Es un mal de la evolución
René Anaya
La enfermedad de Alzheimer, que se caracteriza por problemas de memoria, trastornos de conducta y deterioro intelectual, se considera un padecimiento neurodegenerativo que por lo general comienza después de los 65 años, por lo que también se le clasifica entre las demencias seniles.
Sin embargo, este proceso neurodegenerativo estrictamente empezó hace miles de años, cuando nuestros antepasados fueron capaces de pensar, reflexionar, interpretar su mundo y adquirir conocimiento, ya que probablemente sea el verdadero castigo de Prometeo por robar el fuego del conocimiento a los dioses, según la hipótesis de un paleoneurólogo y de una neuropsicóloga especializada en enfermedad de Alzheimer y metabolismo.
El fruto del mal
Desde su descripción clínica, a principios del siglo pasado, la enfermedad de Alzheimer ha sido objeto de numerosos estudios y muchísimas más hipótesis sobre sus causas y factores de riesgo. Obviamente se trata de una degeneración de las neuronas, pero no se conoce a ciencia cierta porqué se produce.
En años recientes, se ha referido que desórdenes metabólicos como la resistencia a la insulina son factores de riesgo; igualmente se ha señalado que la disminución de los niveles del neurotransmisor acetilcolina en el cerebro (fundamental para aprender y memorizar) podría estar relacionada con el mal. La exposición a pesticidas, fertilizantes y disolventes, así como la hipertensión, el tabaquismo y el colesterol elevado se han pretendido asociar a la enfermedad de Alzheimer.
En contraposición, se ha referido que quienes tienen un nivel educativo elevado o que realizan actividades intelectuales constantemente, tienen menos probabilidades de sufrir de Alzheimer, pues se considera que la actividad cerebral retarda o evita la degeneración neuronal. Sin embargo, lamentablemente se ha encontrado que personalidades de las artes, la literatura, la ciencia y la política también han sufrido este padecimiento, por lo que la actividad intelectual no es garantía de inmunidad.
De lo que sí se tiene certeza es del aumento de pacientes con esta enfermedad, que se incrementa a la par que la expectativa de vida, inclusive se ha advertido que de no mejorar los esquemas de prevención y terapia, se podrá convertir en poco tiempo en un grave problema de salud pública, pues la población mundial está envejeciendo. Por esa razón, se ha señalado que es un mal del progreso, pero en realidad podría tratarse de un mal de la evolución.
El robo del fuego
La enfermedad de Alzheimer podría ser el verdadero castigo de Prometeo, ya que ese personaje mitológico robó a los dioses el fuego y lo entregó a los mortales. En castigo, Zeus lo hizo encadenar para que un águila le comiera el hígado, pero como Prometeo era inmortal, cada noche le crecía el hígado, así el castigo no tenía fin.
De una forma semejante, la evolución biológica proporcionó al ser humano la posibilidad de reflexionar, pensar y generar conocimiento, gracias al crecimiento del lóbulo parietal (estructura par, que se encuentra en la parte superior del cerebro, entre los lóbulos temporales), que marca el proceso de diferenciación del Homo sapiens con el resto de los animales, incluidos los primates.
Esta transformación cerebral, según refieren Emiliano Bruner, del Centro Nacional de Investigación Humana de España y Heidi Jacob, del Instituto de Neurociencia de Jülich, Alemania, produjo el mayor cambio en el cerebro en los últimos cinco millones de años, que trajo como consecuencia una gran ventaja cognitiva.
Pero esa ventaja del Homo sapiens también pudo haber causado el verdadero castigo que los dioses míticos infligieron a Prometeo, ya que “el aumento de masa neural, las diferencias de organización geométrica y espacial, el aumento de gastos energéticos, de reparación y de activación metabólica y vascular, pueden haber creado una situación de vulnerabilidad y sobrecarga que genera sensibilidad en las áreas profundas parietales y daños funcionales”, ha planteado el paleoneurólogo Emiliano Bruner, quien ha aventurado que allí podría encontrarse el origen de la vulnerabilidad a los procesos neurodegenerativos.
Si bien es cierto que los daños estructurales del cerebro se encuentran en los lóbulos frontales y temporales, también lo es que recientemente se ha encontrado que este proceso comienza con problemas metabólicos en las áreas parietales profundas.
Por lo tanto, la enfermedad de Alzheimer se podría considerar el verdadero castigo que se paga por haber robado el fuego de la inteligencia y el conocimiento, gracias a la evolución del lóbulo parietal, lo que ha permitido a la humanidad modificar su medio ambiente y generar conocimiento.
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