Ricardo Muñoz Munguía

El mar cobra su color por el reflejo del cielo. Ambos se vuelven uno solo ante la mirada del poeta. Éste les canta a través de versos o les escribe a través de cantos, cantos peregrinos. Es entonces que el escribano se convierte en el viajante que se posa en el lugar sagrado, donde alza su voz con la figura de aves y por igual inserta su canto entre el agua en todas sus formas.
El poeta y ensayista Juan Carlos Recinos (Pichucalco, Chiapas, 1984), becario del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Colima en el área de poesía, edición 2012, entrega un poemario en el que primordialmente aparece el mar que es playa, que es naufragio, que es licor, que es lágrimas, que es orgasmo; sombras húmedas delinean la mirada. Y, por otro lado, el territorio del espacio que se deja acariciar por las coronas de los árboles también se deja ver como otro mar con sus habitantes, donde las alas hacen su nado abierto. Del poema “Labios”, un fragmento: “(…) El corazón se calla./ Caen al mar abierto los rayos como pájaros/ que mueren al nacer”.
Dentro de estas dos líneas paralelas (mar y cielo), otros tantos elementos nutren cada poema, así la noche y el día, la voz y el silencio, la distancia y la piedra, la soledad y el mediodía, la agonía y el éxtasis…, y dentro de estos elementos nuevas figuras se dejan ver como si de un estereograma se tratara. El cuerpo se fragmenta, corre a lo largo de las páginas, es así que los ojos y las manos dibujan lo que sienten, la piel navega cual mujer desnuda que atraviesa en los ecos de la imaginación, el corazón impulsa sus deseos como olas que acarician otro cuerpo. De “Líneas desnudas”: “Quebranto por las calles/ palabras que escaparon del silencio.// Frente a mí tus senos, musa enferma,/ en otoño. Se retuerce tu cuerpo reptil,/ en las líneas desnudas de mi piel.// Ardo como la noche por tu vientre”. De ahí que el evidente erotismo es humedad perenne que se trasmina, al igual que el sonido, por todo el cuerpo del libro. “Trueno marino”: “Vago por tus labios
—dos cuerpos/ abrasados de luz púrpura—,/ con la sal, el topacio y el sonido de la lluvia.// Soy un trueno marino./ Crepúsculo del volcán desnudo./ Sólo mi pecho guarda tu llanto/ —anillo de agua en el corazón de la memoria—.// Cuando de mi copa brota espuma de mar/ ante la mirada del hastío, respira mi corazón/ y respiran las flores en tu piel de guanábana madura”.
Cantos Pegregrinos, de Juan Carlos Recinos, es un libro que ilumina la paradójica noche con el cúmulo de viento y corrientes marinas y donde se ligan las atmósferas de la fe, el deseo, la sangre y la memoria.

Juan Carlos Recinos, Cantos Peregrinos. Juaguar Ediciones (colección Lince), México, 2012; 56 pp.