Podrá utilazarse en las telecomunicaciones, la ciencia, la defensa y el hogar

René Anaya

La nanocelulosa cristalina es ocho veces más resistente que el acero inoxidable, ultraligera, transparente, buena conductora de la electricidad, muy flexible, útil como biocombustible no contaminante y, sobre todo, un recurso renovable.

Es el material con el que ha soñado la mayoría de los ingenieros, constructores, ecologistas, especialistas en informática, expertos en biomedicina, químicos y economistas, entre otros profesionales, pero por el momento sigue siendo un sueño porque permanece en futuro, en esa tierra de nadie.

 

Un material ecológico y barato

Así como el plástico irrumpió en la vida cotidiana y se convirtió en el producto maravilla del siglo pasado, la nanocelulosa cristalina podría ser el nuevo material que lo sustituya en la mayoría de los productos de uso cotidiano, siempre que se logren mejorar las técnicas de producción.

La nanocelulosa cristalina ya se encuentra en los laboratorios de investigación, donde se experimenta su utilización en la fabricación de productos de las industrias electrónica y de computación, así como en la industria bélica.

Como su nombre lo indica, este material contiene celulosa, uno de los productos más abundantes del planeta, ya que es el principal componente de tallos, hojas y raíces de las plantas, pero lo mejor de todo es que para producir la nanocelulosa cristalina no se tendrían que devastar bosques o arrasar con campos de vegetación, ya que lo único que se necesita es tomar los residuos de los vegetales, ramas desprendidas de árboles e inclusive aserrín o sea los desechos de la industria maderera.

La diferencia entre la celulosa y este sorprendente material es que en la escala nanométrica (un nanómetro equivale a la mil millonésima parte de un metro) la nanocelulosa tiene otras propiedades, como sucede con el grafeno (otra forma del carbono) con la que se crean nanotubos. Esta forma del carbono, por cierto, hace unos años fue considerada el material del futuro, pero ese puesto lo ha ganado la nanocelulosa cristalina.

Este biomaterial se puede producir a partir de la purificación de la madera, pero también de frutas como el plátano, la piña, cáscaras de coco y agave. Su proceso de producción se inicia con la extracción de compuestos como la lignina (que engrosa el tallo) y la hemicelulosa (material valioso en la fabricación del papel porque aumentan su resistencia). Posteriormente se muele, se eliminan impurezas y se concentra en forma de cristales, que se transforman en nanofibrillas tan pequeñas que en el diámetro de un cabello cabrían 50 mil.

Este proceso es más económico que la obtención de grafeno, por lo que Jeff Youngblood, del Instituto de Nanosilvicultura de la Universidad de Purdue, en Indiana, ha señalado que “es la versión natural y renovable de un nanotubo de carbono a una fracción de su precio”.

Un mundo de posibilidades nano

Si la actual fabricación es económica, es probable que sus costos se abatan aún más si se logra modificar genéticamente un alga de la familia de las cianobacterias para que produzca nanocelulosa en grandes cantidades. De lograrse este proyecto, solamente se requerirían rayos del sol y agua para obtener el biomaterial.

“Si podemos completar los últimos pasos, habremos completado una de las mayores transformaciones potenciales de la agricultura jamás llevadas a cabo”, ha señalado Malcolm Brown, de la Universidad de Texas en Austin, uno de los pioneros en este campo.

Por ahora, la empresa Pioneer Electronics, de Japón, experimenta con la nanocelulosa cristalina para fabricar pantallas electrónicas flexibles y ultradelgadas, la IBM ya la usa en algunos componentes de sus computadoras y hasta el ejército estadounidense la prueba para fabricar armaduras ligeras.

Otra de sus probables aplicaciones será como filtro, podría estar presente en los hogares como purificador de agua; en los hospitales para filtrar la sangre durante las transfusiones; y en los casi extintos cigarrillos para atrapar las sustancias tóxicas.

La nanocelulosa también podría incursionar en la carrocería de los automóviles, ya que por su resistencia y ligereza podría reducir el peso de los vehículos y, por lo tanto, disminuir el consumo de combustible. Asimismo, podría emplearse en barcos, submarinos, aviones, satélites y otros vehículos.

Este biomaterial también se ha experimentado en forma de espuma, con la cual se ha creado un aerogel extraabsorbente, tan ligero que se le ha llamado “humo sólido”, el cual podría utilizarse para limpiar el mar de los derrames de petróleo, como sensor de contaminantes ambientales y también para usos más cotidianos, como toallas higiénicas verdaderamente extraabsorbentes.

Pero su empleo más prometedor sería como biocombustible, ya que su obtención no generaría contaminación y, principalmente, sería el primer bicombustible que no utilizara vegetales comestibles, ni competiría por campos de cultivo, como ahora sucede con el maíz y la caña de azúcar.

Así, la nanocelulosa cristalina, el biomaterial del futuro, probablemente revolucione nuestro mundo, si los intereses económicos lo permiten.

 

reneanaya2000@gmail.com