Sin indicios de mejoría en seguridad

Félix Fuentes

El miedo abruma a la república debido a las arremetidas permanentes de los cárteles y la imposición de cobros por derechos de piso, practicados también por individuos ajenos al narcotráfico.

El desempleo, la pobreza y la carestía de la vida inciden en individuos que imponen cuotas a comercios —pequeños y medianos—, industrias de distintos niveles, bares, cantinas y otros lugares de diversión. Tampoco escapan a las extorsiones y amenazas de muerte agricultores de aguacate, caña de azúcar y demás productos agrícolas.

Terminales camioneras son tiroteadas y a los vehículos de transporte se les incendia porque los permisionarios o dueños de vehículos se negaron a pagar los montos exigidos por hampones. Muchos delinquen a causa del hambre.

Entidades del norte del país sufren peores desmanes. Incontables empresarios cerraron sus negocios y huyeron a Estados Unidos o al centro del país para evitar las extorsiones y poner a sus familias a salvo de secuestros y asesinatos.

Tétricas historias de sucesos registrados en el país son escuchadas diariamente. De Tampico huyeron los empresarios importantes. “No quedó uno debido a los homicidios y persecuciones de las mafias”, cuentan quienes emigraron de esa población.

En pueblos o ciudades de Tamaulipas y Coahuila, son aplicados los cobros de piso. Un ciudadano de Reynosa relata que los negocios de esa población están apalabrados con los mafiosos y se han acostumbrado a la nueva vida, de pagar cuotas así se queden sin ganancias o éstas sean mínimas.

Lo anterior sucede porque mucha gente no tiene a dónde huir y se resigna a pactar acuerdos con delincuentes. En esos estados, policías y militares evitan enfrentamientos con los cárteles y prefieren estar a salvo.

En Nuevo León han disminuido los índices delictivos, pero sus habitantes saben que en cualquier momento pueden retornar los mafiosos. Por lo pronto tienen cuidado de no aventurarse en carreteras, como la de Monterrey a Reynosa, la cual se advierte solitaria y da terror.

Conductores de vehículos cuentan que desisten de las camionetas por ser pan preferido del hampa y procuran vehículos modestos cuando circulan en carreteras. “De todos modos vamos con el Jesús en la boca”, relatan quienes en todo momento pueden ser copados por las mafias.

Similares historias relatan habitantes de Durango, San Luis Potosí, Veracruz, Jalisco, Zacatecas y muy en particular los de Michoacán, Guerrero y Morelos, donde aumentan secuestros, extorsiones, asaltos y asesinatos a mansalva. Mucha gente va con miedo a los paraísos turísticos de Acapulco, Zihuatanejo, Puerto Vallarta y Cancún.

Debido a la situación de temor actual, México está considerado entre las cinco naciones más peligrosas del mundo y el turismo va a la baja.

Nadie sabe, ni el gobierno priista de Peña Nieto, cómo y cuándo terminará esta situación horrenda, heredada de los dos gobiernos panistas. No hay avances con la desaparición de la Secretaría de Seguridad Pública que comandaba Genaro García Luna.

Tampoco se nota que el traslado de la Policía Federal al ámbito de la Secretaría de Gobernación ofrezca resultados positivos. El titular de esta dependencia, Miguel Ángel Osorio Chong, nada sabe de investigaciones y el nuevo comisionado de Seguridad Pública, Manuel Mondragón y Kalb, es bueno para la retórica, nada más.

Habrá que esperar el primer año de este gobierno para conocer la primera evaluación en seguridad, según dijo el presidente Peña Nieto durante su viaje a Roma.