Ricardo Muñoz Munguía
Hablar de la edad inolvidable, por lo regular, nos remite a la infancia, quizá la mejor época de todos. Por otro lado, la edad de júbilo y de proyección la brinda sin duda la juventud, ésa, donde la amplia frontera de la adolescencia con la edad adulta forman escenarios de luz; aquellos años donde el mundo está a los pies, donde todo se puede, tiempo en que todo brilla. Y en la novela que hoy nos ocupa, Aquella edad inolvidable, lo confirma. Se trata de poner todas las luces en un joven que ha pasado de ser albañil a futbolista de muchos triunfos que lo han llevado a tocar el cielo —quizá el más significativo su arribo al Athletic de Bilbao, equipo al que “Botas” sólo se acercaba en sueños— pero ahora, su alias, “Botas”, le da la gravedad necesaria para llevarlo de regreso a la tierra, o más bien más a fondo, pues Souto Menaya, “Botas”, tras el histórico gol en la final de la Copa del Rey de 1943, sufrirá una tremenda lesión que lo dejará “medio inválido”. Por supuesto, tal situación le cambia la vida y lo lleva obligadamente a abandonar no sólo un tipo de vida, o también su pasión: el futbol, sino por igual alejarse de personas que ama. Pero él está destinado a enfrentarse a cambios, es así que el nuevo cambio vendrá con una maravillosa propuesta que a Souto Menaya le hará un periodista que viene de Madrid. Una propuesta que le hará preguntar Souto al periodista: “¿Dónde está la trampa?”. Y que por respuesta tendrá: “El gol, su gol, que ahora regresa para salvarle. Confiese la verdad y su futuro quedará resuelto”.
Se dice de Ramiro Pinilla (Bilbao, 1923) que después de ganar el Premio Nadal en 1961 por su Las ciegas hormigas y, después, en 1971, ser finalista del Premio Planeta con Seno, el autor de las novelas La higuera, y Antonio B. El Ruso, ciudadano de tercera, se jaló hacia las sombras por cerca de treinta años al publicar en pequeñas editoriales y con una escasa distribución de su labor narrativa. Ésta, su novela Aquella edad inolvidable, nos convoca a acercarnos a sus anteriores trabajos pues se trata de un escritor que pone sus letras en las emociones, que revela una figura puntualmente cada uno de sus defectos, alegrías, sueños…, memoria.
Aquella edad inolvidable, de Ramiro Pinilla, logra abrir el telón al desgarramiento del espíritu, al dolor de ver perderse lo amado y hasta sentir la esperanza cómo se pierde de las manos. Una bella novela donde la memoria luminosa se puede contaminar con amargura, que hasta se podría anhelar el olvido.
Ramiro Pinilla, Aquella edad inolvidable. Tusquets (colección andanzas), España, 2012; 227 pp.

