CHARLAS DE DE CAFÉ
Entrevista a Betina González/Ganadora del Premio Tusquets de Novela
Eve Gil
La autora argentina Betina González (Buenos Aires, 1972) es la primera mujer, en ocho años de instituido el prestigiado Premio Tusquets Editores de Novela, en conquistar dicha distinción, y lo logra gracias a una obra que profundiza en el subestimado mundo de las adolescentes, titulada Las poseídas.
La razón del premio
“Yo venía con cierta rabia por esos estereotipos en torno a las adolescentes —confiesa una sonriente Betina—. Hay mucha literatura que estereotipa la adolescencia. Están también la televisión y el cine. Lo que pasó conmigo es que leí un libro que me maravilló, Los hermosos años del castigo, de la escritora suiza —poco conocida en Latinoamérica— Fleur Jaeggy (también publicada por Tusquets), y me dije, ¡guau!, no hay nada como esto en español sobre este mundo de las escuelas para chicas. Conozco este tipo de escuelas y quería exponer cuán complejo, maravilloso y terrible puede ser tener dieciséis años y no caer en los tópicos a los que se suele recurrir con este tipo de personajes, y elegí a tres chicas: López, Felisa y Marisol”.
El premio le fue concedido por mayoría a Las poseídas (Tusquets, 2013) por un jurado compuesto por Almudena Grandes, Juan Gabriel Vázquez, Fernando Aramburu y, en calidad de presidente, Juan Marsé. Este es el tercer libro de la autora que ha publicado la novela Arte menor (Premio Clarín de Novela 2006) y un libro de cuentos titulado Juegos de playa que ameritó el Premio del Fondo Nacional de las Artes de Argentina ese mismo año. Actualmente, Betina es docente en la Universidad de Buenos Aires.
Época de la dictadura militar
Las poseídas está ubicado en un mundo que se debate entre una reciente dictadura militar y la reivindicación del ejercicio político, y sus protagonistas se desenvuelven en una escuela de monjas donde se pretende que lo que ocurre afuera no tiene ninguna injerencia con ese microcosmos. La máxima subversión de María de la Cruz López —aludida simplemente como “López”— consiste en perder la virginidad con un cadete, que representa lo peor del pasado reciente, y al que acaba de conocer.
“Es una escena fuerte —dice Betina— y resultó muy difícil de escribir porque me dio miedo que pudiera ser mal interpretada. En realidad se trata de un gesto más de esta chica de hacer lo que no se debe, porque intuye que ese mundo donde se habla de reconciliación y de perdonar el pasado, es una farsa. Se trata de un acto simbólico. Es parte de lo que quise exponer como una novela de iniciación, que en este caso es la de María de la Cruz López, porque las otras se mantienen más o menos igual a través de la novela”.
López es un personaje complejo y fascinante. No menos que Felisa, quien llega a mitad del curso a la escuela tras vivir muchos años en Inglaterra y posee una personalidad desconcertante que invita a creer cualquier cosa de ella. Entre sus múltiples anécdotas dignas de un cuento de hadas o de una historia de terror, figura la del fotógrafo de niñas seductoras, el señor Lambert, quien, según cuenta Felisa, inmortaliza en un retrato tan hermoso como inquietante a Vera, su madre, quien cuando crece y deja de resultarle interesante al enigmático artista, llega al extremo de ofrecerle a su propia hija, es decir, Felisa, a quien Lambert no encuentra «fascinante»”.
Necesidad de cerrar
Le comento a Betina que este es un pedófilo que sublima su pasión a través del arte, es muy “lewiscarrolliano”.
“Al señor Lambert —repone Bretina— lo mantuve un poco en la sombra, porque la novela está narrada desde el punto de vista de López. La versión de las cosas que le da Felisa bien podría estárselas inventando ésta porque hay sucesos muy traumáticos en su vida; por otra parte, el relato de Felisa se entrevera con el que asegura es el de su madre, y por eso su narrativa es confusa. Nunca sabremos en realidad cuál es la verdad, pero lo cierto es que existen esas fotos de niñas desnudas que el señor Lambert ha captado porque López las ha visto. Es un personaje muy rico que pude haber explorado más, pero no en esta novela, no con esta voz. Me lo estoy reservando para más adelante”.
“López, he de reconocer, fue una narradora fácil —continúa Betina—. Felisa no lo hubiera sido, para empezar, por su forma de hablar que mezcla inglés con español. Eso me permitía, además, crear un suspenso en torno a ella. Ya lo decía Alejandra Pizarnik, que comprender algo plenamente equivale a cancelarlo… y yo no quería hacer eso, por eso quise que Felisa fuera una incomprendida”.
No es fácil, comento a Betina, diseñar un personaje que, al mismo tiempo que sea tan rico y entrañable como Felisa, conserve un halo de misterio de principio a fin.
“El escritor siente la necesidad de cerrar, no fue fácil dejar las cosas allí. Nunca se sabe si realmente creía en esos espíritus que la protegían, o si era esquizofrénica o simplemente imaginativa. A la inmadurez de las adolescentes se les puede sacar mucho provecho, y de alguna forma quise que la novela fuera mimética en ese sentido, que no madurara del todo”.
También está el personaje de Marisol, en apariencia, la única trivial de las tres protagonistas hasta que descubrimos que también guarda secretos escandalosos.
“¡Hay que tener cuidado con el personaje de Marisol! —advierte riendo Betina—. Con el cuento de que es «la linda», «la normal—, la que tiene novios, uno podría no esperar gran cosa de ella. Pero es tan compleja como López y Felisa. Aparentemente rechaza a López, que es su antítesis, pero también la busca, y al final hasta pareciera que Marisol acoge a López en su exclusivo círculo, y todo esto gracias a que se descubre que en su familia existe una anomalía que es el tío Valentín. En efecto, Marisol pertenece a esa clase social que es tildada de hipócrita y que tuvo un papel activo durante la dictadura, y el tío es un poco una metáfora burlona de la oligarquía argentina”.
Betina reconoce que hay un componente autobiográfico en Las poseídas.
“Yo estudié —dice— en una escuela semejante, en la misma época, aunque el mío no era de monjas. Esa es parte de la exageración. Lo que es un poco cierto son las historias de fantasmas a las que decidí recurrir para darle una atmósfera más gótica a la novela. Al igual que López, yo era muy inteligente pero muy tímida y llegué a sentir que estaba perdiendo el tiempo en ese lugar, ¡pero me hubiera fascinado tener una amiga como Felisa!”.
Fe de erratas
En la edición 3131, del 16 de junio de 2013, la entrevista con el escritor Alejandro Hernández y cuyo título fue “La migración revela lo mejor y lo peor de la condición humana”, se publicó sin el crédito autoral correspondiente. Queda aquí constancia de que la autora de la entrevista es la periodista y escritora Eve Gil.
La Redacción
