Al exigir la liberación de la Rectoría de la UNAM, un grupo de estudiantes discutió casi a punto de los golpes con jóvenes que apoyan a los encapuchados que ocupan la torre desde hace 10 días.El grupo externó su molestia por el daño contra el patrimonio universitario y porque generan una mala imagen a la institución que podría repercutir al momento de buscar trabajo.La mayoría de quienes apoyan la toma defendió la acción al señalar que es motivada por la falta diálogo de las autoridades.

Incluso, acusaron a los estudiantes de ser unos “acarreados” y reprobar la toma de Rectoría con argumentos de organismos internacionales como la UNESCO.Al ser cuestionados sobre el daño al mural de Siqueiros, los defensores de los encapuchados afirmaron que si el muralista y activista político viviera, estaría con ellos.”Narro no quiere venirse a sentar, a hacer su trabajo. Si vamos a crucificar a los compañeros, también sacrifiquemos a Narro”, insistió un activista que dijo ser estudiante de la Facultad de Ingeniería.

La discusión se desarrolló entre agresiones verbales y algunos manotazos.

El incidente cesó cuando un ex trabajador de la UNAM que se identificó como Primitivo Oceguera leyó un pronunciamiento en el cual reprobó la toma de Rectoría, aunque dijo suscribir las demandas de los encapuchados.

“No apoyo a lo que ustedes han hecho, pero de ninguna manera estoy de que la Policía intervenga en el conflicto. Me sumo a las justas demandas de ustedes, pero estoy en desacuerdo con el método al que han recurrido para alcanzarlas.

“La toma de Rectoría no beneficia a estudiantes, la UNAM o a las trabajadoras y trabajadores de México; por el contrario, fortalece a gobernantes y empresarios nacionales y extranjeros que han hecho de la violación de leyes y el uso de la fuerza su camino de lucro político y económico”, dijo Oceguera.

De esa forma, llamó a los jóvenes a desalojar la Rectoría y luchar desde otras trincheras, sin embargo, al oír estas explicaciones, algunos jóvenes simplemente se alejaron.

“Los invito a dejar pacíficamente la Torre de Rectoría y sumarse con su generosidad e inteligencia a la construcción de movimientos e iniciativas sociales que contengan el deterioro de México.

“No dejarán la Rectoría para abandonar su movimiento, sino para abrirle mayores cauces a través del diálogo”, señaló, pero quienes apoyan a los encapuchados ya se habían retirado y otros universitarios se alejaron de la explanada, molestos por no convencer a estos jóvenes de entregar la Rectoría.