Todo por querer alcanzar el poder
Raúl Rodríguez Cortés
El Pacto por México es como la gota que derramó el vaso de la crisis que empezó en el PAN desde que subordinó principios al objetivo inaplazable de alcanzar el poder, y que ha pasado por doce años de gobierno en los que no supo marcar su raya de Los Pinos para no perder su identidad partidista, y por un descalabro electoral mayúsculo en el que la militancia blanquiazul fue arrojada al tercer lugar como fuerza política, perdió la Presidencia y se colocó ante el grave riesgo de perder el partido mismo.
Aquella advertencia de “no ganemos el poder para perder el partido” formulada por Carlos Castillo Peraza, el traicionado mentor de Felipe Calderón Hinojosa, parece ahora cobrar vigencia y confrontar a las no más de doce familias que tradicionalmente han controlado Acción Nacional.
El jaloneo tiene como partes visibles confrontadas al presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PAN, Gustavo Madero (nieto de don Evaristo Madero, hermano menor de don Francisco I. Madero), y al coordinador de los senadores panistas, Ernesto Cordero Arroyo, exsecretario de Hacienda y ex precandidato presidencial del PAN y delfín de Calderón Hinojosa.
Y tiene como factor de confrontación —abajo del cual hay muchas otras razones de fondo— la participación del PAN (o, por lo menos, los términos de la misma) en el Pacto por México.
Al perder las elecciones presidenciales, Felipe Calderón y su grupo buscaron tomar el control del PAN y sacar de la dirigencia nacional a Madero. En medio de esa lucha interna (aparte de sus convicciones políticas y personales que no son motivo de análisis en esta entrega), el dirigente nacional del blanquiazul encontró un respaldo político privilegiado del presidente Enrique Peña Nieto al asumirse como el interlocutor de Acción Nacional en la agenda de reformas del Pacto por México.
A Calderón y a su grupo no debe haberles gustado nada que, gracias a esa negociación cupular, el PRI, de regreso en Los Pinos, sentara a las principales fuerzas políticas del país, a un día de iniciado el gobierno de Peña Nieto, para sacar adelante la agenda de cambios que él no consiguió en seis años. El principal argumento del calderonismo, a través del senador Cordero, fue que el Pacto suplantaba la función legislativa del Congreso, lo que, dicho sea de paso, no está tan alejado de la realidad. De esa manera no expresaba un rechazo abierto a la concertación política, pero le permitía mantener la confrontación con Madero en el afán último de tomar el control del partido.
Este choque de tribus (que tanto cuestionó el PAN al PRD) llegó a niveles de fractura la semana pasada: el dirigente nacional del blanquiazul convocó a un encuentro al grupo de senadores del PAN para dirimir diferencias y, acaso con rudeza innecesaria, habló del posible remplazo de Ernesto Cordero como líder parlamentario (remoción que ciertamente está entre sus facultades), lo que de inmediato generó el rechazo de al menos 24 de los 38 senadores blanquiazules.
La reunión fue convocada para el martes 21 de mayo pasado y en ella se esperaba tomar una decisión respecto a la permanencia de Cordero en la coordinación senatorial blanquiazul. Pero el domingo 19 de mayo, sorpresivamente, Madero comunicó al exsecretario de Hacienda su cese y explicó que la reunión prevista con los senadores sería para consultarles el perfil de quién sería su próximo coordinador.
Lo cierto fue que los 24 senadres afines a Madero le hicieron el feo a su reunión y no asistieron. Los 18 restantes respaldaron el nombramiento —anunciado el martes 22 de mayo— de Jorge Luis Preciado Rodríguez, un panista cercano a Madero pero de muy bajo perfil y poca experiencia, lo que más disgustó a los seguidores de Cordero.
Sin embargo, esta confrontación interna del PAN apuntala a este incondicional de Felipe Calderón como el aspirante natural del blanquiazul para disputar la presidencia del partido a Gustavo Madero quien, con su respaldo al Pacto por México y el consecuente apoyo de Enrique Peña Nieto, buscará reelegirse al frente de Acción Nacional.
Y así, la nueva derrota del exsecretario de Hacienda y ex precandidato presidencial le da al calderonismo una oportunidad más de arrebatarle a Madero y a su grupo el control del partido (lo que no han conseguido después de varios intentos posteriores a la derrota electoral del año pasado); y a Cordero la de quitarse la camisa de fuerza que para él era el apoyo al Pacto por México del actual presidente del panismo, y retomar, desde ya, un discurso severamente crítico del PRI y el gobierno de Peña.
Lo dicho y por decir en ese discurso es, aunque parte de su sobreactuada representación de mártir de la democracia, una descripción de la realidad que vive el país y que la clase política en el poder no ve, o más bien, no quiere que se vea.
La decisión de Madero, sin dudarlo, marcará el futuro del PAN pero también del Pacto por México que, por lo pronto y como están ocurriendo las cosas, parece fortalecerse en detrimento de la unidad blanquiazul. Los efectos cuantificables se verán dentro de unas semanas de que se lleven a cabo elecciones en catorce estados de la república.
rrodriguezbalcon@hotmail.com
@RaulRodriguezC
