Bases para un mayor desarrollo económico y político
Carlos E. Urdiales Villaseñor
Las dudas se van disipando con base en hechos, las teorías de complot caen por lo mismo, el escepticismo es sano para el país pero requiere de rigor en sus fundamentos, el reconocimiento debe ser consciente de que el gobierno está obligado a cumplir y a hacer que las cosas sucedan, que la política sea el cauce para que, sin borrar diferencias ideológicas, las mayorías realicen aquello que en democracia se va decidiendo.
Más allá de los primeros cien días de gobierno, el primer año de la administración de Enrique Peña Nieto se va perfilando como el de las reformas, el de sentar bases para un mayor desarrollo económico y político.
La firma del Pacto por México en el arranque logró sentar en la mesa a los tres principales partidos políticos para avanzar en una agenda de interés común, dejando fuera aquellos temas irreconciliables que por el momento obstruyen el alcance de los macroobjetivos. Luego ya dentro de esa agenda del Pacto vino la reforma educativa, que si bien no resuelve de la noche a la mañana el rezago en la materia, si constituye un escalón estructural y normativo mejor. Imposible no asociar a este tema la detención de Elba Esther Gordillo y su encarcelamiento.
A pesar del repunte de la violencia en varios estados y del impacto social de la explosión en el complejo administrativo de Pemex en la ciudad de México, el Pacto y su agenda no descarrilaron y fue presentada la reforma en telecomunicaciones cuya aprobación constitucional aún está en marcha, pero destaca el alcance de lo propuesto por el Ejecutivo y la aprobación en primera instancia de los diputados federales a pesar de las teorías de complot, de telebancadas, de poderes fácticos que echarían por tierra el dique a los monopolios. Avanza y ahora va al Senado.
Después, en el marco del 75 aniversario de la expropiación petrolera, es el mismo presidente quien pone el dedo en la llaga: Pemex no está quebrado, es viable, es flexible y necesita modernizarse para mover la economía del país hacia adelante. Enfatizó que Pemex no se privatiza, pero adelantó que hará lo necesario para pasar de los diagnósticos eternos a las acciones concretas. Ésa es la reforma que viene según la agenda del Pacto por México.
La semana pasada en el marco de la reunión de consejeros de BBVA Bancomer, el titular del Ejecutivo anuncia la inminencia de una reforma de carácter financiero para incentivar el crédito productivo, tanto privado como público. Sume usted que en el siguiente periodo ordinario de sesiones del Congreso será presentada la iniciativa de reforma hacendaria que tocará temas tan sensibles como el cobro del IVA a medicinas y alimentos, cuyos candados políticos dentro del PRI ya fueron removidos.
Al igual que en el petróleo y en las telecomunicaciones el tema fiscal será propicio para discursos y posturas dogmáticas que apelarán a la justicia social, al entreguismo a mandatos capitalistas voraces, a la falta de sensibilidad y tantos otros argumentos que, sin dejar de ser posibles, deben probar más allá de la plaza y el micrófono su validez y pertinencia.
Nada se ha logrado todavía, los atrasos y deudas sociales en México están a la luz de quien los quiera ver, pero me parece que la ruta que propone quien resultó ganador en las elecciones del año pasado es clara, apunta a construir los cimientos constitucionales que transformen el estado de las cosas, romper las barreras de la política electoral y someterse al juicio de los hechos, del éxito o del fracaso de sus acciones de gobierno. Me parece que ese camino nos ahorra años de argumentos que hablan del no poder hacer las cosas por culpa del otro, del que bloquea, del que es intocable, de los poderosos, de las mafias, de la falta de mayorías y tantos otros discursos que hemos convertido en paisaje nacional.
Falta mucho y quizá lo más importante sea esperar los resultados de lo que hoy se hace para entonces reconocer o reclamar, exigir y vigilar.
@CarlosUrdiales
