Mito genial

Christián Gutiérrez

Una vez más está de moda el tema: “reformar Pemex para hacerla más competitiva, a pesar del discurso de algunos partidos y actores políticos que exigen no privatizarla, pues esta empresa es patrimonio de todos los mexicanos”. ¿Patrimonio de todos? Me parece una hipótesis subjetiva, no creíble e, incluso, provocadora. ¿Qué beneficios particulares me da Pemex, se preguntan muchos? En realidad la respuesta no es difícil de explicar, pero quienes hablan de un Pemex “de todos los mexicanos” no lo saben comunicar. No es tan complejo explicar que:

a) Esta empresa genera riqueza suficiente “para pagar buena parte del gasto corriente del gobierno federal (sueldos, salarios, subsidios y pensiones), el cual en 20 años (1990-2010) se elevó significativamente de 9.5% a 14.9% del PIB. Solo entre 2000 y 2010, el gasto corriente creció a una tasa promedio anual de 5.86%, en contraste con la economía que lo hizo a una tasa de 2.29%” (Luis C. Ugalde).

b) La riqueza que genera Pemex se utiliza para financiar subsidios a los mexicanos, que sirven para focalizar y combatir la pobreza. El problema surge cuando estos subsidios se utilizan para crear clientelas políticas y electorales.

c) La riqueza de Pemex se utiliza para entregar excedentes económicos a los gobiernos estatales y municipales, los cuales deben ser utilizados para generar mayor riqueza, bienestar y desarrollo social.

Entonces ¿qué hacemos con Pemex y con los políticos que aprovechan la historia de México y desempolvan ese discurso de Buenos contra Malos, asegurando que los actuales inquilinos del gobierno federal quieren vender la patria?

Lo primero es reconocer que México necesita una reforma energética expansiva y transversal, que va más allá de reformar Pemex.

Lo segundo es reconocer que una reforma integral, expansiva y transversal en materia energética no será posible si no se toma en serio una reforma profusa a Pemex, sobre todo, reorientar el objetivo y el destino de la riqueza que genera.

Tercero, repensar e impulsar, desde el espacio público, el valor real y efectivo que deben tener las instituciones en México, por ejemplo, abrazar la idea de que “la importancia de las instituciones estriba en que son la fuente auténtica de la realidad política, y en las cuales necesariamente se deben apoyar los cambios sociales, ya que sin ellas no es posible lograr una identidad nacional, la unión de todas las fuerzas reales de poder, los objetivos de nuestro nacionalismo apoyado en la Constitución, entre los que destaca la democracia institucional y una justa distribución de la riqueza pública” (Andrés S. Rojas).

En conclusión, no creo que Pemex esté agonizando, mas bien esto me parece un mito genial.

El autor es politólogo.

Blog: http://christiangutierrezalonso.wordpress.com/