Jair Cortés
La escritura de Luis Tovar abarca diferentes géneros: el cuento, la crónica, la reseña y la crítica cinematográfica y, con la aparición de su más reciente libro, la poesía. Palabra el cuerpo es un extenso poema dividido en cuarenta y dos fragmentos: un corpus que se distribuye en piezas separadas que, por medio de la palabra, se imantan y van uniéndose en la lectura. “En la llama de una vela/ el discurso es cabellera de humo…”, comienza el poema de Tovar, señalando las preocupaciones mayores en su poema: el mundo como discurso escrito y el cuerpo mismo como palabra, eslabón de la cadena verbal que nos hace seres nutridos de sentido. Palabra el cuerpo es una larga reflexión sobre el ser y su circunstancia, la experiencia de estar vivo y las emociones que nacen de ese ser. El yo poético habla desde la soledad, desde el margen de sí mismo y contempla al mundo, al universo entero desde la ventana de la vista: “La retina puerta paranoica/ Que se cierra temerosa”.
La poesía de Tovar se muestra llena de símbolos, convoca a los elementos de la naturaleza (el agua, el fuego, la tierra y el aire) y también a las fuerzas que se revelan divinas y hacen de la vida un torbellino, o en palabras de Luis Tovar: “un siglo que tiene/ Como señal y destino/ El huracán más violento”. Palabra el cuerpo es un poema que fluye de manera continua, va de la íntima confesión hasta la búsqueda de los complejos mecanismos que hacen que la vida se abra paso entre las palabras y la muerte.
Escritura enmarcada en la noche, halla la luz por medio de versos cortos y de una musicalidad que se apoya, algunas veces, en la rima asonante: “Palabra de luz que dirige/ Su razón al cielo/ A la conjura del miedo/ Que se cuela/ Por agujeros de tiempo”. Es la poesía de Luis Tovar una confesión insomne: “Duermo/ despierto/ Puedo seguir así mil días/ Hecho de agua/ Espejo tendido”; pero también es una declaración de vida, una continua pregunta que se convierte, poco a poco, en afirmación y respuesta. El yo poético de Palabra el cuerpo se deshace, se deconstruye a sí mismo para examinarse y, al volver a juntar sus propias piezas, nace otro ser, reencarna en sí mismo, reconoce el mundo desde su oscuridad y desde objetos cotidianos como la taza de café, el cigarro, el alimento; hasta aquellas abstracciones que le dan sentido a nuestras dudas: el tiempo, la muerte, el amor.
Leo Palabra el cuerpo de Luis Tovar como un poema que inicia en la caverna (una habitación) iluminada por una vela, y que culmina en el amanecer, en los rayos de luz que hacen de la palabra la claridad natural nacida del alma: “La palabra se declara/ Sol vespertino/ Savia en las venas/ Calor de vida”.
Ya en su libro anterior, Diccionario del mar, Luis Tovar había mostrado sus virtudes poéticas, Palabra el cuerpo reafirma esa labor, esa voz que nombra al mundo desde su raíz y desde su centro.
Luis Tovar, Palabra el cuerpo. Ediciones
el ermitaño y El Juglar, México, 2012.

