¿Un gobierno glorioso y un pueblo ansioso pueden unirse?
Jorge Carrillo Olea
El título de este texto es una referencia a la ilusión óptica de cómo las líneas paralelas se unen en el horizonte; es una licencia metafórica. En él se reflexiona sobre cómo sería deseable ver esa unión como parte real de nuestra vida pública. Una línea sería el pueblo escéptico de su hoy y su mañana, temeroso, necesitado de mil cosas, y la otra sería ese Carro del Sol de diseño que es el alto gobierno.
La línea que es el pueblo tiene esencialmente necesidad de un gran líder, condición que dentro de cierta medida ha ocupado Enrique Peña Nieto pero que no es hoy el hombre de Estado urgido. Internamente, así como para el mundo, es todavía un líder en ciernes. No habría porqué negarlo. La otra línea es la sospecha que se mantiene sobre la autenticidad de dicha imagen, que sería deseable que no fuera sólo una figura debida a su exitosa campaña mediática que se alimenta con éxitos indiscutibles del momento y que la gente en su bondad atribuye a una gran habilidad política. ¡Qué diferencia de Calderón!, expresan y tienen razón. Es preocupante que ésa fuera la única razón de la aprobación, la etérea plataforma de su buena imagen. Simplemente un hecho comparativo.
Y la incertidumbre: ¿llegarán esas dos líneas a coincidir para alcanzar un bien nacional trascendente, acercándonos a un cambio de la vida ya indispensable? ¿O estamos ante lo que, quienes nos hemos quemado con leche, creemos aún que es un artificio? Son las dos aceradas preocupaciones. Es la incertidumbre creciente.
Parte importante de la duda se alimenta en que es cosa de cada día ver los escenarios monumentales, costosísimos a los que se recurre y que además de repetitivos son extralógicos con el México del momento. Expresan una clara inconsecuencia con nuestras angustiantes realidades, son delirios, simples espejismos. ¡Nada que ver con lo real!
Hay curiosas similitudes con aquellas asambleas del soviet supremo de la URSS: Arriba, de espaldas al altar, el presidente del soviet y los miembros del Politburó. Al frente, en enorme masa, el pequeño gobierno, el sindicalismo, el empresariado y el relleno, llevados sólo para aplaudir. En palabras de Ibargüengoitia: “Se confunde lo grande con lo grandioso”.
Se asocia a esta visión el discurso grandilocuente, plano, sin relieves. Todos resultan iguales, átonos y con frecuentes barbarismos. Van más de 200 en los meses de gobierno. ¡No se puede ser sabio y lúcido 200 veces seguidas! Para forjar una auténtica grandeza el presidente confía en esa fórmula de signos externos de poder. ¿Son el fausto, el efectismo, el autoritarismo y la cultura de la imagen los únicos caminos para cimentar una presidencia histórica?
Consolidar una postura de opinión convencida tomará tiempo. De parte de los observadores es una actitud de seriedad y sobriedad, no de una terca resistencia. Presuntuosamente se podría decir que es hasta muestra de responsabilidad ante opiniones divergentes
Todos queremos un presidente atractivo, pero no sólo en sus exterioridades, le queremos inflamante del ánimo popular, alentador por acreditado de que las cosas han cambiado o que hay razones para pensar que estamos en esa ruta. O bien volviendo al otro extremo de esta reflexión: el escaso interés y confianza que concitó el Plan Nacional de Desarrollo ¿es una primera muestra de la indiferencia con que se empiezan a ver y valorar los actos de Peña Nieto?
Nadie desea ambigüedades en la interpretación nacional del bien deseado, queremos certezas y hasta el momento hemos oído, ya se dijo, 200 discursos de cuyo contenido sólo pocos podrían hacer memoria. Así, ¿las líneas paralelas de un gobierno glorioso y un pueblo ansioso pueden en algún punto y momento gracias a taumaturgias llegar a reunirse?
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…Suspensivos. Qué bien que César Camacho con lenguaje y modos arrogantes, y sin prueba alguna, anuncie la defenestración de Andrés Granier como miembro del PRI. De ese instituto, según él, hay que preservar su pureza inmaculada. Mas surge la pregunta: ¿por qué él, por qué sólo Granier? La cola es larga, hay derechos de precedencia que reclamarían el tío presidencial Montiel, Moreira, el góber precioso Marín y Ulises Ruíz y mil más.
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