Arrogancia del poder
JORGE CARRILLO OLEA
Michoacán ha dado, está dando y seguirá dando razones de alarma nacional. El martes 21 de mayo, el grupo de secretarios de Gobernación, Defensa, Marina y el procurador de la República, después de deliberar con la autoridad local, lanzó por boca del primero serias advertencias de lo que vendría: “El ejército no se retirará hasta que haya completa paz”. Muy aventurada advertencia.
Por su parte, el secretario de Defensa también sentenció: “Quien se sorprenda armado será detenido y puesto a disposición de las autoridades correspondientes. No vamos a permitir que la gente ande armada como se venía haciendo”. También con satisfacción festinó con sorpresa: “Lo fácil que fue penetrar aquellas zonas”.
Con las primeras manifestaciones de esas actitudes se pudo anticipar lo que vendría: el mando máximo designado por el general Salvador Cienfuegos para el estado, el general Alberto Reyes Vaca, al ser bloqueado por lugareños el primer día de su gestión, de pie sobre el cofre de un vehículo y celular en mano convocó que “a quien quiera lo comunico con mi general Cienfuegos”, dando así señas de una total inhabilidad, exhibiendo la separación entre dos concepciones de la vida y presagiándose un siguiente lance.
Muy pocas horas después vendría la respuesta a tales arrogancias. La aprehensión de un general y 24 de sus tropas. Una autodefensa comunitaria los retuvo durante horas, entre ellos al general Sergio Arturo García Aragón, comandante del operativo hasta que lograron la liberación de cuatro guardias civiles, esto es, ¡un general del Ejército Mexicano fue apresado y canjeado por los que debían ser sus supuestos prisioneros! Pero el secretario de Gobernación aclaró: “No están retenidos, están dialogando”.
Ni Michoacán ni otros estados soportarán más las confusiones oficiales claramente planteadas, con coherencia y serenidad, por el jefe de quienes capturaron al general García Aragón: “No podemos vivir más en la violencia a la que los Templarios nos someten, nos roban, nos extorsionan y matan y nadie nos defiende. Nos protegemos, vienen por nosotros y nos hacen criminales”. ¿Se le puede restar razón al guardián comunitario? Los guardias comunales son víctimas de la incompetencia oficial, por ella existen. No son, como peligrosamente los pintan, enemigos del Estado.
Éste es el origen del problema: ¿quién es el enemigo auténtico y cuáles son las bases de su sustento racional y popular? Juega el gobierno con un riesgo: Soliviantar al pueblo que debiera ser su aliado. El enemigo del Estado no es el paisanaje.
La verdad es que la autoridad no tiene información de detalle, con precisión y por ende tampoco proyectos para actuar con sabiduría sobre lo que está pasando, con el riesgo de caer en actos de represión.
El gobierno sólo ve el conjunto del incomprensible rompecabezas. No identifica cada una de las piezas y ése es el problema de toda esta ola levantisca que está enfrentando. Hay que conocer no el problema, sino las decenas de problemas que lo hacen real. Si no hay conocimiento de detalle, de evaluación particular de sus cientos de componentes, de una interpretación y conclusiones celulares, iremos irremediablemente —estamos en puerta— a una terrible confusión que llevará a la represión como única salida a la vista.
Cada pieza del rompecabezas demanda de una respuesta específica, nítida, eficiente, aceptable por los lugareños. No hay otra salida aunque ésta, por supuesto demanda serenidad, creatividad, liderazgo y tiempo. Es aceptado que conlleva pasos intermedios imprescindibles como resolver la ausencia del gobernador y la falta de autoridad del gobernante interino.
Fue un error el nombrar al general Reyes Vaca jefe de todo y de todos. “El nuevo funcionario coordinará las policías estatal y federal, así como al Ejército Mexicano, para que juntos reduzcan los niveles de inseguridad en territorio michoacano”, se dijo y ya vimos su primer resbalón y su equivocada convocatoria cuando lo interceptaron al otro día de su nombramiento.
Michoacán es un peligro nacional, no solamente local. El enfoque de su atención debe ser totalmente político y para el largo plazo. Las interrelaciones del poder político con el pueblo, urbano o rural, son muy complicadas y totalmente ajenas a las formas de hacer las cosas de un militar. La decisión fue mala, es significativa de lo que pasa en el despacho presidencial, es indicativa de quién, en qué y cómo asesoran al jefe del Estado.
Esta decisión puede ser trascendente, representativa de lo que se está dispuesto a arriesgar. Por ello no se anda lejos al identificar esta situación con el proyecto de la Gendarmería Nacional. Iguales causas, iguales efectos. Las supuestas soluciones de fuerza sólo conseguirán expandir el problema. El presidente Enrique Peña Nieto está jugando una carta del destino, el que fuera.
