El límite es de 90 decibeles

Gabriel Gutiérrez

El volumen alto en los audífonos provoca pérdida de la audición de manera prematura, por ello, la especialista del Servicio de Audiología y Otoneurología de la Consulta Externa del Centro Médico Nacional La Raza del IMSS, Laura Alejandra Villanueva Padrón, recomendó el uso moderado de estos dispositivos.

Explicó que los primeros síntomas relacionados con la sordera aparecen después de los 50 años de edad. Sin embargo, en personas que escuchan música con volumen alto, el desgaste auditivo comienza a los 40 años.

El límite del volumen para evitar secuelas en los oídos, detalló, es de 90 decibeles, pero quienes utilizan los audífonos al máximo de potencia y lo hacen de manera continua por más de una hora, pueden presentar daños en un lapso menor.

Villanueva Padrón señaló que la aparición intermitente de un zumbido en uno o ambos oídos, así como la dificultad para entender o identificar palabras en una conversación, son las primeras manifestaciones de pérdida progresiva de la audición, que hacen necesaria la visita al médico.

Para la detección temprana y oportuna de la sordera, la especialista del IMSS recomendó acudir con un especialista para ser valorados con audiómetros y equipos de emisiones otoacústicas, que permiten identificar las frecuencias y la gravedad del daño en el oído.

La audióloga dijo que quienes trabajan en empresas de atención a clientes y utilizan la diadema o audífonos completos, así como operadores de maquinaria pesada y músicos que están expuestos a los altos decibeles de sus instrumentos corren el riesgo de sufrir sordera si no usan dispositivos que filtren y reduzcan el sonido ambiental.

El ruido, advirtió, destruye las células nerviosas (ciliadas) encargadas de la audición y el daño es irreversible, lo que hace necesario utilizar prótesis auditivas y medicamentos oxigenantes y vitamínicos que coadyuven a una mejor calidad para escuchar, aunque la función auditiva nunca se va a recuperar al 100 por ciento.

 

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Cortarse las uñas no es sólo cuestión de imagen

El cuidado y limpieza de las uñas, más que un asunto de estética, evita que sean transportadoras de hongos o bacterias que desencadenen alguna enfermedad.

Es insalubre el uso continuo de uñas postizas, toda vez que al estar pegadas a la lámina ungueal (parte blanquecina en forma de media luna de la uña), restan permeabilidad y favorecen humedad en ellas, lo que condiciona la fácil reproducción de hongos y bacterias que actúan en favor de algunas enfermedades.

Es poco habitual que la población, sobre todo del sexo masculino, se lave las uñas. El aseo de las manos debe incluirlas, para lo cual es necesario utilizar jabón y cepillo, juntar los dedos y ponerlos directo bajo el chorro de agua.