Chile: la carrera a la Presidencia
Alonso Ruiz Belmont
Desde hace unos años, Chile es una completa paradoja. En 2010, el candidato conservador Sebastián Piñera le arrebató la presidencia a la coalición de partidos de izquierda y democristianos agrupados en la llamada Concertación.
La inmensa popularidad del gobierno saliente, encabezado por Michelle Bachelet, no se tradujo en un sólido apoyo electoral para la dividida coalición gobernante que llevaba veinte años en el poder.
El multimillonario empresario y excolaborador de Augusto Pinochet asumió la presidencia presentándose como un audaz y ferviente demócrata. Pocos meses después, su popularidad creció como la espuma tras el exitoso rescate de los 33 mineros atrapados en la mina San José.
Sin embargo, las dificultades comenzaron pronto para Piñera. En mayo de 2011, miles de estudiantes universitarios y de secundaria comenzaron la ola de movilizaciones ciudadanas más importantes de los últimos años exigiendo al presidente la reforma y gratuidad del sistema educativo. El lucro en la educación superior, gran parte de la cual ha sido delegada al sector privado, impide a la mayoría de los estudiantes acceder a una carrera universitaria en virtud de los altos costos que representa para todos.
El modelo, un legado póstumo, cortesía del general Pinochet, no sufrió modificaciones sustanciales posteriormente, ni siquiera durante los mandatos de la Concertación. La inteligencia detrás de esta nueva juventud se llama Camila Vallejo. Las movilizaciones continúan hasta ahora de modo intermitente y las demandas de los estudiantes siguen su curso. A partir de entonces, diversos problemas comenzaron a afectar constantemente la popularidad de Piñera, que se ha mantenido permanentemente por debajo del 50% de aprobación.
Las elecciones municipales de 2012 dieron un vuelco en favor de la Concertación, que gobierna ahora el 48% de la población, frente a un 36.11% de chilenos que tienen gobiernos de la Alianza por Chile, el movimiento del presidente.
Hace unos días, Bachelet regresó nuevamente a su país luego de treinta meses en la ciudad de Nueva York como exdirectora de ONU Mujeres. Su retorno, largamente esperado por la clase política local, marca el inicio formal de la carrera a la presidencia con miras a los comicios a celebrarse en el mes de noviembre.
Al igual que en 2010, la paradoja se repite nuevamente y Bachelet cuenta con un respaldo de 54% en los sondeos electorales al tiempo que la Concertación suma apenas un 22% de las simpatías ciudadanas. Para corregir los errores que marcaron la derrota de su coalición hace tres años, Bachelet se ha propuesto trabajar intensamente para superar la enorme desigualdad material que afecta el bienestar de los sectores populares y de clase media.
Asimismo, la expresidenta pretende actuar de manera autónoma a la Concertación sumando a su coalición diversos grupos ciudadanos representativos de la realidad chilena actual, como el Partido Comunista, las organizaciones feministas y los jóvenes.
