Abraham Miguel Domínguez

La invencible es un libro difícil de clasificar. Si bien la novela nace en uno de los momentos más experimentales de la literatura mexicana, logra salir bien posicionada como un claro ejemplo de la dirección que la narrativa del siglo XXI podría tomar. O que ya ha tomado. Es un libro totalizador que condensa de manera magistral la autobiografía, el ensayo literario e histórico y la crónica. Difícil tarea se ha puesto Vicente Quirarte, pero no podía realizarla con más éxito.
La base de la novela es la autobiografía. El autor habla de sus inicios literarios, de cómo su padre, el maestro Martín Quirarte, lo fue envolviendo en la pasión avasalladora de los libros. Es por medio del ojo de Vicente que conocemos a Martín. La relación padre e hijo es una idea fundamental que navega en todo el libro. Podemos adentrarnos en una vida familiar sacrificada, humilde pero siempre acompañada de la literatura y de la historia, pilares que formaran la vocación del autor. Nos platica sus primeras lecturas, de cómo viajó por el mundo gracias a las narrativas que encontraba en casa. Hace referencia a libros de la literatura histórica mexicana escritos por su padre, como lo fueron Historiografía sobre el Imperio de Maximiliano y Gabino Barreda; Justo Sierra y el Ateneo de la Juventud. Nos habla del cine de esa época, de costumbres y de personajes que dejaron una huella indeleble en la historia de México.
Con valor, Vicente Quirarte habla de la oscuridad de su vida. De la vida que compartió con su padre, después con su hermano y con la que vive, y trata de vivir todos los días. La depresión arrolladora a la que sucumbió su padre es un huésped con el que el autor ha aprendido a lidiar. Y como él mismo expresa en algún momento, cuando pensó que el mal estaba erradicado, se da cuenta que nunca podrá salir del todo limpio de esa ola avasalladora que es la muerte. Él, aún hoy en día, tiene que enfrentar sus demonios.
Es por esto que la novela se vuelve una poderosa reflexión sobre el arte de la escritura. Vicente Quirarte tiene que escribir para lograr sobrevivir. Si enmudece, muere, y lo dice no sólo por él, sino por los verdaderos escritores. El arte de narrar siempre se mueve entre dos mundos: el gusto y la inevitabilidad. Éste último será el que el maestro Quirarte abordará más. Sabe que la escritura es una amante celosa que no puede estar tranquila y a la que se debe de aprender a domar. La culminación de este proceso nos queda más que clara. La invencible se tiñe de autobiografía pero en ningún momento se vuelve un texto cursi o de lamentación. Al contrario, la finura de la pluma de Quirarte transforma su realidad en gran literatura, la beneficia.
Gracias a ese artificio, hace al lector como quiere: lo mueve de la autobiografía al ensayo. El académico, para nada academizante, surge para regalarnos un poco de su visión literaria que ha compartido a generaciones en la Facultad de Filosofía y Letras. ¿Para qué se escribe? ¿Por qué se escribe? ¿Cómo se escribe? Quirarte no teme abordar estas cuestiones tan filosóficamente debatidas.
La invencible logra hacer un recorrido por la literatura mexicana del siglo XX, habla de los autores preferidos de su padre y de él mismo. Sin embargo, se da el lujo de viajar al Romanticismo y al inicio del siglo XX, los expone e introyecta en la premisa de la tradición. Al final de cuentas todos nos debemos a todos y Quirarte se encarga de recordárnoslo.
Todo lo anterior en ciento cuarenta páginas. La capacidad sintética del autor es brutal. Realiza un viaje literario e histórico por ese México que a nosotros nos parecerá extinto, pero que gracias a las letras y a la memoria ha logrado sobrevivir. No hay mejor título que La invencible. El tema que rodea la narración de Quirarte es la vida, sí, la de todos los días, pero también la muerte. ¿Para qué vivir si la muerte es lo único seguro que tenemos? ¿Cómo se puede continuar cuando la enfermedad parte la vida y desintegra lo que pensamos que teníamos tan seguros? La invencible nos dice que existen maneras peligrosas. Escribir y leer son dos alternativas, ya que como el mismo autor afirma en uno de los pasajes ensayísticos más reveladores, “leer es otra forma de escribir”. Abrimos nuevos caminos. Para entender y, sobre todo, para vivir de nuevo.
Los pasajes en los que el autor relata el tema del suicidio en su familia merecen permanecer a la prosa mejor escrita en español. Se trata de pura entraña elegantemente llevada al papel. Los momentos se vuelven conmovedores y no dejan de estar ligados a la literatura. No deja de darnos referentes, de apoyarse en grandes textos. Nos expone el tema de la depresión como el verdadero fantasma que es y algo que jamás debe de tomarse a la ligera.
Con la lectura de La invencible sabemos que la realidad supera a la ficción. Uno como lector quisiera que todo lo que nos cuenta perteneciera a ésta última, porque el resultado es severo, desgarrador, una bomba para nuestro mun­do seguro. Abso­lutamente inquietante.

Narrador y ensayista, Abraham Miguel Domín­guez estudió Letras Hispánicas en la UNAM y Literatura y Creación Literaria en Casa Lamm. Es autor del libro El corazón suave. Actualmente trabaja en un libro de ensayos sobre la obra de Charlotte Brontë.