,198) y Nuevo León (783) reúnen 43%. La violencia de género se concentra casi por completo: Veracruz (3,868), Estado de México (2,580) y Querétaro (2,176) suman 92%. Solo el Estado de México aparece en ambos podios.
Más llamativo aún: la capital y Nuevo León, líderes en violación equiparada, no registran un solo caso de violencia de género, y Veracruz, primero en esta última, apenas suma 32 de la primera. En total, veinte entidades reportan cero violencia de género en el sexenio; en violación equiparada, solo cuatro.
Las tasas por millón de habitantes confirman la disparidad. Campeche (556), Ciudad de México (252) e Hidalgo (208) encabezan la primera; Querétaro (919), Veracruz (480) y Guerrero (177), la segunda. Es difícil creer que la geografía del agravio sea tan distinta. Resulta más verosímil que cada fiscalía clasifique y registre de manera diferente.
El ritmo de 2026 y el espejismo estadístico
El acumulado de enero a julio de 2026 es de 3,765 denuncias de violación equiparada, unas 538 mensuales frente a 510 en 2025: cinco por ciento más. En violencia de género, 2,818 casos equivalen a unas 403 mensuales contra 545 del año pasado: una caída de 26%. Son dos delitos con tendencias opuestas, en el mismo semestre y bajo el mismo gobierno.
La gráfica de variación de julio sugiere que el descenso de la violencia de género obedece en buena medida al Estado de México, cuya barra de 2026 prácticamente desaparece, mientras Veracruz sube. De confirmarse, la caída sería un asunto de registro y no una mejora en la vida de las mujeres.
Una advertencia metodológica
Los totales “sexenales” coinciden exactamente con la suma de 2025 y lo corrido de 2026 (6,123 más 3,765; 6,539 más 2,818). Es decir, no incluyen los últimos meses de 2024, aunque el periodo de gobierno inició en octubre de ese año. No altera la tendencia, pero sí la comparabilidad con otros cómputos.
Además, se trata de denuncias, no de delitos. El aumento histórico puede reflejar mayor confianza para denunciar, y la meseta, agotamiento o saturación institucional. La cifra negra queda fuera del cuadro.
Lo que invita a discutir
¿Se erradican estos delitos? Los datos no lo sustentan, pero tampoco prueban lo contrario. Un sistema donde el mismo hecho se contabiliza o se invisibiliza según el estado impide celebrar o lamentar con rigor. El gobierno puede exhibir las bajas de julio; sus críticos, las mesetas de dos años. Ambos tienen razón a medias.
La exigencia pendiente no es solo reducir las cifras, sino volverlas comparables. Mientras no exista un registro homogéneo, la política pública seguirá diseñándose sobre un mapa con zonas en blanco.
