Hay 947 desechos satelitales y miles de herramientas, rondanas, tuercas y tornillos
René Anaya
Todo empezó el 4 de octubre de 1957, ese día la ya desaparecida Unión Soviética puso en órbita el primer satélite artificial, el Sputnik 1. A partir de entonces, miles de satélites han sido lanzados al espacio, algunos han viajado a la Luna y a otros planetas, pero la inmensa mayoría solamente ha girado alrededor de la Tierra.
De esos vehículos espaciales en órbita terrestre, algunos han perdido fuerza y se han desintegrado antes de caer en el planeta, otros como el Skylab, una estación espacial estadounidense con 75 toneladas de peso, cayó en Australia en 1979, afortunadamente sin causar daños a seres humanos. Pero entonces se empezó a tomar en serio el problema de la chatarra espacial.
La multiplicación de los desechos espaciales
Actualmente, según cálculos de las principales agencias espaciales, se encuentran en órbita terrestre más de seis mil satélites. El presidente de la Asociación Científica de Astrónomos y Astrofísicos de Nicaragua, David Castillo, ha precisado que 5 mil 448 satélites están activos y 947 ya son chatarra espacial.
Aunque el número parece elevado, ese no es el volumen de basura espacial que preocupa a expertos estadounidenses, europeos y asiáticos, sino los residuos de lo que alguna vez fueron cohetes y satélites, así como herramientas, rondanas, tuercas y tornillos dejados por astronautas y miles de fragmentos producto de explosiones.
Los expertos del Comité Internacional de Coordinación de Desechos Espaciales (Inter-Agency Space Debris Coordination Committee) realizaron un estudio sobre el número de desechos espaciales que orbitan nuestro planeta. La investigación se centró en los satélites y objetos que giran alrededor de la Tierra en una órbita por debajo de los dos mil kilómetros de altura, que es la zona en que opera la mayoría de las misiones espaciales y los satélites de observación y de telecomunicaciones.
Se estima que cerca de medio millón de partículas de entre 2 y 20 centímetros de diámetros orbitan la Tierra en esa zona, a una velocidad promedio de 25 mil kilómetros por hora, que las convierte en proyectiles peligrosos si llegan a impactar con algún vehículo espacial.
Lo más grave es que en los próximos 200 años aumentará en 19 por ciento el número de partículas de menos de 10 centímetros de diámetro, según el pronóstico más conservador, pero el más pesimista eleva el número hasta 36 por ciento, principalmente por las colisiones que se registran entre los 700 y mil kilómetros sobre la Tierra, según cálculos realizados en cientos de simulaciones.
Además, en esas simulaciones se tomó en cuenta el efecto Kessler, que establece que el volumen de basura espacial en la órbita baja aumentará porque en cada impacto con otros objetos se producirá más basura espacial, como un efecto dominó o de cascada, según ha considerado Donald J. Kessler, consultor de la NASA.
Operación limpieza espacial
El propio Kessler ha advertido: “El actual entorno espacial se está volviendo cada vez más peligroso para las naves y los astronautas. La NASA debe determinar la mejor manera de solucionar los problemas causados por los desechos orbitales, que ponen en riesgo las misiones robóticas y tripuladas en el espacio”.
En realidad, ya sucedió una colisión grave en 2009, cuando el Cosmos 2251, un satélite militar ruso fuera de servicio y el Iridium 33, un satélite comercial de comunicaciones estadounidense, se impactaron y produjeron miles de fragmentos de basura espacial. Otra causa del aumento de la basura fue la prueba antisatelital que los chinos realizaron en 2007, cuando destruyeron intencionalmente uno de sus satélites meteorológicos.
El riesgo de colisiones va en aumento. Por ahora, las agencias espaciales se han limitado a monitorear cerca de 20 000 objetos en órbita fabricados por el hombre. Pero lo que se requiere es un programa que permita eliminar del espacio tanta basura espacial.
La compañía británica Astrium ha sugerido crear una especie de arpón espacial, para “pescar” los escombros pequeños y enviarlos a la atmósfera para que allí se destruyan. La empresa canadiense MacDonald, Dettwiler y Asociados creó un “camión de la basura espacial”, que desde una estación espacial sería enviado a recoger la chatarra espacial y la regresaría a la estación.
También se ha propuesto emplear un rayo láser, no para destruir los objetos, sino para disminuir su velocidad, de tal manera que penetren a la atmósfera, pero los tratados internacionales prohíben este uso del láser. Otro proyecto es el del aerogel, una sustancia que la NASA empleó para recolectar polvo espacial dentro de la nave Stardust, pero que no ha sido probada en el espacio.
Existen muchos otros proyectos, pero todos ellos requieren de grandes recursos económicos, que los gobiernos productores de la basura espacial no están dispuestos a invertir, aunque eso pueda representar mayores pérdidas por la inutilización de satélites de telecomunicaciones o de observación.
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