Sara Rosalía

El chofer de Pablo Neruda, Manuel Araya, sospecha que el poeta fue envenenado en la clínica Santa María donde estaba internado a causa de un cáncer terminal. El caso ya está en manos de un juez. La Fundación Pablo Neruda ha autorizado la exhumación y el Partido Comunista de Chile ha exigido el esclarecimiento de las causas de su muerte. Obviamente es difícil barruntar siquiera si existe un homicidio, pero de lo que no cabe duda es que el golpe de Estado encabezado por Pinochet consideraba un enemigo a Neruda. De hecho, su entierro, ocurrido el 23 de septiembre de 1973, se convirtió en una manifestación en contra del régimen que había bombardeado el Palacio de la Moneda y (eso sí casi seguro) asesinado al Presidente Salvador Allende. Fotos aéreas publicadas en la prensa de entonces, permitían observar el féretro de Neruda rodeado de amigos, correligionarios y pueblo, quienes a su vez iban rodeados de tanques. En el cementerio, sus compañeros de Partido lo despidieron con el adiós comunista de “compañero Pablo Neruda, presente”. De inmediato, la dictadura de Pinochet inundó y saqueó una de las casas de Neruda, creo que la de Santiago y más tarde también la de Isla Negra. Sus libros fueron prohibidos por el régimen y el pueblo chileno respondió como imagina Ray Bradbury en Fahrenheit 451: aprendiéndose de memoria sus poemas. No era la primera vez que leer a Neruda era un delito en Chile. Durante la dictadura de Gabriel González Videla, el Canto general se distribuyó clandestinamente. Si este poemario se pasó en secreto y de mano en mano, el Canto de amor a Stalingrado se pegó en los postes de la Ciudad de México y la primera edición del Canto general fue ilustrada por sus compañeros de partido, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros.

Elenita en descanso obligatorio

Avisó públicamente la escritora Elena Poniatowska que no contestará e–mails, ni llamadas telefónicas. Se disculpó porque no podrá asistir a los compromisos de trabajo a los que se había comprometido, todo porque el médico le ordenó un descanso absoluto y obligatorio. Desde aquí le deseamos un pronto restablecimiento.

El Teatro de Ahora

Siempre que comento Masas de Juan Bustillo Oro, les digo a mis alumnos que es un espectáculo multimedia avant la lettre. La obra se inicia con un altavoz que capta una estación de radio que difunde noticias, en otro momento los actores descienden por los pasillos y suben al escenario, “voceadores” reparten volantes entre el público con la primera plana de un periódico con noticias que conciernen al desarrollo de la obra y del momento en que ocurra la representación, un coro obrero ocupa el escenario y finalmente, la obra termina con una proyección cinematográfica.

Todo esto viene a cuento, porque el Centro de Experimentación Teatral Rodolfo Usigli publicó un volumen con ensayos sobre el Teatro de Ahora, es decir, el que impulsaron Bustillo Oro y Mauricio Magdaleno.

Una de mis películas favoritas es, como el de mucha gente, México de mis recuerdos. Otra que nos encanta a Eugenia Revueltas y a mí, es Cada loco con su tema. Ambas de Bustillo Oro. Ahora que fueron los festejos por los cien años de la Revolución propusimos la maestra Revueltas y yo, a la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, que se pusiera en escena Masas, pero me temo que tocamos en la puerta equivocada porque no nos hicieron caso. Lo cierto es que está reviviendo ese interesante movimiento que fue el Teatro de Ahora.

En la antología de Marcela del Río, titulada Perfil y muestra del teatro de la Revolución Mexicana, así como en Raíces anarquistas del teatro de la Revolución Mexicana, de Eugenia Revueltas, se pueden leer obras de Bustillo Oro.