Alan Saint Martin
Élmer Mendoza (Culiacán, México, 1949) es catedrático de literatura en la Universidad Autónoma de Sinaloa. Actualmente es miembro correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua, así como del Sistema Nacional de Creadores de Arte y de El Colegio de Sinaloa. Después de La prueba del ácido, publicada en 2010, y protagonizada por el detective Edgar “el Zurdo” Mendieta, Nombre de perro (Tusquets, México, 2012) continúa esta saga. En esta ocasión, el autor retoma a sus personajes trabajando con el narco mismo, mientras se investiga el asesinato de la pareja de la jefa del Cartel. Mendoza vuelve a retratar una época y un país de la mano del singular detective que ha traspasado fronteras.
Como primera pregunta que le hago sobre su nueva novela, Nombre de perro, es que retoma a varios personajes que aparecieron en La prueba del ácido y el más claro es “El Zurdo” Mendieta y si había pensado hacer varias secuelas con estos personajes. A lo que me contesta que sí, porque Nombre de perro es la tercera de una saga. Me confiesa que en la primera novela no concibió nada, pero descubrió que la novela policiaca es muy curiosa, no termina cuando se termina. Hay como un impulso que le impele a continuar escribiendo. Cuando escribió La prueba del ácido ya tenía ese conocimiento y cuando acabó con esa novela le volvió a pasar.
Estructuralmente sus libros tienen una característica particular y es que los diálogos, las narraciones, las descripciones están todos concentrados en un párrafo, separado por comas sin usar guiones o dos puntos. Le pregunto: ¿cómo detectó que esta fórmula le funcionaba en su escritura? El autor me responde que tuvo que ejercitarse mucho, le preocupaba cómo hacer que se exprese con exactitud un suspiro, cómo un autor puede hacer que el lector lo detecte. Después de trabajar con eso y recurrir a su pueblo en donde no se habla con signos de admiración ni de interrogación, se preguntaba constantemente “cómo le tengo que hacer para que parezca como nosotros hablamos dentro de la norma estándar”. Y continúa “se me hacía mucho lo que tardaba en crear un párrafo, poner punto y aparte y el tiempo que tardaba el lector de llevar sus ojos del punto al siguiente párrafo se me hacía mucho tiempo y que el lector se me iba a escapar. Quería que mi literatura se escuche”.
En cuestiones teóricas literarias hay un término que se conoce como “la mímesis”, la representación textual de la realidad, por lo mismo no es gratuito que sus personajes utilicen esta oralidad en un lenguaje coloquial con frases, dichos, groserías, apodos, además de que les da un carácter propio a cada personaje. Para poder crear esto, Mendoza me dice que es necesario practicar, oírle el lenguaje, mezclar los significados en función de un equilibrio y para que la obra se pueda llamar como tal, es necesario que exista un desprendimiento por parte del autor.
Es curioso que en Nombre de perro centre la historia en la víspera de Navidad, porque justamente pareciera que es una época en donde la mayoría de las personas están inmersas en las festividades, se acabará el año y lo ven como una época de paz. Sin embargo, Élmer Mendoza presenta la otra situación: siguen los asesinatos, se potencializan en la época y aparecen las negociaciones del personaje del Cartel del Pacífico. Al respecto pregunto:
—¿Había pensado situar la novela en otra estación del año o desde un principio se pensó en invierno y Navidad?
—Sí, porque yo quería escribir una novela que tuviera que ver con esas fechas. Me gustan mucho las películas de Navidad. Siempre quise que transcurriera en ese tiempo porque en mis otras novelas una pasa en primavera y otra en verano y me falta en otoño. Al final creo que esa parte contribuye como hacer parte de una realidad en donde por un lado está la violencia descarnada pero por el otro la fiesta, los regalos y para mí es importante que en mis libros haya esas mezclas.
A partir de su respuesta, le comento que justamente esas mezclas se observan en el contraste cuando los personajes están hablando sobre los muertos y de fondo están los villancicos. Me afirma que lo es, porque nuestro mundo es muchos mundos, siempre pasan muchísimas cosas y en muchísimos sentidos. Ha descubierto que en narrativa complica manejar muchísimas cosas, pero de dos a cuatro va muy bien. A partir de su propia experiencia como lector espera que sus lectores les pase lo mismo, como que si alcancen a percibir que por un lado está la fiesta y por el otro el asunto terrible de los muertos y pudieran conversar del contraste que le señalo.
Muchas de las acciones en Nombre de perro suceden en Culiacán y sus aledaños y se dice que la realidad del escritor influye para la creación del texto. Ante esto, le cuestiono si en su narrativa existe ese caso o podría estar en otro estado y hablar sobre el norte. Inmediatamente me responde que ahora sí. Concuerda con lo que le señalo, el espacio donde el autor crece y las primeras sensaciones que tiene que ver con lo que le rodea de alguna manera influyen en lo que puede hacer después. Mentalmente está formado y si se va a vivir a Alemania, seguramente hablará sobre el frío. En este sentido, la cuestión está, y tiene que ver con su estilo, que pudiera crear una imagen para señalar un momento que fuera utilizando expresiones típicas del frío pero en general la historia responde con lo que ya tiene en la cabeza.
El autor se adentra, nuevamente, en la novela policiaca, así como en cuestiones del narco, los cárteles, la droga y cómo funcionan esas esferas; a partir de esto su narrativa es catalogada como “Narcoliteratura”. Me aventuro a cuestionarle si considera que Nombre de perro, si pudiera dársele otro catálogo sería como las road novels o de las novelas de viaje que, además, traen un soundtrack integrado? Específicamente porque Ugarte, uno de los personajes, está huyendo, no se sabe por qué, hasta que el lector lo descubre cuando éste se confiesa con su esposa. Después de un silencio, en el cual se lleva la mano a la boca como pensando, me contesta que no lo sabe. Sin embargo, ha visto que en sus novelas da otras lecturas, no un encasillamiento fácil. Y esto le comento porque casualmente, independientemente del estilo y demás, como Kerouac En el camino con sus viajes en Estados Unidos y la música cómo influye. En este caso igual están las canciones de antaño, si se pueden llamar así, y las actuales, volvemos con el contraste de acciones y ahora con música. En efecto, se vuelve un discurso también, donde no se pretende que el lector las escuche, sino que las recuerde, como en el caso de Julieta Venegas o de Adele, porque tiene lectores jóvenes, así como el posible gusto que los adultos pueden compartir al escucharlas.
Hay un capítulo en particular que me llama la atención y es el capítulo trece, ya que rompe con toda la narración y trata sobre la única relación sexual explícita dentro del motel a lo largo de la novela. Me hace pensar, ¿cómo decide en qué momentos adentrarse más que en otros a la sexualidad? Si bien a lo largo de la novela se sugieren situaciones ya no aparece una relación sexual tan marcada. Después de posibles reflexiones, se lo pregunto. Con risa de por medio, me contesta que eso es muy sencillo, mientras escribía la novela le llegó “intenta un capítulo erótico. Y me costó. Pensé que era más fácil. Y lo intenté, fue muy largo el proceso, no me quedaba, hay algo ahí que se tiene que dominar. Me agrada que lo señales porque para mí, por ejemplo, son como los indicios que sí es un capítulo que ahí está pero que, por alguna razón, te llamó la atención”.
Por último, me menciona que busca que sus lectores empiecen a tener sus propias lecturas. La pregunta obligada es si tiene un lector en mente en sus novelas. Lo define como ágil, que espere se le cuente todo, que busque sus propios indicios. Nuevamente responde que sí; pretende tener un lector paciente y al mismo tiempo curioso y que sea buscado, que no sea un pasa páginas. Debe de saber, ser arriesgado, que opine y que si deja el libro sabe por qué lo dejó, no nomás porque no lo pudo leer. Ante eso, me confiesa que: “Yo quisiera que el asunto policiaco sólo quedara como un tema, porque la fuerza de las novelas no sólo están en el tema si no en la forma”.

