Entrevista a Daniela Tarazona/Autora de El beso de la liebre
Eve Gil
Claramente influenciada por Julio Cortázar, Jorge Luis Borges y Michael Ende, pero al mismo tiempo diferente y con un estilo muy suyo que ya se dejaba entrever desde su primera novela, El animal en la piedra (Almadía, 2008), Daniela Tarazona nos embosca por segunda vez con personajes fuera de este mundo y sin embargo complejamente humanos, a través de su segunda novela El beso de la liebre (Alfaguara, 2013)
Aventuras y desventuras de una “hija de Dios”
“Desde mi novela anterior, una de mis obsesiones ha sido la muerte —explica la autora nacida en la ciudad de México en 1975—. Mi escritura trata de encontrar una respuesta a mi inquietud y ante la certeza de que algún día dejaré de existir. Aunque entienda que la gente se tiene que morir, hay una parte de mi cerebro que se niega a aceptar que hoy estoy aquí… y después ya no.”
El beso de la liebre, cuyo título alude al labio leporino de su protagonista, Hipólita Thompson (característica que, por cierto, nunca es nombrada como tal y es denominada como “una herida entre los labios”), aborda las aventuras y desventuras de una “hija de Dios” que posee el don de la inmortalidad, aunque soy más partidaria de llamarlo “resurrección”, puesto que muere varias veces a través de la historia.
Intrigante desde su nombre mismo, Hipólita “surge de esa reflexión sobre mi temor a desaparecer, pero también es una ironía de la heroicidad. Es un personaje que tiene la condición de héroe, al menos así la señala su sociedad y sin embargo es una paradoja porque si algo hemos ido perdiendo es la capacidad para creer en héroes y, más aún, para ser héroes. También es una ironía respecto a la trascendencia (inmortalidad) de ese héroe, revisándola a través del perfil de lo humano, por eso todo el tiempo está naciendo y renaciendo. Es una metáfora de la existencia, de la búsqueda y del error, y a veces pienso que todos somos un poco héroes por las cosas tan terribles que nos ha tocado sortear en el mundo contemporáneo.”
La novela se mueve en un mundo intemporal, donde los más sofisticados aparatos y avances médicos cohabitan con corceles, espadas y quema de brujas. Explica Daniela:
“Hipólita está fracturada en todos los sentidos por su condición de héroe, trabajadora y mujer doméstica, y muere y resucita muchas veces en un mundo apocalíptico, y más allá incluso, y vive atrapada en una guerra interminable que se recicla.”
Rostros desfigurados
Otra constante de la novela son los rostros desfigurados. Casi todos los personajes tienen alguna clase de deformidad evidente, como sería el caso de Guillermo Thompson, el padre adoptivo de la protagonista, que es descrito —que no calificado— como un monstruo que perdió sus rasgos faciales durante la guerra.
“Es mi gusto —dice Daniela— por la diferencia y la anomalía, que está desde mi novela anterior, pero aquí me clavé mucho más. Está, por ejemplo, la historia de Johanna inspirada en una mujer francesa llamada Isabelle Dinoire, cuya experiencia me cimbró mucho, pues su perra le arrancó medio rostro durante un desmayo, tratando con desesperación de despertarla. Ella fue sujeto del primer transplante parcial de rostro de la historia en el 2004. Yo quería escribir algo sobre eso, y creo que es algo que seguirá presente en mis siguientes libros: lo orgánico y lo biológico, pero sobre todo el tema de la identidad. ¿Qué significa tener un rostro deforme? Significa, creo, tener una historia que vale la pena contar, una historia diferente.”
“En este sentido —prosigue Daniela— mi novela también es una especie de crítica a un mundo que pretende homogenizar nuestra identidad, quitarnos «las rebabas», por decirnos de alguna manera.”
No es de extrañar, por consiguiente, que el personaje afín pero al mismo tiempo antagónico de Hipólita Thompson sea la enigmática doctora Madame Noël, quien, entre otras cosas, porta las córneas de la primera encarnación de Hipólita.
Y si estos personajes resultan insólitos para el lector, las sorpresas no paran allí, pues otro de los protagonistas de El beso de la liebre es nada menos que Dios.
No creo en un Dios
“Dios —dice Daniela— es personaje porque al hacer una súper heroína, y tomar rasgos de las amazonas, tenía que ser la hija de Dios. Es un Dios que tiene mucho de Zeus, pero también del Dios bíblico, un tipo de representación de Dios que hace sus figuras de barro. Pero también, como todos los personajes del libro, es un heredero de la divinidad, como un empresario que hereda la titularidad o dirección de una fábrica, aunque este Dios es desidioso, sabe que como Dios puede hacer prácticamente cualquier cosa, pero tampoco tiene claro por qué las está haciendo. Es un Dios que envidia a los hombres, que quisiera tener su suerte, y para mí fue también una crítica al Estado, a un orden autoritario de las cosas.”
“No creo en un Dios —aclara la autora—, pero sí, absolutamente, en lo que no se puede explicar, en lo que escapa del raciocinio y de la comprensión a través de los afectos, y lo que nos lleva a trasgredir límites. En eso creo firmemente y en eso consiste la intuición humana y es algo en lo que siempre confío cuando escribo.”
Daniela Tarazona, estudiosa además de Clarice Lispector sobre quien publicó un ensayo en 2009, trabaja actualmente en una tercera novela sobre la que solo adelanta que tendrá un protagonista varón. Planea, además, reunir en un libro sus colaboraciones ensayísticas publicadas en Reforma.
