Entrevista a Beatriz Rivas/Autora de Distancia

Eve Gil

Al Metro no le llaman “democrático” nada más porque sí. Es uno de los pocos lugares donde convergen todas las clases sociales: el cada vez más insostenible tránsito de la ciudad de México, a veces, no permite otra alternativa.

Viajar en Metro favorece, además, gestar historias tan intensas como Distancia (Planeta, México, 2012), la más reciente novela de una de las autoras mexicanas más interesantes de recientes años, Beatriz Rivas.

 

Historia de la novela

“Todo empezó con un viaje en Metro —señala la también autora de hoy célebres novelas como La hora sin diosas y Viento amargo— y en medio del gentío alcancé a ver dos manos muy juntas en el tubo de arriba, pertenecientes a dos personas que, naturalmente, no se conocían entre sí. Una, muy cuidada, claramente pertenecía a un hombre de clase algo más alta, y la otra, ennegrecida y callosa, a un trabajador. Decidí entonces escribir una novela que retratara esa distancia tan cercana. Pensé en los poquititos mexicanos que poseen tanto y los muchísimos que tienen tan poco, aunque de principio no se me ocurrió que fuera una historia de amor.”

“Tenía ya como 150 cuartillas —continúa la autora— cuando decidí trasladar la historia al sexenio de José López Portillo [1976-1982], aunque originalmente transcurría en la época actual. Recordé que esa distancia era todavía más dramática en aquella época. Las diferencias eran mucho más nítidas, casi burdas, porque la gente adinerada podía salir con sus Rolex, no había autos importados y los poquititos con que uno podía toparse, segurito eran chuecos y había mucho más prepotencia de la gente con dinero. La distancia es más posible de retratar en esa época, aunque siga hasta nuestros días y se va profundizando.”

Ése es el origen de la historia de amor entre Armando, pianista más por caprichos familiares que por genuina vocación, y Margarita, joven recamarera de un lujoso hotel que ni siquiera posee una belleza espectacular. Pero no se engañe el lector: no se trata, en lo absoluto, del arquetípico romance telenovelero entre el Príncipe Azul y la Cenicienta: Distancia los va a sorprender.

“Tenía muy claro —dice Beatriz— que quería hacer algo muy diferente partiendo de un supuesto lugar común, y Armando y Margarita —no es casual que se llamen como los protagonistas de La dama de las camelias: se trata de una profunda ironía— terminaron siendo más unos antihéroes. Ella no es guapa ni inteligente, de hecho es demasiado conformista, y ha renunciado a cualquier aspiración porque cree que entre más espere más duro será el golpe. Ella representa un poco al pueblo de México, porque la novela no presenta a los políticos como los únicos malos: los culpables somos todos porque no hacemos nada para sacar este país adelante. Mientras estemos bien de puertas hacia adentro, no nos importa qué sucede allá afuera y dejamos que los políticos roben impunemente. Somos conformistas y poco solidarios, con excepción, claro, del episodio del terremoto de 1985.”

Investigación muy rica

“Sí, las cosas han cambiado, pero no gracias a los gobernantes, sino a las nuevas tecnologías —prosigue Beatriz—. Lo del Niño Verde en el Torito nunca hubiera sucedido en aquella época: los juniors cerraban calles para hacer sus carreritas o llegaban a las discotecas en medio de un montón de desplantes. Actualmente, nos cuidamos un poco más de lo que puedan decir de nosotros. Cada vez hay medios de comunicación más conscientes, y de algún modo las figuras públicas se saben más vigiladas y controladas. Ese cuarto poder ya está ejerciendo realmente su poder para señalar fallas y actos de corrupción.”

La no tan desgraciada historia de Armando y Margarita tiene por marco el México de los años ochenta, recreado con una precisión que me atrevo a calificar de “exquisita”.

¿Cómo logra Beatriz Rivas —que era una niñita entonces— trasladarnos en forma casi física a aquellos tiempos que marcaron el más significativo cambio para los mexicanos?

“No hay tantos libros —responde— sobre la época. Tuve que atacar la Hemeroteca y ver muchos videos, aunque gran parte se la debo a mi memoria y al intercambio de recuerdos con varios amigos. Fue una investigación muy rica. Desayuné con Jesús Silva Herzog —personaje incidental de la trama— quien me platicó detalladamente cómo había sido su momento como secretario de Hacienda; tuve una larga entrevista con José Ramón López Portillo, el hijo del entonces presidente, y pude saber hasta de qué color era la alfombra del comedor de Los Pinos, incluso detalles de su vida en Los Pinos, de su mamá, de cómo se llevaban.”

Uno de los aspectos más interesantes de Distancia es que se nos presenta a una Carmen Romano de López Portillo totalmente distinta a la que ya ha ingresado al imaginario popular:

“Tal vez me influenció un poco el hijo de doña Carmen. Hay muchas leyendas urbanas que no pude comprobar, pero si ponemos las cosas sobre una balanza, lo que Carmen López Portillo hizo por la cultura del país y lo contrastamos con Martita Sahagún, ésta le hizo mucho más daño a este país. A doña Carmen la percibí como una mujer profundamente sola, que no se la pasaba nada bien siendo primera dama, pero finalmente hizo más cosas buenas por el país que malas.”

Pese a que varios de los personajes son reales, están vivos y siguen estando en el ojo del huracán de la política, Beatriz afirma que las dificultades más grandes tuvieron que ver con la estructura y el final.

“Me costó trabajo no olvidar que los personajes principales eran Armando y Margarita y más concretamente: la distancia. Normalmente, cuando escribo una novela, sé de antemano cómo va a acabar, pero cuando estaba revisando Distancia pensé que el final era una porquería y decidí rehacerlo, y eso fue lo que me costó más trabajo.”

Actualmente, Beatriz Rivas escribe otra novela desafío que se titulará Dios se fue de viaje, “y es muy difícil porque me meto en asuntos teológicos, y espero tenerla lista, a lo sumo, en un año y medio.”