El vodevil de nuestra política
Carlos E. Urdiales Villaseñor
Los azules de Boston y los azules de la Del Valle se están dando con todo, ya decíamos en este espacio que tomaron y partieron el pan diciendo a sus discípulos: “coman todos de él que éste es mi cuerpo que será entregado por ustedes, haced esto en conmemoración…” pues quién sabe de quién, pero al partido quebrado por la derrota electoral se le cumplió la profecía de Carlos Castillo Peraza: ganaron el poder perdiendo el partido, y luego como el perro de las dos tortas, ni partido ni poder.
Lo de Ernesto Cordero y Gustavo Madero es serio, pero será anécdota como lo es hoy la destitución de Santiago Creel a manos de Germán Martínez Cázares, exlider blanquiazul y alfil de Felipe Calderón en el partido que el mismo expresidente lidereó. Pasará y los profesionales de la política se encargarán del control de daños; Madero hizo lo que le permiten las reglas internas de su partido, encontró una o varias motivaciones y punto. Cordero se podrá convertir desde ya en candidato natural para disputarle la presidencia del partido en diciembre, y de paso ya tiene argumentos para articular un discurso contra Madero.
Las elecciones de este próximo 7 de julio le darán argumentos a uno y a otro bando, pero la pugna entre los llamados calderonistas y el resto no ha hecho más que comenzar. Personajes como los senadores Lozano, Gil Zuarth, Cocoa Calderón y otros, más el diputado Max Cortazar y su amigo y ex primer cuñado del país, Juan Ignacio Zavala, serán el primer frente, el mediático en esta lucha.
Del otro lado estará Madero, Cecilia Romero, Ruffo, Medina Plascencia y hasta Vicente Fox. Los demás, los que ni fu ni fa con el enredo blanquiazul, voltearán a contar las cabezas y prestigios tirados, enredos y delaciones estridentes.
Sí es cierto que todo este circo a la gente le resulta irrelevante, pero es innegable que abona justo en el descrédito de una clase política que se percibe desde la sociedad a quien dice servir, como una jauría de hambrientos de hueso, sin recatos ni medidas, sin rubores frente a su apetito de poder y más poder.
El horno no está para bollos, como dice el refrán, y en el PAN le están atizando a la hoguera cuando el gobierno federal y los liderazgos institucionales necesitan vendernos la idea de una contienda ideológica y partidista que discurre por los caminos de la democracia, de la posibilidad de ser contrincantes y adversarios sin ser enemigos intolerantes. Desde el PAN nos regalan esas estampas que el Pacto por México quiere cambiar cuando menos en el imaginario colectivo.
En ese flanco la guerra intramuros panista afecta e incide, por lo demás se convierte en un número más del vodevil (subgénero dramático de la comedia) que es nuestra política.
Sume al PANicidio que presenciamos, los numeritos con nos han obsequiado recientemente la Lady Profeco, la ominosa memoria del 5 de junio y la guardería ABC, la operación limpieza en la PGR que se desmorona justamente por falta de higiene legal, la desaceleración económica que amenaza con golpear en la línea de flotación muchas promesas de campaña; en fin, en este panorama, el fútbol o alguna otra frivolidad se convierten en bálsamos sociales. Lo del PAN al PAN, pero de que salpican ni duda cabe.
@CarlosUrdiales
