Alejandro Alvarado

El libro Linaje de brujos (Grijalbo), de José N. Iturriaga, aborda algunos hechos sexuales en los conventos. Describe la historia de dos personajes y sus creencias, las prehispánicas que subsistían un siglo después de la Conquista y las católicas que habían sido impuestas. Los exorcismos y la pederastia parecen pertenecer a la prehistoria (en el caso de esta novela al virreinato), paradójicamente, mantienen su vigencia. Existe, en 2013, informa el autor, un manual de exorcismos en el Vaticano con una historia atrás de siglos. La última revisión del manual es de 1998 y la aprobó el Papa Juan Pablo II.

—En la Diócesis de Roma actualmente hay un exorcista oficial que cuenta que Juan Pablo II llevó a cabo varios exorcismos y que en dos de ellos no tuvo éxito; pero él, el exorcista oficial, está tratando de curar a esos dos endemoniados. En la novela, dentro de lo que son los horrores en el convento, se conoce cómo los frailes se golpeaban a sí mismos con un látigo y se ponían un silicio (un cinturón como de reata, muy apretado sobre la piel del vientre, 24 horas diarias, para llagarse y lastimarse). En el epílogo de Linaje de brujos se hace referencia a un sacerdote polaco, muy amigo de Juan Pablo II y paisano de él, que escribió a la muerte de este papa un libro apologético de Juan Pablo II: Por qué él era un santo. Dice que cuando murió Juan Pablo II encontraron en su armario un látigo con el que el papa acostumbraba a castigar su cuerpo. Hay hábitos de este tipo que me parece que ya no los practican la mayoría de los sacerdotes.
Indepen­dientemente de la descripción de éstas, la intención de la novela es aportar el mensaje de que no hay una religión superior ni una creencia más importante que otra.
—¿Cuál podría ser la importancia real de la creencia?
—El ser humano guarda en su mente una parte racional y otra irracional, a la que yo prefiero llamar de una tendencia hacia la fe o la creencia religiosa. Hay quienes no requieren de esa segunda parte que señalo y viven, o vivimos, dentro de un pensamiento racional. Han existido grandes científicos de talla mundial que son creyentes de alguna fe religiosa; lo cual no se contrapone a su pensamiento científico sino que corren paralelos. No cuestionan científicamente lo irracional de la creencia religiosa. Esta última, para mucha gente sí es importante. La mayor parte de los seres humanos necesitan y tienen una religión.
—¿Estas creencias influyen en el anquilosamiento de una sociedad?
—El ser humano ha ido evolucionando en la misma medida que la ciencia. El desarrollo del género humano no es por el desarrollo de las religiones sino de la ciencia. Las religiones en sí mismas han desarrollado su propia evolución. El catolicismo en el siglo I, en el II y en el III, era una creencia muy primitiva; a partir del siglo IV o V ya empieza a conformarse, a estructurarse, de una forma mucho más armada, como un edificio ideológico religioso y así, seguramente, ocurre con otras religiones. No pienso que la religión sea un freno al desarrollo, un ancla al avance científico, por lo mismo que ya dije: corren paralelos. La sociedad es la suma de individuos. La fe religiosa es algo que posee o no posee el individuo. Como sociedad puede haber una cultura religiosa, los mexicanos todos somos guadalupanos, aunque muchos no tengan una fe religiosa. Las religiones siempre han ido de la mano con los grupos humanos. Las minorías han sido las que no creen en una deidad.
—¿Y la Iglesia Católica de la época de la Inquisición a la actual cómo ha evolucionado?
—La Iglesia Católica concretamente es una estructura muy sólida que no muestra una gran evolución, en realidad. Creo que la Iglesia se mantuvo muy apática y la primera que podríamos llamar, hasta cierto punto, revolución fue el Concilio Vaticano en donde influyó mucho el obispo Sergio Méndez Arceo, el obispo de Cuernavaca. Antes de ese Concilio la Iglesia tenía quizá varios siglos de no dar pasos adelante; en cambio, en el Concilio Vaticano asumieron prácticas que el obispo Méndez Arceo había implantado en Cuernavaca; por ejemplo, el decir la misa de frente a los fieles. Eso fue algo que todo mundo le criticaba a don Sergio en el nivel mundial. Pero el Concilio Vaticano II fue cuando no sólo se acepta sino que se implanta que la homilía se dé de frente a los fieles, antes se hacía dándoles la espalda, lo cual marcaba una barrera terrible entre sacerdote y feligreses; además, con eso ya éstos entendían el mensaje que transmitía el sacerdote. Don Sergio implementó también la misa en español, ya no en latín, y en el Concilio Vaticano II se estableció que las misas se impartieran en el idioma local. Todo esto representó un cambio importantísimo para la Iglesia. En esa misma época coincidieron otros dos sacerdotes en Cuernavaca, Gregorio Lemercier, sacerdote belga, y el vienés Iván Ilich, pero lo cierto es que ahí la Iglesia no intentó avanzar tanto. Lemercier implementó el psicoanálisis, lo que originó que echaran abajo su trabajo. Lo frenaron. Básicamente, la Iglesia Católica es monolítica y estática, porque sus fundamentos son las sagradas escrituras: libros antiguos que nos remiten a realidades de hace dos mil años. Todo esto es el fundamento de una iglesia, y por eso, obviamente, es difícil pensar en una evolución.
—¿La Inquisición representa el periodo de mayor fanatismo de la Iglesia Católica?
—La Inquisición representa, y sobre todo representó, el extremo mayor del fanatismo religioso. Llegó a realizar lo que llamaban actos de fe, sentencias de muerte quemando viva a la persona, y aquí, en la Ciudad de México, hubo actos de fe en lo que ahora es la plaza de Santo Domingo en el centro de la capital, y afuera de la iglesia de la Santa Veracruz, atrás del Palacio de Bellas Artes; realizó suplicios de ese tamaño con personas que no compartían sus mismas creencias y se negaban a renegar de su propia religión. Pero en todo lo trágico y en todo lo terrible siempre hay un saldo positivo. Esas grandes crisis o hechos dramáticos de las religiones son tan extremos que acarrean una reflexión, y como en la ley del péndulo, un movimiento hacia el sentido contrario les da un sentido positivo. Debo aclarar que el fanatismo religioso no es privativo en este caso y en esta novela de la religión Católica. Algunos budistas se han quemado vivos en actos de corte político. Este es un fanatismo que no le pide nada al que estamos hablando. Los mahometanos condenaron a muerte a Salman Rushdie por escribir un libro que consideraron contrario a la religión de ellos. En todas las culturas de Mesoamérica se practicaban sacrificios humanos. Terriblemente, éstos son una forma de fanatismo religioso. Sacarle el corazón a una persona en sus cinco sentidos es espeluznante. El sacrificio lo usaron también muchos pueblos de Europa en sus etapas primitivas. En España, en Andalucía, se practicaban sacrificios humanos. El fanatismo es una respuesta inherente a cierta etapa evolutiva del ser humano.