Patricia Gutiérrez-Otero

Como señalamos la semana pasada, tantas reformas en nuestro país durante este sexenio, algunas ya aceptadas por el Congreso, no permiten que la gente de a pié las analicé, las piense o tan siquiera las conozca: reforma a la Ley de telecomunicaciones, reforma de la educación, reforma a la Ley de Víctimas, reforma energética, reforma económica, reforma financiera, y otras que vendrán con la renovación del Pacto por México que tendrá sus tropiezos, pero que las oligarquías no dejarán caer. Estamos en un vértigo de reformas al vapor que impide atender asuntos de extrema urgencia para amplios sectores de la población, como, por ejemplo, el alza de la gasolina y sus consecuencias inmediatas en todo aquello que implica el transporte de personas o de cosas, el alza del precio en la comida, la invasión destructiva de las mineras, la situación de los migrantes en Estados Unidos y de los que atraviesan México, el gran número de desaparecidos en nuestro país…
En este último aspecto el 10 de mayo, sacro santo día de la madre
—que los mexicanos no dejaron pasar sin felicitar a conocidos directos e indirectos—, el presidente Enrique Peña Nieto, tan citado en las redes sociales, olvidó mencionar a las centenas de madres que arrastrando su dolor, con los ojos borrosos, al grito de “Vivos se los llevaron; vivos los queremos” se reunieron en el Monumento a la Madre, en la capital de México, para exigir la búsqueda de sus hijos e hijas desaparecidos. Peña llevó así a la práctica, una vez más, el dicho de casi el último expresidente priista anterior a él: “ni los veo ni los oigo”. Esta expresión también se pone en práctica al no escuchar la voz del pueblo ante las reformas aceptadas o propuestas cuando no responden en la realidad a las condiciones de las poblaciones a las que afectarán. Pensar que México es una sociedad homogénea es tan inútil para elaborar reformas como lo es no escuchar a sus habitantes. Aunque ayer mismo, Peña Nieto haya dicho que el mejor regalo para las madres son las reformas, ¿él piensa esto, se lo dijeron sus asesores, les preguntó a las madres o de dónde lo sacó? Pensar lo que el otro necesita en lugar de preguntárselo es tan arrogante como sentirse dios.
Celebramos hace dos años el centenario de la Revolución Mexicana contra un régimen dictatorial enquistado en el poder durante treinta años en espera de que el pueblo estuviera maduro para gobernarse; de manera subrepticia a este régimen le sucedió el Partido Revolucionario Institucional, que fue estudiado por diversos países, incluso por la Unión Soviética, por su capacidad de mantenerse en el poder. A pesar de que el PRI perdió el poder durante doce años frente a un partido que no supo gobernar, ahora regresa a dirigir a un pueblo al que quiere seguir considerando como menor de edad porque lo ha acostumbrado a un régimen paternalista que protege, vigila y castiga. Quizá no ha percibido que ha surgido tímida, pero fuerte, una sociedad civil que se apoya en medios de comunicación más horizontales y libres.
Las reformas no tendrán éxito si no son avaladas por los sectores del pueblo al que aquejarán, y no sólo por las élites a la que beneficiarán. El tiempo me dará la razón o me desmentirá.
Además, exijo que se cumplan los Acuerdos de San Andrés Larráinzar, que se limiten las mineras a cielo abierto, que se esclarezcan las muertas de Juárez, que se detenga la trata de personas, que busquen a los desaparecidos de la guerra de Calderón, que se escuche la voz del pueblo en cuanto a las reformas, ¡que seamos ciudadanos y que nuestra palabra pese!