Ricardo Muñoz Munguía
En voz de Arturo Pérez-Reverte se ha apuntado que “la literatura de Élmer Mendoza tiene la amarga lucidez del que sabe que la vida es una trampa peligrosa. Élmer ha abierto una puerta que no estaba abierta y por la que después han entrado muchos otros. México tendría que reconocer ya a Élmer Mendoza como el patriarca de la literatura norteña”. Término que cobra realce cada vez, conforme aparece un libro nuevo del autor de las novelas Un asesino solitario, El amante de Janis Joplin, Cóbraselo caro y Nombre de perro, entre otras.
Élmer Mendoza (Culiacán, México, 1949), catedrático de literatura en la Universidad Autónoma de Sinaloa, expone en su volumen de cuentos, Trancapalanca, diversos escenarios, desde una corrida de toros, donde un hombre habrá de llorar la muerte de Julio Cortázar, hasta un ring, donde la victoria de Lupe, la boxeadora, está en juego; pasando por persecuciones, traiciones, dolor, errores, muerte y, de forma paralela, los anhelos se iluminan, la fe se contagia, la alegría se clava y los sueños refrescan la memoria de la vida. Sobre este volumen de cuentos, Trancapalanca (Tusquets, México, 2013), entrevistamos al escritor sinaloense.
—Tranca y palanca, términos en cierto modo opuestos. El primero se puede ver como aseguramiento y el segundo como un mecanismo para abrir algo…
—Interesante tu propuesta semántica. También es el nombre de un juego infantil que debes conocer como “Subebaja”, donde se usa por parejas y compartes la cercanía/lejanía con el centro de la tierra.
—Entremos a mi percepción sobre este libro: el anhelo, el que parece ser uno de los principales motores de Trancapalanca, ¿qué opina?
—Es posible, anhelar es vivir, es encontrar sentido a la vida y tener esperanza de que el día menos pensado serás otro. Recuerda que los seres humanos que anhelan disfrutan de numerosas variantes durante su vida.
—En los veintitrés relatos que se agrupan en Trancapalanca, además del nombre del autor, ¿existe un hilo conductor entre ellos?
—Trascender a Cortázar, a Borges y a Heinrich Böll. Las ideas narrativas de ellos son provocadoras y creo que todo autor debe partir no de una idea, que abundan, sino de una provocación, que son reducidas y casi siempre personales.
—Sobre la muerte de Julio Cortázar, un hombre llora al enterarse de ella en medio de una corrida de toros. ¿Qué tan personal podemos ver este volumen de cuentos?
—Es muy personal. Todas las historias me perseguían hasta que una provocación me ponía en el camino de la escritura. Desde luego, estaba en la plaza México cuando me enteré del deceso de Cortázar y lloré mientras en el ruedo los toreros descifraban su propia muerte.
—Los cuentos van por diversa temática pero, además del narcotráfico, están muy presentes los sueños, como el hombre que en ese territorio de la mente consigue su anhelo de ser escritor y tener su gloria. O el sueño colectivo de varios hombres en que despiertan con el mismo número de lotería.
—El sueño como tema es peligroso por manido, entonces siempre quieres hacerlo. Soy lector de libros sobre sueños y, como puedes ver, he hecho mis intentos de trabajarlo como materia estética. En los sueños los personajes se sueltan y se vuelven más interesantes; claro, siempre vas por la orilla de un barranco.
—El tema del narcotráfico no escapa a su mirada, y en esta ocasión Élmer, uno de sus personajes, tiene la tarea de asesinar a uno de los capos más influyentes y peligrosos.
—Élmer ha sido uno de mis personajes más controvertidos. Es un James Bond. No cree que acabando con los capos se termina el problema del narco pero no tiene empacho en intentarlo, sobre todo si el vaso comunicante es una hermosa mujer. Y desde luego: es un profesional.
—Si tuviera que dibujar un personaje en el escenario del narcotráfico, con una real postura de usted, ¿cuál sería o cómo sería?
—Lo pondría temeroso de la ley, rodeado de dinero inútil ante un sistema de justicia incorruptible.
—Entre el cuento y la novela quizá le ha ido mejor con lo segundo pero ¿en cuál género se siente más cómodo?
—En la novela. En el cuento el juego tiende a ser severo y hasta restringido. En la novela es libre e infinito. El límite más frecuente es el cansancio.
—¿Qué opina de la actuación del nuevo gobierno ante el narcotráfico?
—Aún no es notable la nueva política. Espero que sea firme y que no sea militar. Basta de muertos y de que vivamos aterrorizados. Si aspiramos a vivir en una democracia debemos empezar por exigir nuestro derecho a la tranquilidad.
—¿Quisiera agregar algo a esta entrevista?
—Como siempre, espero sorprender a mis lectores y ayudarles a crear un momento diferente en sus vidas.

