Entrevista a Elizabeth Cazessus/Autora de Razones de la dama infiel
Escucho los pasos de mi padre acercarse.
Cada acento provoca un fuerte palpitar,
distingo los agudos y los graves,
las pausas de la respiración.
Desde este rincón puedo leer
la orfandad que trae entre manos,
los signos de sus dedos,
todo su maldito silencio.
Razones de la dama infiel (p. 35)
Eve Gil
El tema de la infidelidad femenina, a estas alturas del siglo XXI, sigue ofendiendo las buenas conciencias tanto como en tiempos de Flaubert, Tolstoi y Lawrence.
La gran poeta y performancera tijuanense Elizabeth Cazessús ha sido cuestionada, incluso por las propias mujeres, por hacer de este tema el eje de su libro Razones de la dama infiel (Gíglico, 2012, segunda edición, Tijuana), pasando por alto un detalle importantísimo: existen maneras diversas de abordar un tema tan contradictorio, tan recurrente y a la vez casi tabú, y Elizabeth lo hace desde múltiples perspectivas poéticas y vivenciales.
El título del libro es un juego
“A la gente no le gusta que le muevan el tapete —señala la autora, que recién ha publicado una compilación de lo mejor de su obra poética en Enediana (1994-2010)—; no le gusta reconocer sus miedos y el resultado es que continúa reprimiendo su verdadera forma de ser, y este es un libro crítico que escarba desde las relaciones familiares, y eso, naturalmente, hasta a mí misma me cimbró e inquietó, pero deliberadamente buscaba una escritura confrontativa, que me ayudara a renacer ante mis propios ojos, no solo como mujer, también como creadora. Además, abordar este tema necesariamente hizo hablar a mi parte masculina, que pocas veces he liberado en mi escritura.”
Razones de la dama infiel llamó poderosamente la atención de un grupo de abogados, pues desde el derecho también se trata de un tema tan difícil que puede llegar a ser abstracto, y una psicóloga adquirió varios ejemplares para ofrecérselos a pacientes que padecían un problema relacionado con el tema. Es, pues, poesía, pero también algo más.
“El título en sí es un juego —explica esta poeta reconocida a nivel continental por la valentía y el humor con que aborda temas «difíciles»—. Es una afirmación a mi fidelidad a la escritura, a mi fidelidad a ser mujer, al universo femenino como parte de esa fidelidad a la creación. Fidelidad ante el statu quo, esa doble moral que impone estereotipos a la mujer y a mi necesidad de enfatizar una crítica confrontativa. Tuve que re-educarme para confrontar las imposiciones de nuestra sociedad machista. Yo vengo de una familia machista, desintegrada por toda la problemática social de una familia contemporánea ante la crisis en todo sentido.”
“Nuestra sociedad, sin embargo —agrega—, es permisiva respecto al ejercicio de la sexualidad de los hombres, y trastocar papeles resulta en una confrontación del universo masculino con el femenino. Sí hay infidelidad femenina, entrevisté a varias mujeres infieles para este libro, pero generalmente las mujeres son infieles cuando viven una situación de sometimiento en sus matrimonios.”
La mujer se impone etiquetas
Se sigue considerando que mientras la infidelidad masculina no tiene por qué afectar el bienestar de la familia —como aquella célebre frase de La Chorreada [en la película mexicana Nosotros los pobres] de “Pepe puede hacer lo que quiera, de la puerta de esta casa para afuera”— la infelidad femenina puede provocar un sisma de dicha institución.
“Las escritoras —señala Elizabeth— siempre están temiendo que lo que abordan se interprete como una experiencia personal, incluso hay quienes tienen el tema de la infidelidad femenina como frívolo, cuando en realidad es algo bastante profundo, eso sin contar que muchas veces ni siquiera entendemos cómo funciona nuestro cuerpo. El cuerpo de la mujer es creador por antonomasia, es una realidad concreta que marca nuestra evolución como seres humanos, pero nosotras no hemos sabido defender estas formas que nos refrendan como creadoras y nos dejemos imponer etiquetas —«la mala madre», «la buena mujer», «la mosquita muerta»—, pues culturalmente se considera que debemos acotar nuestro poder creativo.”
“Las escritoras —agrega Elizabeth— tenemos esa facilidad de vernos en el espejo y deconstruir una realidad que ya no nos gusta. Este libro me ha enfrentado a mis miedos, a mi cuerpo, a qué he hecho, socialmente hablando; qué he sido para mis hijos y mi familia, cómo me he tenido que sostener ante una sociedad que me indica que tengo qué hacer y dónde queda la frontera entre esto y la libertad de lo que realmente quiero ser, y el hilo que lo divide parece muy fino.”
Rosario Castellanos y Sor Juana
En congruencia con lo señalado por Elizabeth como “más un libro de fidelidad hacia una misma”, las dos mujeres que más salen a relucir en sus versos son Rosario Castellanos y Sor Juana Inés de la Cruz; la primera, un ejemplo de fidelidad conyugal —lo que no fue impedimento para que pusiera en entredicho los arquetipos y prototipos de feminidad—, y la segunda, de fidelidad a sí misma.
“Rosario Castellanos —finaliza Elizabeth— ha sido una de mis maestras, me ha impregnado con su pensamiento crítico. Ha sido una de las feministas más importantes de México y ha abierto un camino muy importante para la crítica de la imposición de estos roles de género. Ha sido un ejemplo muy valioso y por supuesto es una de mis escritoras favoritas. Y sor Juana no fue una mística sino una rebelde, aun cuando algunos quieran transformarla en santa. Eligió el convento a manera de fortaleza para desarrollar en libertad su pensamiento desbordado, su pasión por las letras y su talento científico en libertad. También es un ejemplo de una búsqueda intensa y de una pasión a prueba de todo.”
