Juan Arturo Martínez Paz
Fantasía, realidad, crítica, historia, muerte o tiempo, son algunos de los temas más tratados por Carlos Fuentes en sus obras. Desde su primer libro, Los días enmascarados, hasta el último, Federico en su balcón, Fuentes nos invita a viajar con él, a ver el mundo de otra forma, nos muestra una nueva configuración de la narración.
“Las revoluciones las hacen los hombres de carne y hueso y no los santos” diría en La muerte de Artemio Cruz, frase que si la vemos más allá de su referencia revolucionaria, bien podríamos aplicarla a la literatura. Santo es todo aquel que sigue el canon establecido, que no se desvía nunca del camino, sigue una línea recta; hombres, mortales, seres que viven en contacto con el mundo y sus problemas, hombres que buscan un cambio en la vida, la innovación, la bifurcación de caminos: es aquí en donde encontramos a grandes escritores que han cambiado el panorama literario: Cervantes, Góngora, Quevedo, Sor Juana, López Velarde, Machado de Assis, Faulkner, Hemingway, Carpentier, Lezama Lima, García Márquez, Vargas Llosa, Cortázar y, por supuesto, Fuentes.
Una nueva narrativa se inscribe en el mundo desde el momento de la creación de la novela moderna (Cervantes en Don Quijote) y cuando tiene una nueva revolución aunada a un cambio del centro de atención literario a América Latina con el boom. Pero por el momento, hablaremos de Fuentes y parte de su obra, autor igual de importante que los otros tres representantes de este último movimiento (Cortázar, García Márquez y Vargas Llosa).
Era 1954 cuando un joven que acababa de cumplir 26 años publicaba su primer libro titulado Los días enmascarados, obra en la cual se hace un recuento fantástico (tómense las dos acepciones de la palabra: relativo a la fantasía, y magnífico) de las tradiciones y cultura mexicanas. Desde la primer narración, “Chac mool”, nos deja ver ese rescate de la cultura prehispánica que emplearía a lo largo de toda su obra futura, un dios maya que regresa del pasado despetrificándose (salir de la piedra, imagen, y convivir con el mundo moderno) para de ese modo tomar corporeidad en el mundo actual, vemos reflejado el actual México y los problemas habituales de los ciudadanos (el fracaso y la indiferencia) a través de nuestro personaje principal, Filiberto: las reflexiones acerca de nuestro pasado y el triunfo español por medio de la religión, la caída del dios, el mito, en la nueva sociedad; hasta la vida subterránea de los dioses, muestra de que en México las raíces prevalecen y el hecho de que nuestra ciudad fue construida sobre la civilización mexica (metafórica y literalmente). En “Por boca de los dioses” encontramos el resurgimiento de nuestro pasado al ponernos en contacto con la historia de Oliverio; pasando por la simultaneidad de tiempos (tema ampliamente tratado por Fuentes), la convergencia de dos realidades en una casa abandonada en la cual el Güero tiene un encuentro con el fantasma de Carlota, lo cual le traerá consigo muchas consecuencias, la aproximación-unión de dos personalidades (el Güero-Maximiliano), el regreso a un tiempo sin tiempo en “Tlactocatzine, del jardín de Flandes”. La muerte es, finalmente, el hilo conductor de estás tres historias, el tiempo sin tiempo…
Cuentos que pasan por la ciencia ficción, como en “El que inventó la pólvora”, narración que nos da muestra de los estragos y la falta de conciencia del mundo ante la degradación de la sociedad que termina consumida por el consumismo; la sátira de un mundo ubicado en la guerra fría, discurso mordaz en el que expone las dos caras de la moneda y las incoherencias o fallas en la lógica de cada bando, a través de un grandioso juego con el lenguaje: “Los Tundriusos argumentaban que sólo hay Trigolibia cuando la infratrigolibosis trigolibera de la Trigolibia es trigolibificada y los trigolibentos de la trigolibución son puestos en manos del trigolibicado”, “La defensa de la Trigolibia” causó mucha polémica en su época, ciertamente en algunos sectores políticos; una fantasía tropical, “La letanía de la orquídea”, en donde presenciamos la confluencia entre el hombre y la naturaleza, y la consecuente fatalidad provocada por su ruptura.
“Chac mool”, “Tlactocatzine, del jardín de Flandes” y “Por boca de los dioses” nos dan una muestra de un nuevo personaje, un personaje polifónico, histórico, y del cual casi nadie, o nadie había hablado: La Ciudad de México. Personaje que toma su papel protagónico en la gran novela La región más transparente (1958), obra que recoge la unión de dos culturas: española y mexicana, simbolizadas esencialmente en los nombres de dos personajes: Ixca Cienfuegos y Teódulo Moctezuma, unión, conciliación entre dos culturas; un diálogo entre las dos posturas de defensa de la nación (raíces prehispánicas y españolas); novela en la cual la indagación de la historia es un punto principal. Construcción no lineal de la narración que nos sorprende a cada paso y nos da un panorama más amplio de nuestro México.
Y cuatro años más tarde regresamos a un tema iniciado en “Tlactocatzine…”: la confluencia de dos tiempos (pasado y presente) en uno sólo, el tiempo sin tiempo que ocurre en una casa de la calle de Donceles, en donde dos personalidades confluyen en una sola para dejarnos perplejos ante el resultado; la mujer vieja-joven que seduce al hombre para perpetuar un amor nacido años atrás. Aura (1962) no es sino la novela corta por excelencia, narración de 75 páginas que nos llenan de misterio, inquietud, temor, revelación, asombro, sentimientos que ocasionan un hambre voraz y nos invitan a releerla una y otra vez. Erotismo que resalta en algunos capítulos sacrificio; la visión de la amada como un dios y la consecuente secularización del acto carnal.
Ese mismo año publica una novela que va de la mano con La región…, obra que se remonta históricamente y nos traslada al pasado. Fue considerada como la última novela de la revolución, La muerte de Artemio Cruz, en la cual Fuentes nos da una perspectiva de lo que fue y significó la revolución, a través de la mirada de Artemio Cruz en sus últimos días de vida. Narración que al igual que las anteriores no respeta la estructura clásica (lineal) y por ello resulta magnífica e innovadora.
Cantar de ciegos (1964) que retorna a la narración breve y volvemos a la fantasía, el misterio y la perplejidad en “Muñeca reina”, recuperación del pasado de un personaje a través de una carta, y un viaje en el que el presente se ve bombardeado por el pasado para llevarnos al paradero donde no sabemos cómo se ha llegado ahí y la incógnita que aparece a lo largo de todo el relato: ¿quién es Amilamia?
Relatos que nos llevan a través del mundo y nos dejan un agradable sabor inquietante. La falta de conciencia, los problemas que se ocasionan por recuperar algo, relaciones que no debían darse o que simplemente fueron trágicas.
Varias obras después llega a nosotros lo que es un enorme volumen que recolecta la historia de México y una reconstrucción de la misma, ya que eso es la literatura: el camino de las posibilidades. Terra Nostra (1975) nos lleva a un viaje por el tiempo desde la España de los reyes católicos hasta el momento en que se escribe, donde confluyen personajes de grandes novelas como Oliveira (Rayuela), Buendía (Cien años de Soledad), Santiago Zavala (Conversación en la Catedral), entre otros.
Y llegamos a su último libro de cuentos (Carolina Grau), en donde el hilo conductor o aquello que las une es Carolina Grau, personaje que aparece y desaparece, fantasma de otros tiempos, integración de presente y pasado, de personalidades. Largos diálogos que mantienen los personajes con el lector, que en cierto punto deja de ser el lector para convertirse en esta enigmática mujer.
Y Federico en su balcón, obra en la cual el autor, a través de un personaje, mantiene un diálogo con Nietzsche por medio de los cuales expresan su ideología o pensamientos en torno a varios temas como el poder, el amor y la justicia.
Este pasado 15 de Mayo, día del maestro, se acaba de cumplir un año de su lamentable muerte, muerte que sorprendió a todo el mundo intelectual y que dejo a sus lectores desconsolados. Recuerdo que mi primer contacto con la literatura lo tuve a través de Carlos Fuentes y su primera obra Los días enmascarados, libro que me dejó marcado permanentemente y me impulsó a ir en el camino de la literatura. A partir del 19 de mayo y hasta el 21 de julio se presentará la exposición Carlos Fuentes: Él mismo en la sala internacional del Palacio de Bellas Artes; muestra fotográfica en la que se da muestra de la vida del autor a través de imágenes acompañadas de fragmentos de sus obras y algunas reseñas de sus grandes amigos como García Márquez y Vargas Llosa, exposición que les recomiendo ampliamente para conocer un poco más a este grandioso personaje que nos dejó aquí, en “la región más transparente del aire”.

