En su oposición a la inversión privada en Pemex
Félix Fuentes
Cuauhtémoc Cárdenas está en su derecho y tiene calidad moral para defender la expropiación petrolera y el petróleo mismo por ser la mejor herencia a México de su padre, el general Lázaro Cárdenas. Hartan, en cambio, grupúsculos como el Morena de Andrés Manuel López Obrador, los cuales se cuelgan de esa decisión histórica para ganar notoriedad.
Sin tener de dónde asirse, López Obrador se ufana de que va a actuar con energía para evitar la privatización del petróleo y el incremento al IVA. Este Peje no puede evitar nada por carecer de autoridad y día a día se empequeñece con su grupúsculo, Morena.
El tabasqueño se ha encargado de hacer cachos a la izquierda, y quienes lo apoyaron en la pasada campaña presidencial lo tachan de traidor por denostar al PRD, al Movimiento Ciudadano y al Partido del Trabajo, de los cuales ha dicho que nada quiere saber.
Auténticos luchadores sociales se alejan de esos partiditos porque, dicen, ni son de izquierda, y sus endebles líderes sólo se preocupan por hacer dinero y lograr posiciones en la administración capitalina, en el Congreso de la Unión y en las cámaras legislativas estatales. Los ejemplos abundan.
López Obrador no se atrevió a encabezar la expropiación petrolera en el Distrito Federal. Encargó el evento a su segundo, el que se estampa contra las puertas de cristal, Martí Batres quien, si acaso, reunió a dos mil manifestantes frente al Hemiciclo a Juárez.
Andrés Manuel fue a Villahermosa, Tabasco, donde se dirigió ante un minúsculo auditorio, y en su actitud eufemística habló de “no voy a permitir” o “voy a impedir”. Se refirió a las reformas en ciernes del priista Enrique Peña Nieto, las de energía y fiscal.
López Obrador mantiene su delirio de grandeza de campaña, en la cual habló como presidente y dirigió amenazas a sus adversarios. No percibe que perdió y sus sueños de primer mandatario se quedaron en el limbo.
En el acto de avenida Juárez, en el Distrito Federal, hubo acarreados perredistas disidentes, algunos presuntos del desaparecido Yo Soy 132, miembros del sindicato electricista sin empresa y muchos desorientados que no supieron a qué fueron.
Y Martí Batres, pasándose de vivo como su jefe Andrés Manuel, presentó su propuesta energética, basada en la construcción de cinco refinerías. Que en estos días de cuaresma lo perdone el Señor por no saber de qué habla.
En doce años, el PAN no fue capaz de construir la refinería de Tula, de la cual sólo fue hecha la barda perimetral en el sexenio de Felipe Calderón. En febrero del año pasado se intentó otorgar la construcción de esa obra a la ICA, a un costo de 10 mil millones de dólares.
O sea, para llevar a cabo las 5 refinerías propuestas por Batres se requieren 50 mil millones de dólares, sin contar el valor de los terrenos y el costo de los proyectos. Pemex y el gobierno carecen de esa suma y por ello se insiste en la inversión extranjera. A palabras necias, oídos sordos.
En otro acto realizado en el Monumento a la Revolución, el PRD celebró su 18 de marzo y asistieron Cuauhtémoc Cárdenas y el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera.
Mal le fue al dirigente amarillo, Jesús Zambrano, quien fue perseguido por una reducida turba que le gritó “¡eres un cínico!”, “¡vendido, vendido!” y otros peores insultos, por el pecado de haber firmado el Pacto por México, propuesto por el presidente Peña Nieto.
Así es la izquierda mexicana de hoy y de ella afirma el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, que “no tiene propietario” y por lo mismo no se ha afiliado a ningún partido. ¿Quiénes en su juicio se quieren meter en esas ollas de grillos y alacranes?
