Alan Saint Martin

¿Será posible que se pueda maldecir la capacidad de amar? ¿La leyenda del Malamor? Para responder estas preguntas es necesario conocer dicha leyenda: “Ernesto y Rayén vivieron un amor profundo y pocas veces visto, y que incluso él le pidió matrimonio. Pero en el último momento, Ernesto se acobardó y no pudo defenderla de su familia, de sus amigos, del pueblo entero. Afirman quienes la vieron que Rayén, transida de dolor y rabia, condenó al pueblo de Almahue a no amar nunca más. Quien lo habite y se enamore, caerá fulminado como el rayo que atraviesa el bosque, cuando cae la lluvia, en donde se quedó a vivir Rayén”. Esta es la leyenda del Malamor, la historia de la venganza de Rayén. José Ignacio Valenzuela (Chile, 1972), guionista de películas, series y autor de las novelas El filo de tu piel, La mujer infinita, así como de la serie juvenil “Cuatro ojos”, nos comparte dos novelas en torno a esta idea: Hacia el fin del mundo y La raíz del mal, editados por Alfaguara, o mejor conocidas como Malamor 1 y 2.
Como primer punto le cuestiono cómo surge la historia del Malamor, a lo que me comenta que la respuesta inmediata ante esa pregunta es por culpa y al mismo tiempo, agradecimiento a México, ya que hubo un tiempo que vivió en el Distrito Federal y quedó asombrado de este país. Disfrutaba de la diversidad cultural que tiene el país y principalmente por la “cantidad inagotable de mitos y leyendas”, a partir de esto se le sembró la idea de escribir un libro basado en una leyenda ficticia, inventada por él y que al mismo tiempo tenga una historia. También, comenta que la Leyenda del Malamor surgió porque es lo peor que le podría pasar, que le quitaran la capacidad de amar, ya que todo lo que hace es por amor.
A partir de esta respuesta y recordando que estamos ante dos libros le pregunto por qué escribir una trilogía y no sólo un libro. Su respuesta es peculiar, ya que Valenzuela comenta que su historia lo quería ver como una película, con sus tres partes: acto 1, acto 2 y acto 3. Por lo tanto, la historia de Ángela con Fabián, la maldición por parte de Rayén y la propia leyenda esté en tres partes, en tres libros cada uno.
Como mencioné, José Ignacio cuenta con una profesión de guionista y por esto mismo le pregunto cómo fusiona su formación y el trabajo del novelista. Con risa de por medio, el autor menciona que la relación fue muy descarada porque, por ejemplo, en El filo de tu piel o en La mujer infinita, se cuela en algunas partes como el guionista, pero el que va llevando las riendas es el literato. En Malamor, desde el primer día dijo que quería tener elementos cinematográficos en su concepción literaria, porque lo que quiere con la gente al terminar el libro es que tengan la sensación de que hayan leído una película. En otros libros, lo que busca es generar en la mente del lector conceptos, ideas, que son abstractos, no tienen color, no tienen sabor, no tienen una imagen definida. En Hacia el fin del mundo y La raíz del mal a lo que le prestó más atención es que a cada párrafo generara una imagen y hubieran referentes sensoriales muy claros, para que así la imagen fuera todo. Para esto, Valenzuela explica sus mecanismos como escritor: “Utilicé muchos cortes directos, que son elementos cinematográficos, muchísimos flashbacks (que en literatura se conoce como analepsis), también una cosa que se llama ‘trenzar escenas’: tienes una escena A, luego una B, una C, retomas la primera, luego la segunda, o sea, vas como trenzando escenas, que eso se utiliza mucho en telenovelas, películas y también dejé mis elementos telenoveleros que son los conflictos a medio resolver en los finales de los libros para que la gente esperara el siguiente”.
Al seguir con la idea de que este par de novelas tienen una estructura como un guión de cine, en Hacia el fin del mundo existe un epígrafe inicial de Joseph Campbel, autor de El héroe de las mil caras, que se utiliza recurrentemente al analizar películas.
Existe un elemento que se conoce como “metaliteratura” y esto es que dentro de la creación de un libro, se escribe otro. Sin embargo, Valenzuela aplica una variante, no hay un autor personaje, pero existen dos libros que son emblemáticos para el desarrollo de la historia en Malamor, en el primer libro aparece uno que cuenta sobre quién es Rayén y en el segundo la investigación en torno a la maldición y la morada de Rayén escrito por Bernardino Mor. José Ignacio me confiesa que en el siguiente libro, en proceso de creación, aparecerá otro libro que se desarrollará en la Ciudad de México. Esto se debe a que le encanta que las causas estén después de los efectos, que es otro recurso cinematográfico que utiliza. Por ejemplo, cuando uno empieza a ver una película y no vas entendiendo, hasta que de repente aparece algo que te muestra el origen de lo que estás viendo y vas entendiendo lo que pasa. Me comenta que eso le interesó empezar la historia con lo que llaman los teóricos llaman in media res, que se traduce como “en mitad de algo”, para que así el lector no tuviera antecedentes de lo que está leyendo y que la manera de develar lo que estaba sucediendo sea por medio de una historia dentro de una historia. Porque, además, existen dos épocas con los mismos personajes en realidades distintas.
Con este tipo de recursos, lo que se busca es un lector involucrado. Independientemente de la historia de Ángela buscando a Patricia y que ésta se porta bastante mal, el lector de Malamor 1 y 2 se vuelven parte de la historia al leer los libros dentro y no porque se lo cuentan. El autor responde: “Exactamente. Para mí era muy importante el personaje de Ángela porque ella representa al lector, porque ella llega al pueblo sin saber nada y sus ojos representan los del lector. Por eso deseé, cuando Ángela se encuentra con los dos libros, que el lector lea al mismo tiempo que Ángela y que él comenzara a sacar las mismas conclusiones por su lado y Ángela por otro. Por eso es ella quien lee el libro de Benedicto Mor en el segundo y será quien lea el libro en el tercero”.
Como estamos ante el tema de una leyenda, esperamos la referencia a aspectos mágicos. Es por esto que el desfile de maldiciones, brebajes, fórmulas y alquimia no se debe dejar esperar. Le pregunto el tipo de investigación que tuvo al respecto, porque existen muchos símbolos y son constantes, como la capacidad de modificar la estructura molecular de un árbol, la referencia a los animales emblemáticos como la garza que simboliza la pureza, el cuú que trae muerte hasta el propio gato. Aunque faltaría la astrología porque para la creación de brebajes influyen en su concepción. José Ignacio Valenzuela comenta que hubo muchísima investigación de por medio y, nuevamente, como adelanto de la última parte, el enfrentamiento final entre Ángela y Rayén se desarrollará en un plano astral, además, la mayor parte del libro se desarrollará en Lican Mucar, en el norte de Chile, porque Lican Mucar es un centro astrológico donde se mira el mapa celestial. También estuvo en un estudio de casi tres años para poder escribir esta trilogía. Todo lo que aparece es cierto, es real. Lo único que no es real en este libro es Almaue, al sur de Chile, donde se desarrolla la historia, que lo inventó, y la propia Leyenda del Malamor.
Cada libro debe tener algo que los hace únicos, que perduren en la memoria del lector, en este caso los finales entrarían en esta idea, ya que tiene un recurso que teóricamente también se conoce como “golpe de efecto”, es decir, se lee el final y automáticamente volteas la página para empezar el capítulo siguiente y no paras hasta que te das cuenta que ya es de madrugada.
Por último, termino la entrevista con la pregunta al respecto de la decisión temática en sus libros, por ejemplo, El filo de tu piel que es una novela homoerótica, a esta trilogía o los casos detectivescos en la colección juvenil, el autor me responde que a él le seducen los temas, no los géneros o formatos que explora y por lo mismo tiene una obsesión por la temática. En el caso de El filo de tu piel menciona que estaba durmiendo y en medio de la noche despertó porque escuchó que alguien le decía “Me voy a enamorar de ti como un idiota” que resultó ser la primera frase de la novela. Se levantó de la cama y comenzó a escribir la frase, para en la mañana llevaba ya un gran avance. “Con el Malamor comencé a escribir pensando en una película y cuando llevaba algunas páginas me dije ‛no, eso es un libro, vamos a empezar de nuevo’, como ves es el mismo tema quien lo decide”, concluye.