A CONTRACORRIENTE

 

Panistas

René Avilés Fabila

El reciente escándalo dentro del PAN —antes de 2000 casi impoluto y célebre por su devoción al más rancio conservadurismo— lo pone en su justa y correcta dimensión. Fue un excelente partido opositor, presumió, sobre todo, su honestidad. Hoy le resulta imposible probar su decencia. Sus integrantes, los que le quedan se han concentrado en saquear el erario. Pero sin la grandeza de los mejores políticos ladrones, sino hurtando aceptables migajas, como los senadores panistas.

Las pillerías del PAN, que no son las únicas del sistema de partidos de México, han provocado un escándalo mayúsculo, especialmente porque los imaginamos incorruptibles, un partido de damas y caballeros que a la postre resultaron auténticos rufianes. Algunas voces internas llaman al orden, a la unidad, a recuperar los valores fundacionales. Pero de qué unidad podemos hablar si están tan divididos. ¿Unidad? Si están más divididos que el PRD. ¿Discutir principios? ¿En torno a qué valores éticos? Tratarán de unificar criterios para repartir el botín, ellos, los dignos panistas que pensaban en ser los salvadores de la patria, los jurados enemigos de la corrupción y de tomar dineros públicos.

Si como empresarios explotaban trabajadores y aprovechaban sus contactos con el poder, ya dueños del gobierno mostraron las uñas largas. El PAN se deshace ante nosotros. Hasta Diego Fernández de Cevallos acepta lo que ocurre, no es sólo la atomización, son las pruebas irrefutables de que aman el erario para apoderarse de él.

En este contexto, con un PAN desmoronándose y un PRD debilitado por la salida de López Obrador, queda un PRI muy exitoso que regresa a las fórmulas que lo condujeron al desprestigio y lo hicieron perder dos veces la Presidencia: la fingida unidad en torno a la figura presidencial, la infalibilidad del mandatario casi supremo. Todos lo citan y nadie trabaja sin instrucciones del “señor presidente”. No cabe duda de que sólo el PRI sabe hacer política muy de nuestro estilo, porque es un invento de tal partido. Los demás son meras imitaciones. Insisto: allí está el PAN, tan enemigo de la corrupción, decente como parecía, dedicado a enriquecerse de modo ilícito y siguiendo el ejemplo que docenas y docenas de priistas dieron a lo largo de su primera época en el poder.

La pregunta es qué hará el PRI ante el escenario tan favorable que se le presenta. Espero que no pretenda volver a las viejas prácticas, porque tampoco se le ve muy entusiasmado mostrando su honestidad. Es el momento de echar a los corruptos como Andrés Granier y, salvo palabras de reproche, el señor sigue siendo parte del partido en el poder. Puebla ha tolerado ser representado por un político disfrazado de académico que se ha hecho ostentosamente rico, al estilo del tabasqueño, y muy seguro de derrotar al desprestigiado PAN, que en ese estado cuenta con un expriista en el gobierno.

Algo nos quedó claro. Una cosa son los fundadores del PAN, quienes pensaron en un estilo santurrón y reaccionario, y otra bien distinta la que llevan a cabo los panistas de hoy. Gómez Morin, viendo a Madero, Cordero, Calderón, Vázquez Mota, Fox, etc., se estará retorciendo en su santa tumba.

 

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