Hacia un pacto social
Christián Gutiérrez
Para que un país logre ser más democrático requiere de demócratas, es decir, personas que crean y vivan la democracia, reconociendo y respetando sus principios.
Por ello, México requiere no solo un Pacto por México, también un pacto social renovado, pues es innegable que se requiere democratizar a las personas y a las familias mexicanas. ¿Qué significa esto?
Ahora las relaciones familiares “democráticas”, implican vivir una responsabilidad compartida en el cuidado de los hijos —por ejemplo—, especialmente un mayor reparto de responsabilidades entre mujeres y hombres y entre padres y no padres, pues en la sociedad, las madres están cargando con una parte desproporcionada de las tareas y disfrutando de una parte desproporcionada de las recompensas emocionales de los hijos.
El matrimonio y la paternidad siempre se han considerado vinculados, pero en la familia destradicionalizada, en la que tener un hijo es una tradición totalmente diferente que en el pasado, se están desenredando.
La proporción de niños nacidos fuera del matrimonio probablemente no decrecerá, y las uniones sexuales vitalicias serán casi con certeza cada vez menos comunes. El compromiso contractual con un hijo podría así, separarse del matrimonio y ser asumido por cada progenitor como una cuestión de derecho obligatoria, con padres solteros y casados, con los mismos derechos y las mismas obligaciones.
Ahora, ambos sexos tendrían que reconocer que los encuentros sexuales tienen el riesgo de responsabilidades para toda la vida, incluyendo la protección frente al abuso físico. En combinación con otros cambios culturales que promueven una imagen más positiva de la paternidad, tal reestructuración de la paternidad socavaría la idea misma del “padre único”. En lo que concierne al cuidado de los hijos, implica la copaternidad por lejano que esto pueda estar en las coyunturas actuales.
La concepción derechista de la desintegración de la familia tradicional suele ir acompañada de una tesis específica sobre las limitaciones de los hombres: “los hombres son intrínsecamente incompetentes y moralmente irresponsables, y a menos que estén encerrados a buen recaudo en un buen matrimonio de tipo tradicional, son una fuerza socialmente subversiva”.
Sin embargo, estudios de opinión pública no apoyan esta idea. Para la mayoría de los hombres, como de las mujeres, el divorcio es una experiencia dolorosa y perturbadora y la gran mayoría de los hombres no sienten alivio por haberse quitado de encima las responsabilidades con sus hijos.
Por ello, soy de la idea que hay que fomentar aún más la co-paternidad mediante una serie de innovaciones. Dos ideas: combatir el término “padre ausente”, cuando no lo sea y legislar en el presente mayores derechos de paternidad. Los políticos que hablan mucho de la importancia de la familia, bien podrían comenzar por impulsar estas ideas, que tienen el ánimo de hacer más democrática la vida en familia, cuando se es padre o madre.
El autor es politólogo.
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