Evocación de un intelectual comprometido
René Avilés Fabila
Hace años, el papel del intelectual en las luchas sociales era una preocupación de los partidos y de la sociedad en general. Se discutía el tema entre los jóvenes y la mayoría se inclinaba por pensar que el artista plástico —como Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros—, el escritor —como José Revueltas y Juan de la Cabada— deberían preocuparse por los problemas políticos e incidir en la transformación del país. La polémica se daba a escala internacional porque existía el socialismo y medio planeta vivía bajo sistemas comunistas.
En México, Vicente Lombardo Toledano, creador de la Universidad Obrera y autor de una amplia obra ideológica, insistía en que el intelectual debería estar comprometido. Hoy ya no se toca el tema y vemos a los escritores y artistas plásticos, a los músicos y a los cineastas, o ajenos a la política o cambiándose de postura, según sus propias conveniencias.
En 1964, José Natividad Rosales y Víctor Rico Galán entrevistan a Lombardo Toledano para la revista Siempre!, donde el pensador marxista publicaba brillantes artículos. Lo describen como “…un sabio mexicano a la manera de Leonardo. Maestro por excelencia, es licenciado en derecho, doctor en filosofía, escritor, periodista, dirigente del Partido Popular Socialista, lingüista —inglés, francés, italiano, portugués, latín, griego y náhuatl…— Habiendo nacido el 16 de julio de 1884, cumplirá setenta años el presente mes y ofrecerá a México, en tal ocasión, un libro que resume su pensamiento, que ha llamado Summa”.
Allí, Lombardo declara su amor por la literatura, confiesa que se nutre de novela y poesía, en música, va de Bach a Shostakóvich. Horacio Labastida añade que su acción política era semejante a su devoción por el arte: “No es distinto en el arte y la literatura, por ejemplo, cuyos artículos recrean del mismo modo al mártir de la disensión religiosa, Juan Hus, esculpido en Praga para homenajear la eterna libertad del hombre; la grandeza de León Tolstoi y su La guerra y la paz; las almas iluminantes de Enrique Freyman, José Chávez Morado y Benigno Montoya, que los mares de Ulises, el genio de Mozart, Goethe y Shostakóvich, la gracia de Chaplin, los cuentos de Chejov…”
Algo semejante escribió Henrique González Casanova acerca del creador de la Universidad Obrera y del Partido Popular Socialista, mientras que Revueltas publicó un largo artículo sobre la importancia cultural y política de Lombardo en América Latina.
En la polémica sobre el compromiso del artista, para Lombardo Toledano estaba claro el problema: “El intelectual ha realizado siempre un papel de gran importancia en la evolución histórica de la sociedad. No por ser más sensible que el resto de sus semejantes, como afirma una vieja mentira, sino porque aprovecha el acervo de la cultura general y estudiando los problemas de su tiempo puede influir, más que los ignorantes, en el curso de la colectividad humana…”
Cada que analizó artistas, vio su esencia humana. De allí el origen de su carta a Henri Barbusse, donde el pensador mexicano desnuda el alma. Su misiva al cantante negro Paul Robeson, prisionero en su patria, Estados Unidos, bajo el cargo de ser comunista, es una hermosa pieza literaria, si de observar la prosa se trata. Vale la pena recuperar a Lombardo Toledano, un pensador excepcional.
Parece algo extraño, de pronto este tipo de apasionadas posturas, desaparecieron. Que yo recuerde, sólo el extinto Partido Comunista Mexicano mantuvo su interés por el tema e incluso tuvo células culturales donde debatían la posibilidad de darle a sus luchas un marcado matiz cultural.
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