la cultura hoy, mañana y siempre

tercer año. núm. 63

Todo mundo suponía que la causa de la muerte de Pablo Neruda era el cáncer que padecía. En ese momento, el 23 de septiembre de 1973, muchos consideramos que si bien muy quebrantada su salud, el bombardeo del Palacio de la Moneda, los crímenes y torturas en el estadio y en síntesis, el golpe de Estado contra el Presidente Allende, amigo y compañero de luchas del poeta, había precipitado su muerte. La posibilidad de su asesinato, surgida a raíz de que su chofer, Manuel Araya, sugiriera un envenenamiento, ha llevado a la exhumación de su cadáver en fecha próxima. La Fundación Pablo Neruda ha expresado su consentimiento para un examen post mortem y el Partido Comunista, al que pertenecía el poeta, solicitó igualmente la exhumación. En La cultura hoy, mañana y siempre, suplemento en línea de la revista Siempre, dos jóvenes, Luis Alcántara y David Boyás Gómez, escriben sobre la obra más célebre de Neruda: Los veinte poemas de amor y una canción desesperada. En un minicomentario se rememora su entierro.

Con el pretexto de que el pasado 6 de marzo García Márquez cumplió años, nos atrevimos a sacar, como homenaje, una nota olvidada que relata cómo fue esa entrega del Premio Nobel.

De Rubén Bonifaz Nuño reproducimos apenas tres paginitas de su excelente Imagen de Tláloc. Este fragmento no se refiere al dios de la lluvia, sino al método que sostiene el estudio: dar mayor fe a los vestigios arqueológicos, que son expresión genuina de los pueblos originarios, porque los textos, incluidos los códices, (salvo uno, todos posteriores a la conquista) ya están, (por decirlo de algún modo) contaminados por la lengua española, que es tanto como decir la visión del mundo de loa conquistadores.