Algo no marcha

René Avilés Fabila

Hubo una época en que los políticos buscaban un alto nivel educativo y solían ser decentes y dignos a los ojos de la ciudadanía, pero de pronto las cosas se pervirtieron. Los políticos de todos los signos (no digo ideologías) comenzaron a vulgarizarse y entraron en un torneo de vulgaridades que por muchos años dominó el PRD. Pero las cosas se han igualado e ignoro si porque los perredistas se educaron e hicieron finos o los panistas y los priistas dejaron atrás sus mejores momentos. Sobre la cúpula priista, no hay mucho qué decir, quieren volver a los tiempos en que Adolfo López Mateos alardeaba su elegancia y distinción. Allí está Manlio Fabio Beltrones y el propio Enrique Peña Nieto. Jamás se expresan con bajezas y su discurso es tan pulido, aunque el segundo es poco articulado e incoherente.

Los panistas eran un modelo de buenos modales y decencia. Pero ahora, qué horror, se perredizaron o algo les ocurrió: hemos oído decir a la jovencita Mariana Gómez del Campo algunas de las expresiones más soeces que el país tiene. Para qué hablar de don Gustavo Madero. Tan decoroso que era su célebre pariente don Francisco I. Madero. Pues no lo heredó. Ahora en las Cámaras de pronto se escuchan torneos de insultos que los carretoneros y pepenadores se ofenderían.

Pero eso no es grave, allá las pugnas entre políticos. Lo terrible es que, apoyados en sus pretensiones, en su poder y en su arrogancia, cualquier pobre diablo o diabla son capaces de ofender y hasta de golpear a servidores públicos, sean de empresas privadas o gubernamentales. La famosa niña Profeco es un modelo, aunque antes de ella estaban las célebres ladies de Polanco. Su deplorable educación condujo a su padre al desempleo en una historia muy difundida. Luego han aparecido en las zonas burguesas, principalmente, empresarios, esposas de altos dignatarios de la política y políticos mismos, que muestran su desprecio por la gente de escasos recursos y abusan. El caso más reciente es el de la senadora perredista que se molestó porque el avión no la esperó. La que armó. Y eso que es de izquierda y, en consecuencia, primero están los pobres.

Los políticos y en general los que tienen buena situación económica suelen ser altaneros y vulgares, se ensañan con las personas de bajo nivel material, es decir, con los trabajadores. Nos estamos refiriendo a casos notables, pero a diario ésas son escenas que se repiten en los restaurantes o en las oficinas. El racismo es parte de tal conducta; hay que hacer notar las diferencias sociales. Y del otro lado es igual, en la entrada de un tugurio o antro anticipa un letrero que explica que allí no hay discriminación de ninguna especie. No, lo que hay son meseros ladrones, patrones deshonestos y hasta asesinos, como se pudo comprobar con la muerte del nieto de líder negro Malcom X, quien fue salvajemente muerto por meseros malandrines.

Está visto que algo no marcha bien en el país. Los poderosos son excesivamente violentos con los humildes y entre los pobres aparecen criminales. Falta educación y civismo, falta reorganizar al país, darle lecciones a los policías y a los que atienden al público y decirles a los dueños de antros que todo esté en orden y no manejen una cueva de rufianes. Cada vez que ocurre un asalto o un crimen en el Distrito Federal, resulta que lo primero que descubrimos es que nada está en regla: no tienen permiso de uso de suelo, los inspectores están comprados, los meseros son exconvictos, en fin, una lista larga de irregularidades.

Por lo menos en el Distrito Federal, la capital del país y el lugar más visitado y transitado, deberíamos tener autoridades firmes para aplicar la justicia y honestidad en su trabajo.

 

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